Capítulo 40

1973 Palabras
— ¡Por fin hemos llegado! ¡Amo este lugar! — exclama Marie con alegría dando saltitos divertidos. — A mí también me encanta, por esos les dije para venir a este lugar — nos dice Rut con una sonrisa orgullosa. — Creo que he encontrado un nuevo lugar favorito para pasar el rato aquí en la ciudad — digo mientras las veo llena de felicidad a ambas. — Me encanta que estés feliz de estar aquí Diana — me dice Rut. — ¿Cómo es que nunca vinimos aquí antes? — les pregunto. En todo el tiempo que estuve trabajando en Sacarac nunca habíamos ido a un lugar como este. Pasamos por muchos centros comerciales; pero creo que por este habremos venido y no lo exploramos en su totalidad. — Rut lo descubrió hace unos días después de que te fuiste — dice Marie — Estábamos paseando en nuestro lunes libre y decidimos ir al este de la ciudad, porque teníamos tiempo sin ir, nos pasamos cerca del centro comercial y entramos. Que sorpresa nos llevamos cuando llegamos al último piso. Este lugar tan cómodo. A Marie siempre le ha gustado dar explicaciones amplias de los hechos. Debería trabajar para un programa de noticias y cotilleos. Le iría bien. — Gracias por la explicación Marie. Bastante explicita — le dice Rut con cara de que por favor pare. — Pero no he terminado… Rut le hace una seña con la mano para que se detenga. Parece la hermana de mayor de Marie, ambas siempre tienen pequeñas discusiones, pero son de las mejores compañeras de trabajo, son muy unidas, un verdadero equipo. No las puedo imaginar separadas; pero sé que dentro de unos pocos meses Rut también terminara su contrato y regresara a su hogar situado en los llanos del país, y Marie apenas tiene unos pocos meses, aún está en entrenamiento y es una del mayor desempeño que he conocido. — Vale…— hace silencio frunciendo el ceño. — Gracias. — le responde con una sonrisa cortes — Bueno, basta de tanto parlotear aquí, vayamos a las mesas de allá y sentémonos. Donde están las mesas con las sombrillas hay un pequeño establecimiento con un ambiente fresco, casi todo es blanco y está adornado con plantas florales naturales y luces por ser navidad. Nos sentamos en una donde tenemos la vista de la montaña como paisaje, nuestra mesa tiene tres lindas sillas blancas, yo quedo en el medio y Marie y Rut a mis lados, aunque en una mesa redonda todo es cuestión de perspectiva. No tarda en aparecer una chica morena con un uniforme rosa para atendernos. — Buenas tardes, sean bienvenidas a Sugar Candy. Aquí les traigo el menú si desean comprar algo. — bate sus grandes pestañas de manera encantadora. — Muchas gracias — le digo tomando la carta que trae en mano. — Tenemos diferentes comidas deliciosas el día de hoy, contamos con hamburguesas de pollo y carne, ensalada Cesar, crema de vegetales, vegetales al vapor, papas fritas, pollo frito y claro, nuestros batidos frutales, merengadas con galletas de su preferencia, pasteles, tartas, trufas y pequeños y grandes dulces — nos informa con vos clara y dulce, ideal para este trabajo. — Les daré un tiempo para que se puedan decidir, en cuanto estén listas no duden en llamarme. — Perfecto, muchas gracias chica — le dice Rut. La joven chica se retira de regreso al establecimiento y nosotras nos concentramos en el menú. Hay tantas cosas que se ven deliciosas, no sé qué escoger. — Yo quiero unas papas fritas con ensalada Cesar y un batido de durazno— dice Marie. — A mí me encantaría que aquí vendieran parrilla, carne en vara. Como extraño mi casa por esta parte — dice Rut un poco decepcionada — Pediré una hamburguesa de carne y, mmm… ¿Papas fritas? Sí, es lo que mejor le pega, también una merengada de Yogur con fresas, ¿Tu qué quieres Diana? Veo los precios sorprendida, solo había visto las fotos de lo que ofrecen; pero el precio es otra cosa, no sé si pueda pagar una cosa de esas así de fácil, me saldría más económico hacerlas yo misma. Lo más económico es el agua y unos batidos pequeños. Me da pena contestarle a Rut. — Solo quiero un batido de patilla — le contesto un poco apenada. — ¿Qué?, ¿Solo eso? Me encojo de hombros. Mi presupuesto no da para tanto. — Diana, pide algo mas — me dice Marie. — Es que…— hago una pausa. Sé que si se los digo no habrá ningún problema, pero eso no me quita la incomodidad. — Chicas, yo no tengo tanto dinero para costearme una comida como esta — les digo en un susurro apenas audible. — Diana. Tranquila, nosotras te hemos invitado, nosotras pagaremos la cuenta — me dice Rut con voz tranquilizadora. — Pero eso no es justo, no deberían pagar todo ustedes. — Ay, por favor. Relájate amiga — me dice Marie acercándose más a mi lado — Ya lo habíamos planificado todo, sabemos que no es sencillo cuando uno regresa a casa y menos con las situaciones actuales. — Además — interviene Rut — sabes que contamos con los fondos de la empresa para este tipo de cosas. Oh, es cierto. Con esos fondos es muy fácil comprar varias cosas y darse algunos lujos, ya lo había olvidado; pero aun así, ¿Esta bien del todo? — Bueno, ¿Están seguras? — Claro que sí, chica. Relájate y pide lo que quieras que esto no es todo los días — ríe Marie. — Entonces, quiero una hamburguesa — les digo a ambas. El almuerzo estuvo delicioso, me encanto la presentación de la comida y la atención que nos dieron. No conforme con la comida, mis amigas también pidieron postre, torta de mil hojas. Oh, estaban exquisitas, la crema fue lo que más me gusto. Ahora que estamos satisfechas nos quedamos sentadas para reposar y charlar. — Uf. Muchas gracias por la comida, estuvo espectacular — les digo a ambas. — Fue con mucho gusto, me alegra que te haya gustado — me responde Rut. — Gracias por compartir este día con nosotras amiga. Me parece súper especial que sea justo antes de fin de año. — Es verdad, nunca se me olvidara este día. — Bueno, bueno. Ya comimos, ya tuvimos partes emotivas, y ahora si, por favor. Comencemos la ronda de los cuentos — dice Marie casi a gritos. — Marie, quien te viera — le digo riéndome. — Ay amiga, a mí sí me encantan los cuentos y los chismes, ustedes saben como soy. — Si, vivo contigo ya hace tres meses y me he dado cuenta — Rut hace un gento burlón y luego voltea para mirarme — De verdad está emocionada por esto. Solo asiento con la cabeza y dejo que todo fluya. Aunque en mi cabeza comienzo a revisar mis archivos en búsqueda de qué información entregar, ¿Qué les puedo contar? O es que haya hecho mucho a un mes de haber terminado el contrato. — ¿Cómo te va con tu nueva vida?, ¿Cómo te sientes? — me pregunta Rut. Creo que es la que más curiosidad tiene porque pronto ella se conseguirá en una situación similar a esta. — Me va bien, todavía hay muchas cosas a las que debo adaptarme, ya saben, esto de regresar y conseguir todo distinto es como un choque. Mi hogar luce igual; pero luego te das cuenta de que tus amigos han crecido y que algunas cosas que conocías ya no existen y nuevas han tomado su lugar. Te sientes confundida, tienes que pensar en nuevo empleo, retomas tus amistades y parece que hay que hacer tantas cosas que no sabes en que momento las harás todas. — Vaya, suena como si fuera terrible — me dice con los ojos bien abiertos. — No es terrible, es parte de seguir progresando y creciendo. Cuando inicie este trabajo sabía que llegaría el día en que lo terminaría, siempre pensé que estaría preparada; pero no fue así, todo lo que me aconteció me tomo por sorpresa. Todavía no es que tengo todo el panorama claro sobre lo que voy a hacer, y ya di el primer paso para un nuevo futuro. No vas a estar sola, tendrás a tu familia, tus amigos y cualquier persona que esté dispuesta a ayudarte. — Menos mal que todavía me queda bastante por trabajar — me dice Marie risueña. — Oh, Diana. Gracias por tus palabras. No quiere decir que se me quiten los nervios; pero es reconfortante de alguna manera saber que eso que me acabas de decir es cierto. — A medida que me vayan pasando cosas, si quieres te cuento algunas. — Si eso me gustaría. — A mí también — dice Marie. — Esto, y ahora ¿Qué planes tienes? Muchas personas se están yendo del país ¿Lo has pensado tú también? — Si lo he pensado, más aun no lo considero mi meta ¿Sabes? No me gustaría irme por allí sola, me gustaría que fuera en compañía de alguien. Y en lo que he estado pensando por hacer es estudiar y conseguir un nuevo empleo. — Uuu ¿ya pensaste con quien te irías? — me dice dejándome desconcertada. — Ah. No, para nada. Solo es lo que pienso. Por favor chicas, solo tengo un mes en mi casa no es como que si solo llegue y ¡oh, mira un chico! ¡MIO! La vida no es así. — Mmm. Sé que algún día me contarás sobre algún amor prohibido y seductor — sus ojos brillan con entusiasmo. Ay, esta chica ¿Qué voy a hacer con ella? Niego con la cabeza y le doy una sonrisa ladeada. — Espero que tú también algún día me cuentes sobre alguno tuyo. — ¿Qué? ¿Yo? Jamás— dice avergonzada, se ha puesto roja y evita la mirada. — Ay, déjenme. Me da pena. Tan lanzada que es y mírala, toda tímida mi cielita. Rut y yo nos reímos por su reacción de niña. — Ustedes ¿Qué me cuentan? ¿Cómo les va en la empresa para estas fechas? — Está siendo bastante rudo, esta Navidad hemos estado corriendo por todas partes para que todo esté al día, incluso trabajando horas extras. — comenta Rut — Si, lo mejor de todo eso es que nos pagan más. — objeta Marie. — Eso sí que es bueno — les digo. — Esa es la mejor parte — dice Rut. — ¿Cómo están Alejandra y Naty? — les pregunto. — No sé si te enteraste, el contrato de Katy terminó hace como dos semanas y ya volvió a casa. No hemos sabido nada de ella. — Vaya no recordaba que ella también pronto terminaría. — Si amiga, ya terminó. Pero antes de irse tenías que ver los encontronazos que tuvo con Alejandra. fueron épicos — me informa María. — ¿En serio? — le pregunto confundida. No éramos el mejor equipo; pero tampoco era tan horrible. — Después de que te fuiste se desataron. fuiste un equilibrio entre ambas — confiesa Rut — Que bueno que ya Katy terminó, Alejandra le toca en enero. — Que rápido pasa el tiempo. Nuestra conversación se estendio entre recuerdos y anécdotas del trabajo y lo bien que la pasamos juntas. Obvio no faltaron los chismorreos y cuantos fabulosos. En algún punto de la conversación apareció la chica del uniforme toda a retirar nuestros platos son interrupción mientras nostras seguimos nuestra conversación. Antes de que se fuera le agradecimos y Rut fue a pagar la cuenta. — Cuéntanos ¿Ya has hablado con algún chico?— pregunto Rut al rato. — Eh. Bueno, sí.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR