CAPÍTULO 32

1177 Palabras
Liam se quedó allí, de pie en medio del pasillo vacío, mientras el eco de los pasos de Nari se desvanecía con cada latido de su corazón. No gritó. No la siguió. Solo apretó los puños. Porque lo que acababa de ver en sus ojos no era rabia… Era decepción. Y eso dolía más. Entró a su oficina, cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria. Apoyó la frente contra la pared. Su respiración era irregular, como si algo se le hubiera salido del pecho y ya no pudiera volver a entrar. —¿Qué hice…? —susurró. No era una pregunta. Era un juicio. Caminó hacia el escritorio y, de uno de los cajones, sacó una carpeta con el sello rojo de "Confidencial". La abrió con dedos temblorosos. Ahí estaba. Informe Gemini. Paciente A: Song Nari. Paciente B: Samantha Johnson. Resultado: Concordancia genética 99.98%. —Nunca debí leer esto… —murmuró, pero lo había hecho. Y no una, sino decenas de veces. Recordó cómo había llegado a sus manos: el día que conoció a Nari en Corea. Cuando ella se presentó para aquella audición con mirada confundida, como si el mundo le quedara grande. Él la vio… y supo que no era Nari. Pero se quedó callado. Al principio, por miedo. Luego, por amor. Porque esa "Nari" le devolvió la sonrisa que la verdadera había perdido hace tiempo. Cerró los ojos, y el pasado volvió como una bofetada. Flashback: 1 año atrás —¿Por qué quieres ser actriz? —le preguntó, sin saber bien por qué. Ella parpadeó. Sonrió. —Porque quiero recordar quién soy. Liam sintió un escalofrío. —¿Has olvidado algo? Ella rió, nerviosa. —A veces siento que mi vida no es mía. Como si me hubieran puesto en un cuerpo que no entiendo. Él la observó en silencio. Fue en ese momento, exactamente en ese instante, que Liam supo la verdad: Esa no era Nari. Era Samantha. Y eligió callar. --- Volvió al presente. La carpeta seguía abierta sobre el escritorio. La tomó y la arrojó al suelo. Las hojas volaron como cuchillas de papel, llenando la sala de verdades que ya no podía esconder. —Tengo que decirle todo —dijo, en voz alta, como si quisiera convencerse a sí mismo. Pero entonces pensó en Jiwoo. En Mike. En la prensa. En el contrato con la empresa. En los fans. En el amor que había construido sobre una mentira. Y la voz en su cabeza susurró: > Si le dices la verdad, la perderás. Cerró los ojos. Tragó saliva. Y se quedó allí, atrapado entre el amor y la culpa. Sin saber aún cuál de los dos lo destruiría primero. —¿Te duele? La voz suave lo sacó del abismo. Liam levantó la mirada. Jiwoo estaba de pie en el umbral de la puerta, con una taza humeante entre las manos y los ojos cargados de una calma peligrosa. Esa clase de calma que solo tienen los que ya lo saben todo. —¿Cuánto tiempo llevas ahí? —preguntó Liam con voz ronca. —El suficiente. Entró sin permiso, como solía hacer. Dejó la taza en el escritorio, justo encima de los papeles esparcidos, sin inmutarse. —Así que… Samantha Johnson —dijo, con una media sonrisa cargada de tristeza. Liam bajó la mirada. —No es tan simple. —Nunca lo es —respondió Jiwoo—. Pero ¿sabías que algún día se iba a enterar, verdad? —No quería que sufriera. —¿Y ahora qué crees que siente? Silencio. Jiwoo dio un paso más cerca. Se cruzó de brazos. —La estás matando en vida, Liam. Y no me refiero a Nari. Me refiero a Sam. El peso de ese nombre lo golpeó más que cualquier palabra dicha antes. Jiwoo suspiró, menos agresivo ahora. —Yo también leí el informe. Mike lo descubrió hace meses, pero se lo guardó. Quería que fueras tú quien hablara. Pero ya ves… —¿Mike lo sabe? —Yuna también. Soe lo intuye. Jun hace rato dejó de preguntar. Todos están esperando que tú lo digas. —¿Y si la pierdo? Jiwoo se acercó. Le puso una mano en el hombro. —Entonces nunca fue tuya. Pero si no lo haces tú… lo haré yo. Liam lo miró, helado. —No puedes. —No voy a seguir viendo cómo la destruyes con esa sonrisa tuya. Ella merece la verdad, Liam. Y tú también. Jiwoo se dio la vuelta, caminó hacia la puerta y se detuvo justo antes de salir. —Hazlo pronto. Antes de que empiece a odiarte. Y se fue. Liam se quedó solo con el silencio, la taza aún humeando y las hojas en el suelo como testigos del peso de su mentira. El recuerdo era confuso, casi como un sueño viejo que aún olía a vainilla y jabón de bebé. Samantha tenía cinco años. Su risa se mezclaba con la de su hermana mientras ambas corrían descalzas por un pasillo largo, blanco, con pisos fríos y puertas cerradas a ambos lados. No sabían que estaban siendo observadas. —¡Más rápido, Nana! —gritó Sam, arrastrando la "r" como hacían los niños. Nari reía, con los rizos desordenados y los ojos chispeantes. Las dos eran idénticas, como si el mundo se hubiera duplicado sin permiso. En uno de los extremos del pasillo, una mujer de bata blanca anotaba algo en un portapapeles. —Proyecto Gemini: etapa uno completada. Su sincronización emocional es perfecta. Desde que nacieron, habían vivido en una especie de hospital escondido tras el disfraz de un orfanato privado. Les habían dicho que sus padres murieron, pero eso era solo una verdad a medias. Un día, la rutina cambió. —¿Por qué Sam no va a dormir conmigo hoy? —preguntó Nari, sujetando la muñeca de su hermana con fuerza. Una enfermera intentó separarlas, con la paciencia de quien ya sabía que las preguntas no tendrían respuesta. —Solo será una noche, Nari. Ella va a viajar. —¿A dónde? Silencio. A Samantha la sacaron en brazos. Lloraba, llamando a su hermana, pero nadie la escuchaba. Nari gritó tanto que se desmayó por la fiebre al día siguiente. Nunca más se vieron. Samantha fue adoptada por una pareja australiana. Le dieron un nuevo nombre, un hogar cálido, una hermana postiza llamada Sofía que terminó siendo su todo. Pero cada tanto, en sueños, Samantha volvía a ese pasillo blanco y frío, escuchando la risa de otra niña idéntica a ella. Pensaba que era producto de su imaginación. O tal vez… de una vida pasada. Años después, alguien quemó los archivos. El Proyecto Gemini se deshizo como cenizas al viento. Nadie debía saber que existió. Pero Liam lo supo. Mucho después, en un archivo digital que no debía existir, encontró el documento: "Gemelas separadas al nacer. Prueba 12/14. Coincidencia genética: 99.8%. Nombres provisionales: S1 y S2. Se procederá a la extracción emocional a los 6 años." El resto estaba tachado. Ahora, Sam creía ser Nari. Y Liam… lo sabía todo.
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