Habían pasado algunas semanas desde que me enteré que Camila había asesinado a mi madre y que intentó escapar y terminó accidentándose. Aún se encontraba internada, había ido algunas veces a visitarla, pero no me dejaban ingresar, los policías pasaban haciendo guardia día y noche, así fue hasta hoy, que con ayuda de mi amigo Fred, logré ingresar. —Promete que no harás una locura. —No arruinaré mi vida asesinando a esa mujer. —Bien, los entretendré—, Fred pasó por delante de los policías, a varios pasos de estos llevó la mano al pecho y se tambaleó contra la pared, su actuación acarreó la mirada de los policías, se acercaron ayudarlo al mismo tiempo solicitaron ayuda médica, y yo aproveché para ingresar a la habitación de Camila. Cuando ingresé estaba dormida, su rostro y cuerpo aún esta

