Estaba agotada, sin Embargo, me costó mucho conciliar el sueño. Aparte del tema de mi madre, sufrí unas cuantas réplicas y tuve que levantarme varias veces para darme unas duchas bien frías y, aún así, no era capaz de quitarme el calor del cuerpo. No obstante, eso no hizo que mi felicidad se borrase de mi cara. Me pasé ese desvelo pensando en Eliot, en el día tan increíble que habíamos pasado juntos, en su poderoso cuerpo perfecto, en todo lo que me había hecho sentir… Creo que eso también contribuyó a que mi celo regresara con ganas. Tanto, que hasta en mis sueños era incapaz de reprimirme. Me desperté sofocadísima, me destapé del todo y agarré la tapa que había arrancado de una libreta y que había dejado en la mesilla, para abanicarme. La agité con brío, intentando lanzar el poco aire

