¿ Qué tal un día entre ruinas?

814 Palabras
Con algo de música a volumen iban Josh, Rebekah y Elijah hacia las afueras de Londres. Estaba Elijah muy entusiasmado y algo inquieto, quería llegar rápido, quería saber todo. Su padre se detuvo para preguntar por dónde era el camino más corto, al responder su pregunta otro conductor, retomó su manejar hasta llegar. Miraron por la ventana como aún estaba intacto en el cartel: °CAÍDOS° Era lo único que seguía en pie entre los escombros. Bajaron del auto. Estando frente de lo que era el cementerio, dos oficiales que se encontraban de turno les dijeron que el paso estaba prohibido. Elijah vio sus planes derrumbarse como la mismísima entrada al Jumanji y eso su padre lo notó. Josh habló. — Oficial Ed, solo será un momento.- Le dijo al oficial de tez blanca frente a él. - Mí hijo.- Señaló a Elijah.- Solo quiere indagar un poco para su tarea de historia. —Todos quieren indagar aquí. Pero no se puede.- Volvió a decirle.- Está en ruinas y es peligroso. — Escuche.- Habló Elijah.- Solo será un momento, es para una tarea. No puedo perder esta nota. ¿ No sé si me entiende?¿ Alguna vez tuvo qué estudiar? - No se daría por vencido, tenía que entrar porque entraba. - ¿Por favor? Ambos oficiales se miraron por un momento y el oficial de apellido Hanks, habló. — Solo tienen diez minutos.- Le dijo y Elijah le agradeció. - Vengan conmigo.- Les pidió llevándolos a la parte de atrás en donde una enorme reja oxidada al ser abierta, les dio paso. Elijah estando ya adentro tomaba notas y fotos como todo un investigador. Rebekah y su padre le observaban, pensaban que de eso sería su vida. Tenía que apurarse porque era tarde, la noche se acercaba y según los oficiales, era peligroso. — ¡ Hijo!- Gritó su padre y el mencionado volteó. - Creo que querrás ver esto. Corrió hacia su padre siguiéndolo hacia dónde se dirigía. Y, al llegar solo exclamó alegre y sonriente cayendo de rodillas quitando arena de encima de lo que sería, la lápida que tanto buscaba. —Melia Conkinova.- Soplaba y quitaba la arena de la lápida que apenas y se mantenía en pie. - Por fin.- Dijo entre una risita tomando algunas fotos. — Que raro. - Dijo Rebekah quien estaba a su lado.- No tiene la fecha inicial o final de su vida,¿ por qué? — Esta chica, querida amiga - Hablaba Elijah tirando a un lado algunas piedras.- Es la chica que todos quieren saber sus secretos. Es algo poco probable saber cuándo nació o murió, los libros, su historia, ni los escritores saben, ni el buscador sabe. ¿ Cómo saberlo nosotros? ¡Jamás!- Exclamó respondiendo. - Pero encontré su lápida. - Sonrió contagiando a la chica y a su padre. — Ya vengo.- Dijo Josh al ser llamado por uno de los oficiales, pedía tiempo. — Bien.- Dijo Rebekah. - Ya tienes lo que necesitas, ya vámonos. — No, claro que no lo tengo. - Le replicó quitando una gran roca del centro de la lápida. - Necesito ese diario. —No jodas, Elijah. No puedes tomar eso, no es tuyo. El susodicho hacía oídos sordos a sus palabras. Quería ese diario, quería leerlo y quería saber qué tan buenos o malos eran sus pensamientos, su vida, su historia, su ella. Con sus manos y una pequeña varilla intentaba quitar un gran escombro que no permitía abrir la tumba que solo estaba a poca profundidad. Eso les pareció extraño a ambos. Elijah miró hacia al otro lado donde su padre charlaba entre carcajadas con los oficiales, era muy bueno siendo social y eso le daba tiempo para conseguir lo que quería. Al abrir por completo con fuerza la tumba, su sonrisa desvaneció con lentitud. Frunció el entrecejo y en voz baja: — ¿ Qué... Mierda?- Miraba el interior de la tumba moviendo algunas rocas. - No hay nada.- Miró a Rebekah quien se encogió de hombros. La tumba estaba vacía. Solo se encontraban grandes ratas buscando qué comer. Estaba fastidiado, al parecer enojado por no encontrar nada. — Esto no debe de ser. - Dijo en negación.- Debe de ser otra.- Miraba su alrededor buscando otra lápida o, solo tal vez la tumba con los movimientos de la misma tierra, estuviese en otra ubicación. Pero entre la oscuridad no podía buscar, la noche dio su presencia. Era tarde. Rebekah acarició su espalda tratando de darle ánimos. El diario no estaba, ni ella estaba. Era lógico, se hablaba de alguien de más de dos mil años. — Pero sí la lápida está,¿ dónde está el maldito diario?- Vociferó Elijah pateando algunos escombros. - Necesito ese diario. — Todo no se encuentra entre escombros. - Dijo una voz tras ellos. Se miraron y voltearon dándole el frente. — ¿ Buscaban esto? Necesitas….
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