Me desperté con un zumbido confuso en mis oídos, como si hubiera emergido de un profundo sueño. Parpadeé varias veces, tratando de orientarme en mi entorno. La luz tenue de la habitación de la clínica me hacía entrecerrar los ojos, añadiendo una capa de misterio a mi confusión. Entonces, mi mente empezó a aclararse lentamente. Recordé vagamente haber sentido malestar antes de chocar. Al girar la cabeza, encontré a Aidan estaba allí, recostado en el sofá cercano, con una expresión tranquila en su rostro. Un suspiro de alivio escapó de mis labios al verlo allí. Mis recuerdos eran borrosos, como si estuvieran envueltos en niebla. Traté de recordar, de reconstruir los eventos que me llevaron hasta aquí, pero todo parecía difuso. — Bebé, al fin despiertas. Has estado dos días inconsciente.

