Gruñó y sucedió lo que tenía que suceder, lo contrario a lo que en cierta parte quería y no quería. — ¿ Creíste qué te daría gusto, pequeño Jahjah? - Le preguntó cerca a su oído tomando su mentón obligándole a que le diera la cara. - Mírame. - Le pidió al tener Elijah los ojos cerrados, la respiración agitada y el rostro más que asustado. Melia soltó un gruñido. - No te daré gusto.- Le respondió.- Ni más ni menos haré lo que tanto deseas. - Le decía y notó como Elijah al fin abría los ojos y con aún temor, tomó fuerza y le miró al rostro. — Yo no necesito que tú lo hagas.- Le dijo entre dientes, alejando de su mentón la mano de Melia y soltándose con brusquedad de su agarre. - Yo mismo puedo hacerlo. — ¿ En serio?- Rió burlona.- Eres demasiado débil como para llegar a hacer algo así.-

