— A la edad de doce años, había conseguido tener aprecio de todos. Nadie era capaz de odiarle ni mucho menos sentir algún sentimiento inconforme hacia ella. - Leía el profesor Collins frente a la clase, caminaba de un lado a otro con su vista en el libro y alzaba pocas veces para ver si sus alumnos le prestaban atención. - Su madre Karina, le había inculcado de la mejor manera el sentimiento de amor y aprecio a los demás sin importar qué. Karina todas las tardes recorría junto a su hija Melia, el palacio. Melia la tomaba de la mano, mientras miraba su alrededor. Era una niña muy curiosa, cualquier cosa llamaba su atención: — Madre,¿ Por qué todos me quieren?- Le preguntó de un momento a otro. Karina bajó la mirada chocando con los ojos brillantes y cafés de su hija.

