Una carnada.

1590 Palabras
Magno se bajó de su auto y fue directo a la tumba en donde reposaban los restos de su bonita esposa, siempre estaba limpia y la grama verde a su alrededor le daba vida. -. Aquí estoy bonita, como me lo pediste, vengo acá a buscar de ti, no te he olvidado, solo falta poco para cumplirse un año de aquel trágico día, te sigo amando como el primer día en que nos vimos en aquel crucero, te traje estas hermosas flores, las que a ti te gustaban, Te amo Esmeralda -. Magno converso como solía hacerlo con ella, dejo las flores encima de su lápida, era una tumba que siempre estaba repletas de flores frescas, el mismo había hecho un contrato con una floristería para que se hiciera cargo de mantener el aseo y surtir las flores que le colocaban cada dos días, él quería lo mejor para su difunta esposa. Se fue luego a la empresa en donde como cada día tenía mucho trabajo, esperaban ansiosamente el regreso de su amigo, que no sabía a donde se había marchado misteriosamente, pero aunque su ánimo estaba por los cielos, escuchar el retumbar de los tacones de Crystal le estaba dando dolor de cabeza, corrió a su oficina y se internó en ella, era como un oso que estaba invernando, lo único que le alegro al entrar, fue que tenía un asistente a su servicio, no le importaba que fuese hombre, mientras hiciera su trabajo todo estaba bien. -. Buenos días, Señor, mi nombre es John y estaré a su servicio, si necesita algo no dude en llamarme -. -. Buenos días, John, ya sabes quién soy, te daré la primera orden y espero que puedas entenderla muy bien, nadie más que yo podra despedirte, si alguien intenta retirarte de tu puesto, deberás informarme a mí, ahora has tu trabajo y será bien remunerado -. El joven John quien era más que un niño de apenas veinte años, había llegado ahí por una entrevista a la que había sido él que logró la mayor nota, tenía en claro lo que debía hacer siempre, era inteligente y muy auditivo, era algo que jugaba a su favor. -. Si señor, entiendo -. -. Cerraré la puerta por dentro, debes anuncia a cualquier persona que quiera entrar a conversar conmigo -. -. Si Señor -. Magno se sentó frente a su escritorio y abrió su portátil, tenía que firmar una gran cantidad de documentos, nada se movía en la empresa sin su firma, y él era un hombre tan desconfiado, que leía cada documento personalmente, nadie sería capaz de tratar de engañarlo. Su mañana estaba tranquila hasta que su intercomunicador sonó. -. Dime John, ¿qué sucede? -. -. Señor su prometida está aquí afuera -. Magno masajeó su cabello y lo echo hacia atrás, no podía ser más que Abigaíl, ella estaba usando el papel de prometida y fue algo que lo irritó, menos mal que su asistente era hombre y entendería luego que nada de su trabajo podría salir de ahí, tenía que poner a esa joven en su lugar. -. Hazla pasar y no quiero que nadie nos interrumpa, solo di que estoy ocupado con un socio -. -. Si Señor -. El joven entendió muy bien las palabras de su jefe, él miro a Abigaíl y ella entendió muy bien, le paró frente a la gran puerta de Tea, una hermosa madera que adornaba toda la oficina del CEO. Magno abrió la puerta de la oficina y ahí estaba la dulce joven con una cesta en manos y mirando fijamente sus ojos, con una mirada desafiadora. -. Adelante Abigaíl, ponte cómoda, estoy trabajando -. Ella miró al hombre que era el triple de su tamaño en todos los sentidos, y se sentó en el sofá, él se acomodó en su escritorio y se concentró a escribir sin parar en el portátil, ella seguía ahí luego de media hora mientras lo observaba, se pareció un hombre raro al usar un traje n***o con una corbata de color rosa. Magno se cansó de la mirada de la joven encima y decidió hablar. -. Dime, ¿a qué has venido hasta acá? -. -. Debemos fijar la fecha de la boda -. Magno la miró fijamente, ella debía entender por las buenas o por las malas. -. No me pienso casar ni contigo, ni con otra mujer, así que deja de pensar en tonterías, eres aún joven, ve a la universidad y has algo por tu vida -. -. Estoy graduada, ya estudié, seré la próxima en liderar el patrimonio de mi familia -. El hombre no pudo evitar reír a carcajadas, su abuelo se lo había dejado bien en claro, el padre de Abigaíl le debía dinero y habían pedido a la joven a cambio de saldar la deuda, ella no tenía ningún patrimonio familiar, estaban en quiebra. -. Porque te ríes, es de mala educación -. Los ojos del hombre se dilataron y la miraron fijamente, él estaba molesto, ella era molesta para su vida. -. Y dime Abigaíl, ¿de qué Patrimonio hablas? Si tu padre te está cambiando para saldar una deuda -. -. Son temas de adultos que no nos incumben, ahora dinero que fecha quieres escoger -. -. Por eso mismo, son temas de adultos y tú no eres más que una chiquilla, ahora ten en claro que no me voy a casar contigo, ¿Dime que has traído en esa cesta? -. -. Prepare un dulce para ti -. -. Sirve para ambos y come tu porción primero -. Abigaíl arrugó su nariz, acaso él estaba pensando que ella lo quería envenenar? El era un hombre muy misterioso. -. ¿Crees que te podría envenenar? -. -. Aún no te conozco Abigaíl, solo sé que eres parte de un negocio familiar -. Ella empezó a servir el dulce y al escuchar las palabras de Magno se sintió como un objeto, y aunque él era muy sincero al momento de hablar, tenía mucha razón, ella no valía nada para su familia, se acercó a él con el dulce en mano, no quería sonar débil, pero ella necesitaba tanto de él. -. Magno podríamos conocernos, no necesariamente debemos ser esposos de verdad, por favor cásate conmigo -. El hombre solo pudo mirarla a los ojos, y en ellos vio desesperación y miedo; sin embargo, él solo recibió él dulce y comió de el, ignorando la propuesta de la mujer, ella se quedó paralizada del miedo, todos tenían algo que perder, pero ella tenía algo más grande que su vida por perder, no podía hablar, pero tampoco se iba a dar por vencida. Ella se quedó en la oficina y lo acompañó hasta que él se levantó y se acomodó el traje para salir a almorzar, en la puerta estaba Crystal molesta porque el jovencito que ella misma había puesto ahí como asistente, no la dejaba pasar a la oficina. -. Señorita, el Señor estaba ocupado, por favor entienda -. -. Vete, no sirves para el puesto, estás despedido -. Pero el joven se quedó ahí sentado y no le prestó atención a la mujer, él había recibido una orden específica de su jefe. Magno escuchó la voz de la mujer afuera y miró a Abigaíl, había escuchado unas palabras sabía días antes, si él tenía una nueva relación, la prensa se olvidaría de Esmeralda, él usaría a la joven como carnada, así dejaría de difamar a su difunta esposa. -. Ven, sujeta mi brazo, solo podrás tocar esa parte de mi cuerpo, no seas melosa y debes tener un carácter fuerte para no dejarte intimidar por cualquier otra mujer -. Abigaíl al verlo acomodar su traje se sintió mal, ella había perdido la batalla, aunque él se había devorado el dulce, aun así él era un amargado, pero sintió que su alma le volvió al cuerpo cuando él le dio el brazo y le hablo sobre cuál sería su papel. Ella se sujetó de brazo como una garrapata y subió su barbilla, ella debía concretar ese matrimonio, miro la pantalla de su móvil y se sintió tranquila. Ellos salieron de la oficina y Crystal quería morir de la rabia, miro con odio a la joven y luego observó a Magno que le pasó tan cerca y, sin embargo, ni la saludo, solo pudo ver cómo ambos desaparecían por el pasillo y subían al ascensor, su mandíbula se había caído literalmente, se quedó impresionada y ahora todos en la empresa sufrirían su mal humor. Una vez en el ascensor, Magno miro a la pequeña mujer por el rabillo del ojo y ella estaba concentrada en su papel, tanto así que no lo soltó en ningún momento. -. La prensa está afuera, tendrás que ignorarlos, no quiero que des ningún tipo de declaraciones, solo se hará lo que yo diga -. -. Entiendo, se hará lo que tú digas, no te preocupes -. -. Iremos a almorzar y luego te llevaré a casa, debes estar cansada, así mataremos dos pájaros de un tiro -. Abigaíl asintió y le siguió la corriente, fuera de la empresa estaba una gran cantidad de paparazzi que normalmente estaba ahí a diario, ellos salieron y Magno observó a sus dos gorilas, ellos entendieron rápidamente con solo una mirada y corrieron a proteger a la mujer y guiarla hasta el auto en dónde estaría segura, los reporteros estaban encima de ellos, pero Magno fue más rápido y no les dejo cabida para que lo molestaran.
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