No podía volver a casa. Tampoco podía ir con Liam… todavía no.
Volví al parque donde nos confesamos por primera vez. Me senté en la banca de piedra, observando cómo el sol luchaba por colarse entre las nubes. Mi cabeza latía con fuerza. Las imágenes no dejaban de repetirse.
Mi voz gritando. Mi rostro desesperado.
Y ese nombre: “Proyecto N.S.”
Las iniciales... no eran coincidencia.
Me tragué el miedo. Abrí el navegador de mi celular y busqué: Proyecto N.S. Corea del Sur. Entretenimiento. Fundación. Rehabilitación. Cualquier combinación posible.
Y ahí apareció.
"El Proyecto N.S. fue una iniciativa privada de la Fundación Bell, orientada a tratar casos severos de trastorno de identidad disociativo, amnesia postraumática y estrés psicológico en jóvenes figuras públicas. Muchos de los registros han sido sellados legalmente por privacidad."
Bell Foundation.
Ese nombre... ya lo había oído. Y no era de ninguna clínica.
—¿Por qué me suena…? —murmuré.
Hasta que caí en cuenta. Eira.
Ella había mencionado a la Fundación Bell en una cena con otros trainees. Dijo que Liam había sido patrocinado por ellos cuando perdió a su madre. Y que gracias a eso, siguió en la industria.
¿Liam? ¿También había sido parte?
Todo se estaba conectando de formas torcidas.
Y ahora, una nueva sospecha empezaba a crecer en mí: ¿y si Liam sabía más de lo que decía?
No quería dudar de él. Pero la frase del audio no desaparecía de mi mente.
"Mantengan su relación con Liam. Él es la única ancla que podemos usar.”
Decidí no correr con conclusiones. No aún. Pero tampoco podía quedarme quieta. Iba a empezar a buscar. A preguntar.
No como víctima. Como alguien que ya no quería vivir dormida.
Y entonces, justo cuando guardaba mi celular, una sombra se cruzó frente a mí.
—Hace tiempo que no venías aquí. —Su voz era suave, dulce… y cargada de historia.
Levanté la mirada.
Era Jiwoo.
No la veía desde el funeral. Ella, la ex trainee que abandonó la industria tras una supuesta “traición” de Liam.
La que había estado enamorada de él… y que él rechazó fríamente.
—¿Qué haces aquí? —pregunté con cautela.
Ella sonrió con tristeza, y sacó de su bolso una pequeña caja.
—Tal vez sea hora de que escuches mi parte de la historia, Nari. Porque lo que crees saber sobre Liam… no es todo.
Jiwoo me observaba como si cargara siglos de secretos en los ojos. Su expresión era neutra, pero en la comisura de su boca se notaba un cansancio que no era físico.
Era emocional. De esos que solo nacen cuando te rompen el alma… o cuando te la arrancas por decisión propia.
Me ofreció la caja sin decir palabra. Dudé. No sabía si abrirla o lanzarla al lago que nos separaba del caos de la ciudad.
—¿Qué hay aquí? —pregunté finalmente.
—La verdad —respondió, simple.
Tragué saliva. Mis dedos se deslizaron por la tapa con nerviosismo. Dentro, encontré una pequeña memoria USB, una cadena oxidada con una medalla sin nombre… y una carta. De puño y letra. Firmada.
"Para Jiwoo. Perdón por no elegirte. Perdón por no ser más valiente. —L"
Mi pecho se apretó. "L"... ¿Liam?
—¿Qué es esto? ¿Por qué me lo estás mostrando?
Ella suspiró. El tipo de suspiro que no se hace para dramatizar. Sino para no colapsar.
—Porque yo también fui parte del Proyecto N.S., Nari.
El mundo se detuvo. Literalmente. El viento dejó de moverse. El parque se volvió un cuadro inmóvil. Sentí que alguien me tiraba de la nuca hacia el pasado.
—¿Qué dijiste?
—Hace tres años, cuando aún era trainee, tuve un colapso. Mis padres no querían que siguiera en la industria, querían que volviera a casa. Me sentía sola, presionada… me desmayé en un ensayo. Ahí fue cuando la fundación me ofreció ayuda. Bell Foundation. Me prometieron estabilizar mi salud mental y emocional. Lo hicieron. Pero a cambio… tuve que desaparecer.
Jiwoo miró al suelo. La rabia contenida le brotaba en los dedos, que apretaban su falda con fuerza.
—Liam fue mi apoyo en ese tiempo. Se convirtió en mi punto de estabilidad. Nos unimos tanto… pensé que estaba enamorado de mí. Me lo insinuó, a su manera. Me protegía, me defendía. Pero cuando todo se fue al demonio… él se alejó. Me dejaron sola.
—¿Y qué tiene que ver eso conmigo?
—Todo. Tú eres su nuevo “ancla”. Igual que lo fui yo. Bell Foundation no cambia de estrategia. Solo cambia de rostro.
Me levanté, confundida.
—¿Estás diciendo que todo lo que vivo con él es… manipulación?
—Estoy diciendo que no puedes confiar ciegamente en Liam. —Su voz no era rencorosa. Era firme, dolorosamente firme.— Yo no lo odié por no elegirme. Lo odié por mentirme mientras me veía derrumbarme.
Quise responder. Defenderlo. Decir que Liam jamás me usaría. Pero una parte de mí… ya dudaba.
No de su amor. Sino de su silencio.
—¿Por qué me estás contando esto ahora?
—Porque tú sí tienes poder. Porque todos creen que eres solo una chica rescatada, pero tienes seguidores, medios, aliados. Si tú levantas la voz, algo puede cambiar. Pero para hacerlo, tienes que abrir los ojos.
Se levantó. Tomó mi mano y colocó en ella la cadena con la medalla.
—Eso me la dio él. Me dijo que era para recordarme quién era, cuando todo se volviera confuso. Tal vez ahora sea tu turno de hacerlo.
Y se fue.
Me quedé sola con la memoria, la carta y ese amuleto oxidado… que parecía pesar más que el mundo.
La cadena seguía en mi mano cuando crucé las puertas del edificio de la empresa.
No llamé. No pedí permiso. Solo caminé.
Los pasillos parecían más largos. Los pasos, más pesados. Cada recuerdo con Liam, cada promesa, cada mirada... se sentía como una pregunta sin respuesta.
Cuando llegué a la sala de ensayo, lo vi.
Estaba solo, frente al espejo, repasando una coreografía. Su sudor marcaba el suelo, sus movimientos eran precisos... pero su expresión era otra.
Vacía. Como si no estuviera ahí.
—Liam.
Él giró, sorprendido, pero al verme… sonrió.
—Nari, pensé que…
—¿Me diste esto? —Le mostré la cadena—. ¿También se la diste a Jiwoo?
La sonrisa se evaporó.
No respondió.
—Quiero una verdad. Solo una. No quiero que me mires con esos ojos tristes ni que me digas que me amas. Quiero saber si todo esto... —tragué saliva—. ¿Fue parte del mismo juego?
—No. —Su voz fue casi un susurro—. Nunca lo fue un juego.
Di un paso al frente.
—Jiwoo dijo que tú fuiste su apoyo, su estabilidad. Que le diste esta cadena y le prometiste que no se perdería. Y luego la dejaste sola.
—¡Porque tuve que hacerlo! —gritó, finalmente—. ¡Porque si no lo hacía, nos arruinaban a los dos!
Su desesperación rompía el aire.
—La fundación me chantajeó, Nari. Me amenazaron con destruir mi carrera si no la alejaba. Si no la convertían en un caso de prueba. Yo no sabía todo lo que harían con ella… Yo era un crío. Un bailarín asustado, enamorado de una amiga que se estaba desmoronando.
—¿Y ahora? ¿Conmigo es lo mismo?
Él bajó la cabeza.
—Contigo es diferente. Porque contigo quise pelear. Quise quedarme. Hice todo lo contrario a lo que hice antes. Por ti… rompí reglas. Me enfrenté a ellos. Me quedé.
El silencio se volvió pesado.
—Pero no me contaste. Me dejaste vivir todo esto sin saberlo. Sin decidir por mí.
Liam se acercó. Despacio. Como si tuviera miedo de romperme.
—Porque tenía miedo. Miedo de que si te lo decía… te alejaras. Que me odiaras como lo hace ella.
Porque sí. Jiwoo me amó. Y sí, yo la rechacé. Pero no por ego. Fue porque cuando ella necesitaba amor, yo no podía darle el tipo correcto. Me convertí en una obsesión para ella, y yo solo quería ayudar. Fallé. Y no quería fallarte a ti también.
Mi pecho ardía. No era rabia.
Era esa maldita mezcla de amor, miedo y decepción.
—Liam… —mi voz se quebró—. No quiero seguir sin saber. No quiero vivir una mentira.
Él se acercó más. Su frente tocó la mía.
—Entonces no vivas una mentira. Quédate y ayúdame a destruirla. Si tú estás conmigo… lo vamos a romper todo. Pero necesito que me creas, Nari.
Me temblaban las piernas. Pero mis ojos no se apartaron de los suyos.
—Te creo. Pero no te perdono. No todavía.
Él cerró los ojos.
—Entonces déjame ganarme ese perdón.