Miéntras íbamos en la lancha pudimos ver varios peces muy grandes en el mar, algunos del tamaño de la altura de Justem y otros del tamaño de mi brazo, veía el oceano y me generaba ese susto combinado con respeto por lo majestuoso y lo imponente que era al final del oceano veíamos un punto distorsiona, ese era nuestro destino. Nos pusimos a bromear sin perder la compostura ya que no queríamos que ocurriera ningún accidente, a pesar de que llevábamos chalecos en el medio del mar no sabemos que cosas puedan pasar. De forma impudente y porque el piloto me lo permitió, agarrado de usa soga me senté en la punta de la lancha y no se imaginan la adrenalina que puede uno experimentar ahí, a pensar de que no íbamos tan rápido si llevábamos una velocidad considerable lo que me hacía sentir un vacío

