- Eliana, ¿te quieres casar conmigo? —le pregunto en un susurro que espero haya podido escuchar.
- Sí —responde y levanta la mano donde lleva el anillo que le entregué hace un poco más de tres meses, cuando ella y Sebastián se mudaron a mi apartamento—. Este anillo es tu promesa de hacerme tu esposa.
- Fijemos una fecha. No dejemos que pase ni una hora más sin saber cuándo seremos un matrimonio. Sebastián se merece crecer con sus padres no solo comprometidos con él, sino unidos en matrimonio, tanto por las leyes del hombre como por la de Dios —la verdad es que nunca he sido un buen creyente, ya que, cuando murió mamá, permanecía varios años molesto con él porque se la llevó y me quedé solo, pero desde que Eliana y Sebastián están en mi vida, no dejo de agradecerle por ellos, y es por ellos que ahora mi fe se fortalece.
- Por mí me casaría mañana mismo —comenta ella con un tono juguetón en la voz.
- Quiero que nuestra boda sea un recuerdo hermoso para nosotros y para nuestro hijo. Él, que nació antes de nuestra unión sagrada y legal, quiero que tenga un lindo recuerdo de ese día, que le queden las memorias de su madre luciendo más bella que nunca y de su padre siendo sobrepasado por la felicidad al empezar a llorar cuando te vea vestida de blanco llegando al altar —Eliana ríe al imaginarse ese momento.
- Entonces, ¿qué tal si nos casamos en seis meses? Creo que afines de junio es tiempo suficiente para organizar una bonita ceremonia y celebración que quede grabada en la memoria para nosotros, y para Sebastián en fotos y vídeo —sonrió y acepto su propuesta moviendo ligeramente la cabeza.
- El último sábado de junio será nuestra boda. Mañana vemos en el calendario el día exacto para empezar a prepararlo todo —aprieto un poco su cintura con el brazo que la rodea y vuelvo a unir mis labios con los suyos, pero esta vez guardo en mi interior todo el deseo que siento por ella—. Te amor, Eliana. Gracias por responder a mis sentimientos, por darme un hermoso hijo, por hacerme muy feliz al ser parte de mi vida —la voz se me quiebra. Tanta alegría se confunde con el resto de emociones y termino llorando.
- Te amo, Mateo. Gracias por amarme sin juzgarme, por aceptar a mi hijo tal y como es, por amarnos a ambos sin imponer condiciones —dice ella, y terminamos abrazados a Sebastián. Con menos esfuerzo del que me imaginaba, termino llevando a ambos cargándolos en mis brazos hacia nuestra habitación, la cual aún compartimos con nuestro niño al ser todavía pequeño para dormir solo en su propio dormitorio.
Lo primero que hago al despertar es buscar el calendario en mi teléfono. El 28 de junio se convertirá en nuestro aniversario de bodas, y pensar en ello me llena de una felicidad infinita. Durante el almuerzo en casa de los Shevchenko, Eliana y yo comentamos sobre nuestra decisión de casarnos el último sábado de junio próximo, lo que todos los ahí reunidos aplauden. En eso, Pablo deja su asiento y se queda parado sin decir nada. Todos lo miramos con cara de estar esperando que diga o haga algo, ya que no ha tenido mucho sentido su reacción después de haber dado la noticia de ya tener fecha para muestro matrimonio.
- ¿Te sucede algo, amor? —pregunta algo nerviosa Olena porque la cara de espanto de Pablo en verdad preocupa.
- Es que… yo también tengo algo que decir —indica mi amigo policía, y todos lo miramos esperando que empiece a hablar.
- Pablito, ¿nos puedes decir cuánto tiempo te vas a tomar para preparar tu discurso? Es que ya está todo listo para servir el almuerzo —pregunta Sasha al sentirse un poco desesperada por no poder ir a la cocina y servir el almuerzo al tener que esperar a Pablo y lo que tiene para decirnos.
- Lo siento, es que estoy muy nervioso —se excusa sonriendo como un bobo, y cuando pasa su mano por su frente para secar el sudor, noto que en verdad está muy nervioso porque su camisa empieza a mojarse por cómo está sudando.
- Pablo, ¿te sientes bien? —pregunto al no entender qué le sucede a mi amigo, ya que él no es de dudar y no saber qué hacer.
- ¡Sí! —responde casi gritando—. Perdón, denme unos segundos —pide y empieza a respirar profundamente, queriendo tranquilizarse—. Olena —busca llamar la atención de la rubia de ojos grises, pero desde que dejó su silla, tan repentinamente, ya la tiene—, escuchar a Mateo y Eliana hablar de boda ha hecho que yo me anime a hacerte la siguiente pregunta —todos ya entendimos el motivo del nerviosismo de Pablo. Olena no cree lo que está ocurriendo, y yo empiezo a grabar el momento con mi teléfono—, ¿te casarías conmigo? —Pablo suelta la pregunta y parece que está reteniendo el aire. Olena se toma su tiempo para responder, pero el tono azulado que empieza a tomar el rostro de mi amigo no es una buena señal.
- ¡Olena responde! Que Pablo está aguantando la respiración mientras espera tu respuesta —hago notar ese detalle, y la rubia de ojos grises se apresura a responder.
- ¡Sí, y mil veces sí! ¡Acepto ser tu esposa! —suelta Olena con desesperación al ver que Pablo está a nada de desmayarse, y cuando mi amigo policía vuelve a respirar, cae pesadamente sobre su silla, terminando en el suelo porque al ser tan alto y pesado, el mueble no lo aguanta.
Todos dejamos nuestros asientos para socorrerlo, menos Aleksandr que ha quedado en shock al escuchar que su hermano ha aceptado la propuesta del policía. Tras ayudarle a dejar el suelo, Pablo sonríe hecho un tonto a Olena, saca una cajita de joyería, y al abrirla, un hermoso anillo se deja ver. La rubia de ojos grises se cuelga del cuello de Pablo y lo llena de besos. Al recordarle que debe dejarse poner el anillo, se separa abruptamente de él y extiende su mano. Pablo toma el anillo y lo desliza por el dedo anular de Olena. Cuando ya lo tiene en su lugar, la ahora novia se queda mirándolo perdida en su obnubilación. «¡Vaya! Ahora soy una novia», dice Olena, y Pablo la toma en sus brazos y la besa. Todos aplaudimos, menos Aleksandr, a quien Sasha le da un beso y lo ayuda a aplaudir al tomar sus manos y golpear una contra la otra.
Cuando ya todos estamos sentados en la mesa, con las viandas esperando por ser degustadas, Olena menciona que su boda debe ser antes que la nuestra porque al ser mayor que Eliana, quiere ser la primera en casarse, para que su experiencia le sirva de ejemplo a su amiga. Pablo feliz dice que se casen en un mes, y Aleksandr ruge un rotundo «no».
- Ya tuve una hermana que se casó apurada. Si te van a desposar, Olena, será dentro de un año, para organizar todo como debe ser. Si Mateo y Eliana se casan en seis meses es porque ellos ya viven juntos y son padres, pero tú aún vives bajo el amparo de tu familia y Pablo por su cuenta, así que haremos todo como se debe porque eres una señorita —Olena empieza a llorar y deja su asiento para ir a abrazar a Aleksandr. Por un momento todos pensamos que el gigante ucraniano no iba a aceptar la decisión de su hermana, pero fue todo lo contrario. Lo único que quiere es cuidar que Olena tenga la boda soñada por toda mujer.
Olena dice algo en su lengua natal, que solo Sasha entiende. Aleksandr se abraza a su hermana y empieza a llorar. Ver expresando sus emociones a un hombre tan alto y fuerte, que es intimidante y hasta peligroso, impacta. Sasha también llora, y de a poco todos nos encontramos llorando. Conocer la historia de ese par de hermanos hace que nos sintamos conmovidos, y el recuerdo de Lyudmyla llegue, por eso es que todos lloramos, ya que en la familia Shevchenko habrá otra novia, pero una que se case porque quiere, porque ama y se siente amada, y no obligada por la locura de un obsesionado hombre.
Durante la primera quincena de enero me presento a varias entrevistas de trabajo. Haber terminado siendo el mejor promedio de todas las clases de mi facultad ha elevado mis puntos para cualquier proceso de selección de personal. Son tres las empresas constructoras que llaman mi atención y me demuestran un gran interés por mí, pero al final no elijo a la que me proponía el mejor sueldo, sino la que tuvo un detalle con Eliana y mi hijo. Una tarde, después de terminar de almorzar, recibí una llamada de parte de un repartidor que tenía un paquete a mi nombre. Al bajar para recogerlo, veo el nombre de esta constructora, y la sorpresa que me di al abrirlo fue muy grata. En una nota se me explicaba que era tradición el no solo tener detalles conmigo para que acepte formar parte de su equipo, sino que también consentían a los familiares cercanos, ya que ellos consideran a las familias de sus colaboradores parte importante de la empresa. Habían enviado para Eliana un ramo de flores eternas y para Sebastián una colección de cuentos infantiles. Que tengan en cuenta a mis personas favoritas fue lo que termina por convencerme que ellos son la mejor opción, así que no dudo en firmar contrato con ellos.
Al empezar a trabajar oficialmente el primer día hábil de febrero, renunció al hotel y me paso las siguientes dos semanas disfrutando de Sebastián y de Eliana. Aunque ella está ocupada con el negocio, el cual sigue creciendo al obtener más clientes, puedo pasar momentos hermosos al lado de los dos. Como yo ya no podré apoyar con la misma disposición, convenimos contratar a alguien más que se encargue de las ventas por las mañanas y a repartir los pedidos a nuestros clientes. Esta vez fue Pablo quien nos recomendó a un muchacho que apenas había cumplido la mayoría de edad y obtenido su licencia de conducir. «Jasón es joven, pero es muy responsable. Desde los quince años se hace cargo de su abuela y hermano menor. Cuando lo conocí, me recordó a ti, Mateo. Él también sueña con tener una familia sólida al lado de alguien que lo quiera amar bonito», el comentario de Pablo me dejó pensando, por lo que cité a Jasón a una entrevista laboral.
El muchacho llegó vistiendo pantalón de vestir, camisa manga larga y corbata, dejando una buena impresión. Estaba bien peinado y había impreso su currículum. Tenía experiencia en ventas, ya que, por los últimos años, después del horario de la escuela, trabajó en un autoservicio de su barrio, donde le dieron una oportunidad porque conocían de la necesidad por la que estaba pasando su familia. Él y su hermano habían sido abandonados, primero por el padre y luego por la madre. Jasón no tuvo una madre como la mía, pero tuvo una abuela que ya hubiera querido tener. La señora se dedicó a trabajar para sacar a delante a sus nietos, pero un accidente laboral hizo que pierda una mano, por lo que tuvo que aplicar a una pensión por invalidez y dejar de trabajar. El problema era que la pensión no era suficiente, ya que la abuela, además del trabajo formal, realizaba trabajos de costura extras desde casa para ganar un ingreso adicional que era necesario para la familia. Al ya no poder trabajar en lo que sabía, Jasón empezó a hacerlo, encargándose de llevar el dinero extra a casa. Acababa de terminar la escuela, y quería trabajar a tiempo completo para aportar a su casa y ahorrar para postular a la universidad.
Como necesitamos a alguien que maneje la camioneta para la venta por las mañanas y el reparto durante el día, la prueba de manejo será lo que determine que Jasón es a quien debemos contratar. Antes de arrancar, le doy las indicaciones de hacia dónde iremos, ya que repartiremos algunos pedidos pendientes. Ya en el vehículo, Jasón revisa los espejos y la marca de gasolina, asegurándose de que todo esté bien para realizar la jornada. En todo momento va a una velocidad adecuada y respeta las señales de tránsito. Lo que más me gusta es que no responde a los insultos que otros conductores sueltan, solo está concentrado en lo que debe hacer. Al acompañarme a dejar los pedidos, saluda con amabilidad a nuestros clientes y demuestra tener una gran actitud de servicio. Cuando regresamos al edificio, le doy la noticia que está contratado, que empieza mañana y que lo esperamos a las 6:45 a. m.
Cuando llega el momento de iniciar mi trabajo en la constructora, me voy tranquilo porque sé que entre Raquel, Lourdes y Jasón apoyarán en todo a Eliana, hasta en cuidar de Sebastián, si fuera necesario. Hemos logrado formar un gran equipo, donde el compromiso de ellos responde a que valoramos su trabajo y lo demostramos entregándoles bonificaciones cuando dan algo más de lo que sus contratos señalan. Eliana y yo hemos sido parte de ese lado que puede ser abusado por jefes y empleadores, pero por suerte nos topamos con gente buena que prefirió enseñarnos y demostrarnos aprecio, y lo mínimo que podemos hacer es ser tan o más empáticos, como lo fueron con nosotros, con nuestros empleados.
Solo necesito unos cuantos días para adaptarme al ritmo de trabajo, y cuando lo logro, siento que fluir en ese ambiente laboral es algo que puedo hacer con total naturalidad. Estoy haciendo lo que me gusta, lo que decidí estudiar porque me permitirá explotar toda mi creatividad y esa vena artística que siempre tuve al gustarme dibujar, y ahora lo hago, en grande, aportando en proyectos urbanísticos que me apasionan porque siento que en cada uno de ellos estoy plasmando sentimientos que serán percibidos por las personas, haciendo que esos espacios de vivienda se conviertan en sus hogares. Mi entusiasmo al trabajar empieza a dar sus frutos cuando destaco entre mis pares y soy promovido a formar parte de proyectos más ambiciosos, con presupuestos más holgados que permiten que seamos más creativos, algo que agradezco.
Mientras que todo va bien en el trabajo, el negocio de Eliana sigue creciendo, por lo que ahora contamos con el suficiente dinero para alquilar el apartamento de enfrente que acaba de desocuparse. Esto hace que el contrato de nuestro apartamento vuelva a ser de vivienda, ya que la señora Matilde lo cambió a uno comercial, teniendo que pagar aparte los servicios de agua y electricidad porque lo que se gastaba era superior a lo que una familia consume. En un fin de semana, trasladamos todo al nuevo espacio de trabajo, además que contratamos a dos empleadas más, siendo una de ellas la abuela de Jasón, ya que Eliana modificó ciertos utensilios para que la señora Alicia pueda desempeñarse en determinadas labores. Para nosotros, no basta con crecer económicamente; queremos ser más que una empresa, ser una familia.
Los avances en la organización de nuestra boda van viento en popa. Olena y Sasha ayudan a Eliana con ello, ya que los proveedores que nos darán sus servicios también lo harán para la boda de la rubia de ojos grises y mi amigo policía. Al querer algo no tan pomposo ni ostentoso, conseguir lo que queremos se torna fácil, por lo que Eliana no demora en encontrar a la modista que confeccionará su vestido, así como el de las damas de honor, que serán Olena y Sasha. Al percatarnos de un detalle importante, que nuestro Sebastián aún no ha sido bautizado, decidimos que el día de nuestra boda sea también el bautismo de nuestro hijo, por lo que debemos elegir a sus padrinos. A Eliana y a mí no nos toma mucho tiempo darnos cuenta de quiénes deben ser los padrinos de nuestro niño, así que, sin más, aprovechamos una visita a los Shevchenko para pedirle a Aleksandr y a Olena que sean el padrino y la madrina de nuestro bebé. Ambos aceptan encantados y nos agradecen por considerarlos para cumplir tan importante papel en la vida de Sebastián.
A solo dos meses de nuestra boda, todo transcurre sin novedades. Tanta felicidad y tranquilidad empieza a preocuparle a Eliana, cosa que me comenta una mañana antes de irme a la constructora. Ella me explica que su abuela paterna siempre decía que cuando todo va bien y está la vida en calma es porque pronto ocurrirá un suceso que romperá esa tranquilidad, pudiendo ser algo que sea para bien o que sea para mal. Yo me río ante lo dicho por mi dulce Eliana, y le aseguro que todo estará bien, que no existe nada ni nadie que pueda alterar nuestra paz familiar, que estamos a nada de ser marido y mujer ante los ojos de Dios y de los hombres, así como nuestro pequeño será bautizado. Con un beso trato de borrar esas ideas en su cabecita, una que quiero pensando solo en cosas alegres y bonitas, pero conociéndola como lo hago, sé que se la pasará dando vueltas alrededor de lo que su abuela decía.
Cuando llego a la constructora, en Recepción me avisan que el director general ha preguntado por mí y me invita a ir a su oficina. Esa información me toma por sorpresa, ya que solo un par de veces he conversado con el arquitecto Redondo: cuando me expresó su interés para que forme parte de su empresa y cuando me ascendió a formar parte de proyectos más ambiciosos. Al pensar que el tema que tiene que tratar conmigo debe ser de suma importancia, ya que él ha llegado mucho antes del inicio del horario laboral y está esperando por mí, decido ir a la o Dirección General sin pasar previamente por mi cubículo para dejar mi portafolio. Al llegar ante el escritorio del asistente del director general, este me saluda y me pide que lo siga al salón de juntas porque ahí me están esperando. No dudo en hacer lo que me pide, y cuando ingreso al salón de juntas, veo que un hombre en sus cincuentas, cuya condición física está bien conservada, deja la silla que ocupa para acercarse a mí. Con la mirada busco al arquitecto Redondo, pero él no se encuentra, solo está el caballero que se detiene enfrente de mí y me queda mirando con detenimiento.
- No imaginé que fueras más alto que yo —suelta en un perfecto alemán al notar que soy varios centímetros más alto que él. Acompaña a esas palabras una sonrisa que me parece algo nerviosa.
- Disculpe, ¿acaso me conoce? —pregunto al no identificar el rostro de este hombre en el banco de datos de mi memoria.
- Soy Hermann Schwarz —dice, y me queda mirando, esperando ver mi reacción.
- Lo siento, pero su nombre no me es familiar —lo que acabo de decir lo perturba un poco porque marca el entrecejo.
- Así que ella nunca te habló de mí —que este hombre no sea claro y directo empieza a despertar en mí un desagrado que por alguna razón soy incapaz de ocultar.
- Por favor, ¿podría ser directo e ir al grano? No tengo la menor idea de quién es usted, y mucho menos a qué mujer se refiere —de mi rostro desaparece cualquier rastro de amabilidad para solo dejar ver mi molestia.
- La mujer a la que me refiero es tu madre —que se refiera a mi madre hace que esté muy atento a lo que tiene que decir—. Soy Hermann Schwarz, tu padre —y la abuela paterna de Eliana tenía razón: cuando todo va bien y está la vida en calma es porque pronto ocurrirá un suceso que romperá esa tranquilidad.