Aidan Me desperté completamente desconcertado, con la sensación de que mi cabeza iba a estallar. Los recuerdos de la noche anterior empezaron a tomar forma en mi mente, recordando los besos y caricias compartidos con Aitana. Al abrir los ojos, me di cuenta de que estábamos abrazados, ambos vestidos solo con ropa interior. La visión de Aitana dormida era simplemente asombrosa; su belleza destacaba incluso en la aparente tranquilidad del sueño. Sin embargo, al observarla más detenidamente, noté unas marcas en su espalda que delataban cicatrices, como si hubiera sido golpeada en su infancia. La serenidad del momento se vio teñida de sorpresa y preocupación al descubrir esos vestigios del pasado en el cuerpo de la mujer a mi lado. — Aitana, despierta.— Pronuncié. —Tengo sueño, mucho sueño.

