Se sintió raro. No, no sólo raro. Super. Más allá. Un tipo de rareza monumental. Tanto es así que la ansiedad me recorre el cuerpo, de la cabeza a los pies. Sudores nerviosos. Tensión en el pecho. Respiraciones irregulares. Palmas sudorosas. Gorgoritos en el estómago. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos. —¿Seguro que no quieres que vaya contigo? —kye murmura desde su posición en el brazo del sofá. Sus grandes y redondos ojos me miran interrogantes, de un verde gélido que envidiaré siempre. —Sí, estoy bien, pero gracias. Sólo trata de guardar algo de comida para mí cuando regrese, ¿de acuerdo? Mejor aún, tal vez ir a comprar comida para mí. —No puedo prometer nada —dice con una sonrisa de satisfacción, cayendo de espaldas sobre los cojines. Pongo los ojos en blanco con un m

