Ella se aleja de la sala sin mirar atrás. Él se queda solo, con el peso de su historia.
Esa noche, Nari toma la memoria USB. La conecta a su computador.
Y en la pantalla, aparece el primer archivo.
Título: "Proyecto N.S. — Caso #02: Song Nari / Código: Hana.”
Liam
Cuando la puerta se cerró tras ella, sentí que el aire se volvió hielo.
La música ya no sonaba.
Mi cuerpo seguía temblando, no de cansancio, sino de algo peor.
Del tipo de miedo que no te deja dormir, que se mete en los huesos.
Nari me había visto.
De verdad. Me había atravesado con la mirada.
Y aún así... me dijo que me creía.
Pero también dijo que no me perdonaba.
Me senté en el suelo.
Miré mis manos.
La cadena seguía ahí, la que usaba como recuerdo de lo que no debía repetir.
Jiwoo.
Ella fue mi error más grande. La chica brillante que me sonreía como si fuera el sol, mientras se apagaba por dentro. Y yo, tan idiota, tan joven… confundí amistad con salvación. Le di palabras que no supe sostener. La abracé cuando no debí. Fui parte del daño.
Me pidieron alejarme. "Para su bien", dijeron.
Y cuando ella cayó en ese maldito programa experimental, me lo dijeron como si fuese algo bueno.
Proyecto N.S.
“Neurological Sync”. Una idea de locos: reconectar la identidad de personas con traumas severos a través de realidades inducidas.
Una máquina que reprogramaba los recuerdos.
Jiwoo fue el caso uno.
Nari… el caso dos.
Y yo estaba ahí. Involucrado, sin quererlo, pero responsable.
Porque firmé cosas. Porque acepté becas. Porque quise proteger una carrera y me tragué el alma.
Todo por miedo.
Todo, hasta que apareció ella.
Nari no solo me recordó a Jiwoo.
Ella me obligó a enfrentar lo que nunca dije. Lo que escondí tan profundo que dolía solo pensarlo.
Me levanté. Caminé al casillero.
Saqué una libreta vieja. Cubierta de polvo, con esquinas mordidas.
Ahí estaban los nombres. Las fechas. Las decisiones.
“Si algo le pasa a Nari, ya no me importa nada de lo que me amenacen. Me voy con ella. Al infierno o al cielo, no me importa. Pero no repito esta historia.”
Eso lo había escrito hace dos meses.
El día que vi a Euni saliendo de la oficina de los directivos. El día que sospeché que todo el pasado había vuelto por nosotros.
Encendí el teléfono.
Había un mensaje de Mike.
> "Tenemos que hablar. Sé lo que vio en el archivo. Prepárate."
Me quedé quieto.
El corazón golpeando en mi pecho como una alarma.
El pasado había vuelto.
Y esta vez, o lo enfrentábamos juntos… o nos arrastraba a todos.
Liam
Mike llegó tarde.
Como siempre. Pero esta vez, no por irresponsable.
Venía pálido. Ojeroso.
Y con esa forma de caminar como si llevara un c*****r en los hombros.
Bueno, en parte, sí.
—¿Dónde está Nari? —fue lo primero que preguntó.
—Dormida. —Mentí.
Estaba en su habitación, sí, pero despierta. Con mil preguntas, con sus demonios al acecho.
Mike se sentó. No pidió permiso. No hacía falta.
—Lo vio. ¿Verdad?
—No sé cuánto. —Respondí, clavando los ojos en el suelo—. Pero suficiente para empezar a sospechar. Y si sigue escarbando…
—Lo va a descubrir todo. —completó él, en voz baja.
Silencio.
De esos que no se rompen ni con gritos.
—¿Por qué no lo paramos cuando pudimos, Mike? —Mi voz sonó más cansada que furiosa—. ¿Por qué seguimos el juego? ¿Por qué aceptamos que ella… que ellas… fueran parte?
Mike me miró. Sus ojos, llenos de algo que nunca antes había visto: culpa.
De la más pura. De la que quema por dentro.
—Porque Jiwoo quería vivir. Aunque fuera dentro de una mentira.
Y yo… yo solo quería que tú te quedaras.
FLASHBACK – CINCO AÑOS ATRÁS
Laboratorio Omega. Piso 12.
Luces blancas. Frío metálico. Y ella.
Jiwoo tenía el cabello recogido, los labios partidos por el frío y las manos temblando de miedo y ansiedad.
—Duele —susurró—. No me acuerdo de qué soñé, pero me duele.
—Lo sé —dijo el doctor—. Es parte del proceso.
Liam estaba detrás del cristal. Quiso golpearlo. Gritar. Sacarla de ahí.
Pero Mike lo sujetó del brazo.
—Si interrumpes esto ahora, la desconexión puede matarla.
—¡Ya no es Jiwoo! —gritó Liam, con los ojos rojos—. ¡Esto es una marioneta!
Mike no respondió.
Y detrás del vidrio, Jiwoo volvió a cerrar los ojos, perdida entre recuerdos que no eran suyos.
FIN DEL FLASHBACK
De vuelta al presente, Liam se pasó la mano por el rostro.
—Ella me pidió que la dejara ir. —murmuró—. Que si algún día la memoria le fallaba, no intentara traerla de vuelta.
Y ahora tengo a Nari, buscando piezas de ese mismo rompecabezas. Una pieza que le pertenece… y que puede destruirla.
Mike se levantó.
—Entonces decídete. ¿La vas a proteger con la verdad? ¿O vas a hacer lo mismo que hiciste con Jiwoo?
Liam no respondió.
Pero dentro de su pecho, una tormenta se desató.
Porque esta vez… la verdad no era un simple secreto.
Era una elección de vida o muerte.
Nari
No sabía qué me despertó primero.
Si el frío que colgaba en el aire o las voces apagadas más allá de la puerta.
Me incorporé sin encender la luz.
Podía distinguir los pasos, las pausas, el tono arrastrado de Liam… y la otra voz. Mike.
¿Desde cuándo estaba aquí?
Me acerqué a la puerta apenas entreabierta.
—Ella me pidió que la dejara ir —dijo Liam.
La voz quebrada.
No como cuando me habla a mí. Esto era otra cosa. Era… pasado.
—¿La vas a proteger con la verdad? —preguntó Mike, más duro—. ¿O vas a hacer lo mismo que hiciste con Jiwoo?
Jiwoo.
Esa palabra me erizó la piel.
¿Por qué me resultaba tan familiar?
Me alejé un paso, con el corazón retumbando como tambor de guerra.
Volví a mi habitación y, sin pensarlo, abrí el portátil que Liam había dejado días atrás en la mesa.
Él había olvidado cerrarlo por completo. O tal vez no pensó que yo revisaría.
Ingenuo.
Un archivo sin nombre estaba abierto.
Solo uno.
Un video. Sin fecha. Sin contexto.
Le di play.
Una chica frente a cámara.
Cabello n***o, ojos profundos.
Se parecía a mí.
Demasiado.
—Hoy fue el primer día del Proyecto 'Mnemosyne' —decía—. El Dr. Min dijo que la transferencia fue estable, pero sigo sin entender por qué tengo sueños que no son míos.
Sentí un escalofrío.
La chica... se tocó el cuello, como yo lo hacía cuando me ponía nerviosa.
Se reía igual.
Parpadeaba con el mismo tic.
—Liam estuvo aquí hoy —agregó ella, bajando la voz—. Me miró raro, como si no fuera yo. Me dijo “lo siento”, pero no entiendo por qué. ¿Será que hice algo mal?
La grabación terminó.
Y de pronto, sentí algo más profundo que miedo: reconocimiento.
No de la chica.
De sus palabras.
De esa habitación blanca detrás de ella.
De esa bata médica en el perchero.
Como si yo hubiera estado ahí.
Pero nunca lo estuve.
¿O sí?
No podía respirar.
Abrí más archivos, uno por uno.
Fragmentos de grabaciones, estudios, reportes médicos, voces de doctores, listas con nombres: Song Nari. Jiwoo. Test 017-B. Coincidencia neurológica: 98.4%.
Y un audio.
La voz de Liam.
—Si ella recuerda todo… si empieza a mezclar los sueños con su vida real, podría colapsar.
Me temblaban los dedos.
Porque eso ya estaba ocurriendo.
Los sueños. Las sensaciones. Las escenas de lugares que nunca visité.
Todo encajaba.
Y nada tenía sentido.
Cerré el portátil.
Y en ese instante, escuché pasos detrás de mí.
Rápidos. Apurados.
Era Liam.
—Nari… tenemos que hablar.
Lo miré.
—No. Esta vez hablaré yo.