Mi Ali, mi ángel. Escuché un aullido agudo y estremecedor dentro de mí, un aullido que reclamaba una liberación. Sentía cómo mi alma se revolvía en mi interior como si estuviese atrapada, se agitaba desbocada, intentando salir de alguna cárcel. Mi Ali, mi ángel, eso era lo único que ocupaba la poca razón que me quedaba, y ella no estaba allí, la habían apartado de mi lado. La ira volvió a darme un latigazo desgarrador y profundo y, sin saber cómo, algo cambió dentro de mí. En cuanto le dije a Ali que mi viejo tenía reunión con el Consejo, no hubo más que decir. Teníamos toda la mañana del domingo para nosotros y había que aprovecharla bien, estos momentos no eran muy habituales, por desgracia. Hasta que nuestra casa no estuviera terminada, teníamos que buscarnos la vida como fuera, cosa

