—¡Deja a mi hija, infeliz! —, la madre de Camila llegó y trató de apartar a Arvid de Camila, este estaba segado por el odio, la ira, las ganas de cobrar venganza por su madre con sus propias manos. Al ver que Arvid se negaba a soltarla, y que poco a poco su hija iba perdiendo las fuerzas, agarró un florero y lo quebró en la cabeza de Arvid. Este cayó al suelo y dejó en libertad a Camila, quién cayó en el mueble tocando su garganta con ambas manos y tratando de normalizar la respiración. —¡Mamá! —, dijo aún tosiendo —La policía no tarda en llegar, si Arvid sabe que asesiné a su mamá, la policía también debe saberlo y lo más seguro es que ya estén viniendo, y si me encuentran me meterán presa. —No puedo creer que hayas hecho eso—. Camila se levantó, aún con su garganta doliendo, agarró su

