— ¡Por fin hemos llegado! ¡Amo este lugar! — exclama Marie con alegría
dando saltitos divertidos.
— A mí también me encanta, por esos les dije para venir a este lugar — nos
dice Rut con una sonrisa orgullosa.
— Creo que he encontrado un nuevo lugar favorito para pasar el rato aquí en
la ciudad — digo mientras las veo llena de felicidad a ambas.
— Me encanta que estés feliz de estar aquí Diana — me dice Rut.
— ¿Cómo es que nunca vinimos aquí antes? — les pregunto.
En todo el tiempo que estuve trabajando en Sacarac nunca habíamos ido a un
lugar como este. Pasamos por muchos centros comerciales; pero creo que por
este habremos venido y no lo exploramos en su totalidad.
— Rut lo descubrió hace unos días después de que te fuiste — dice Marie —
Estábamos paseando en nuestro lunes libre y decidimos ir al este de la
ciudad, porque teníamos tiempo sin ir, nos pasamos cerca del centro
comercial y entramos. Que sorpresa nos llevamos cuando llegamos al
último piso. Este lugar tan cómodo.
A Marie siempre le ha gustado dar explicaciones amplias de los hechos.
Debería trabajar para un programa de noticias y cotilleos. Le iría bien.
— Gracias por la explicación Marie. Bastante explicita — le dice Rut con cara
de que por favor pare.
— Pero no he terminado…
Rut le hace una seña con la mano para que se detenga. Parece la hermana de
mayor de Marie, ambas siempre tienen pequeñas discusiones, pero son de las
mejores compañeras de trabajo, son muy unidas, un verdadero equipo. No las
puedo imaginar separadas; pero sé que dentro de unos pocos meses Rut también
terminara su contrato y regresara a su hogar situado en los llanos del país, y Marie
apenas tiene unos pocos meses, aún está en entrenamiento y es una del mayor
desempeño que he conocido.
— Vale…— hace silencio frunciendo el ceño.
— Gracias. — le responde con una sonrisa cortes — Bueno, basta de tanto
parlotear aquí, vayamos a las mesas de allá y sentémonos.
Donde están las mesas con las sombrillas hay un pequeño establecimiento con
un ambiente fresco, casi todo es blanco y está adornado con plantas florales
naturales y luces por ser navidad. Nos sentamos en una donde tenemos la vista
de la montaña como paisaje, nuestra mesa tiene tres lindas sillas blancas, yo
quedo en el medio y Marie y Rut a mis lados, aunque en una mesa redonda todo
es cuestión de perspectiva. No tarda en aparecer una chica morena con un
uniforme rosa para atendernos.
— Buenas tardes, sean bienvenidas a Sugar Candy. Aquí les traigo el menú si
desean comprar algo. — bate sus grandes pestañas de manera
encantadora.
— Muchas gracias — le digo tomando la carta que trae en mano.
— Tenemos diferentes comidas deliciosas el día de hoy, contamos con
hamburguesas de pollo y carne, ensalada Cesar, crema de vegetales,
vegetales al vapor, papas fritas, pollo frito y claro, nuestros batidos frutales,
merengadas con galletas de su preferencia, pasteles, tartas, trufas y
pequeños y grandes dulces — nos informa con vos clara y dulce, ideal para
este trabajo. — Les daré un tiempo para que se puedan decidir, en cuanto
estén listas no duden en llamarme.
— Perfecto, muchas gracias chica — le dice Rut.
La joven chica se retira de regreso al establecimiento y nosotras nos
concentramos en el menú. Hay tantas cosas que se ven deliciosas, no sé qué
escoger.
— Yo quiero unas papas fritas con ensalada Cesar y un batido de durazno—
dice Marie.
— A mí me encantaría que aquí vendieran parrilla, carne en vara. Como
extraño mi casa por esta parte — dice Rut un poco decepcionada — Pediré
una hamburguesa de carne y, mmm… ¿Papas fritas? Sí, es lo que mejor le
pega, también una merengada de Yogur con fresas, ¿Tu qué quieres
Diana?
Veo los precios sorprendida, solo había visto las fotos de lo que ofrecen; pero el
precio es otra cosa, no sé si pueda pagar una cosa de esas así de fácil, me saldría
más económico hacerlas yo misma. Lo más económico es el agua y unos batidos
pequeños. Me da pena contestarle a Rut.
— Solo quiero un batido de patilla — le contesto un poco apenada.
— ¿Qué?, ¿Solo eso?
Me encojo de hombros. Mi presupuesto no da para tanto.
— Diana, pide algo mas — me dice Marie.
— Es que…— hago una pausa.
Sé que si se los digo no habrá ningún problema, pero eso no me quita la
incomodidad.
— Chicas, yo no tengo tanto dinero para costearme una comida como esta —
les digo en un susurro apenas audible.
— Diana. Tranquila, nosotras te hemos invitado, nosotras pagaremos la
cuenta — me dice Rut con voz tranquilizadora.
— Pero eso no es justo, no deberían pagar todo ustedes.
— Ay, por favor. Relájate amiga — me dice Marie acercándose más a mi lado
— Ya lo habíamos planificado todo, sabemos que no es sencillo cuando
uno regresa a casa y menos con las situaciones actuales.
— Además — interviene Rut — sabes que contamos con los fondos de la
empresa para este tipo de cosas.
Oh, es cierto. Con esos fondos es muy fácil comprar varias cosas y darse
algunos lujos, ya lo había olvidado; pero aun así, ¿Esta bien del todo?
— Bueno, ¿Están seguras?
— Claro que sí, chica. Relájate y pide lo que quieras que esto no es todo los
días — ríe Marie.
— Entonces, quiero una hamburguesa — les digo a ambas.
El almuerzo estuvo delicioso, me encanto la presentación de la comida y la
atención que nos dieron. No conforme con la comida, mis amigas también pidieron
postre, torta de mil hojas. Oh, estaban exquisitas, la crema fue lo que más me
gusto. Ahora que estamos satisfechas nos quedamos sentadas para reposar y
charlar.
— Uf. Muchas gracias por la comida, estuvo espectacular — les digo a ambas.
— Fue con mucho gusto, me alegra que te haya gustado — me responde Rut.
— Gracias por compartir este día con nosotras amiga. Me parece súper
especial que sea justo antes de fin de año.
— Es verdad, nunca se me olvidara este día.
— Bueno, bueno. Ya comimos, ya tuvimos partes emotivas, y ahora si, por
favor. Comencemos la ronda de los cuentos — dice Marie casi a gritos.
— Marie, quien te viera — le digo riéndome.
— Ay amiga, a mí sí me encantan los cuentos y los chismes, ustedes saben
como soy.
— Si, vivo contigo ya hace tres meses y me he dado cuenta — Rut hace un
gento burlón y luego voltea para mirarme — De verdad está emocionada
por esto.
Solo asiento con la cabeza y dejo que todo fluya. Aunque en mi cabeza
comienzo a revisar mis archivos en búsqueda de qué información entregar, ¿Qué
les puedo contar? O es que haya hecho mucho a un mes de haber terminado el
contrato.
— ¿Cómo te va con tu nueva vida?, ¿Cómo te sientes? — me pregunta Rut.
Creo que es la que más curiosidad tiene porque pronto ella se conseguirá en una
situación similar a esta.
— Me va bien, todavía hay muchas cosas a las que debo adaptarme, ya
saben, esto de regresar y conseguir todo distinto es como un choque. Mi
hogar luce igual; pero luego te das cuenta de que tus amigos han crecido y que algunas cosas que conocías ya no existen y nuevas han tomado su
lugar. Te sientes confundida, tienes que pensar en nuevo empleo, retomas
tus amistades y parece que hay que hacer tantas cosas que no sabes en
que momento las harás todas.
— Vaya, suena como si fuera terrible — me dice con los ojos bien abiertos.
— No es terrible, es parte de seguir progresando y creciendo. Cuando inicie
este trabajo sabía que llegaría el día en que lo terminaría, siempre pensé
que estaría preparada; pero no fue así, todo lo que me aconteció me tomo
por sorpresa. Todavía no es que tengo todo el panorama claro sobre lo que
voy a hacer, y ya di el primer paso para un nuevo futuro. No vas a estar
sola, tendrás a tu familia, tus amigos y cualquier persona que esté
dispuesta a ayudarte.
— Menos mal que todavía me queda bastante por trabajar — me dice Marie
risueña.
— Oh, Diana. Gracias por tus palabras. No quiere decir que se me quiten los
nervios; pero es reconfortante de alguna manera saber que eso que me
acabas de decir es cierto.
— A medida que me vayan pasando cosas, si quieres te cuento algunas.
— Si eso me gustaría.
— A mí también — dice Marie. — Esto, y ahora ¿Qué planes tienes? Muchas
personas se están yendo del país ¿Lo has pensado tú también?
— Si lo he pensado, más aun no lo considero mi meta ¿Sabes? No me
gustaría irme por allí sola, me gustaría que fuera en compañía de alguien. Y
en lo que he estado pensando por hacer es estudiar y conseguir un nuevo
empleo.
— Uuu ¿ya pensaste con quien te irías? — me dice dejándome
desconcertada.
— Ah. No, para nada. Solo es lo que pienso.
Por favor chicas, solo tengo un mes en mi casa no es como que si solo llegue y
¡oh, mira un chico! ¡MIO! La vida no es así.
— Mmm. Sé que algún día me contarás sobre algún amor prohibido y seductor
— sus ojos brillan con entusiasmo.
Ay, esta chica ¿Qué voy a hacer con ella? Niego con la cabeza y le doy una
sonrisa ladeada.
— Espero que tú también algún día me cuentes sobre alguno tuyo.
— ¿Qué? ¿Yo? Jamás— dice avergonzada, se ha puesto roja y evita la
mirada. — Ay, déjenme. Me da pena.
Tan lanzada que es y mírala, toda tímida mi cielita.
Rut y yo nos reímos por su reacción de niña.
— Ustedes ¿Qué me cuentan? ¿Cómo les va en la empresa para estas
fechas?
— Está siendo bastante rudo, esta Navidad hemos estado corriendo por todas
partes para que todo esté al día, incluso trabajando horas extras. —
comenta Rut
— Si, lo mejor de todo eso es que nos pagan más. — objeta Marie.
— Eso sí que es bueno — les digo.
— Esa es la mejor parte — dice Rut.
— ¿Cómo están Alejandra y Naty? — les pregunto.
— No sé si te enteraste, el contrato de Katy terminó hace como dos semanas y ya volvió a casa. No hemos sabido nada de ella.
— Vaya no recordaba que ella también pronto terminaría.
— Si amiga, ya terminó. Pero antes de irse tenías que ver los encontronazos que tuvo con Alejandra. fueron épicos — me informa María.
— ¿En serio? — le pregunto confundida.
No éramos el mejor equipo; pero tampoco era tan horrible.
— Después de que te fuiste se desataron. fuiste un equilibrio entre ambas — confiesa Rut — Que bueno que ya Katy terminó, Alejandra le toca en enero.
— Que rápido pasa el tiempo.
Nuestra conversación se estendio entre recuerdos y anécdotas del trabajo y lo bien que la pasamos juntas. Obvio no faltaron los chismorreos y cuantos fabulosos. En algún punto de la conversación apareció la chica del uniforme toda a retirar nuestros platos son interrupción mientras nostras seguimos nuestra conversación. Antes de que se fuera le agradecimos y Rut fue a pagar la cuenta.
— Cuéntanos ¿Ya has hablado con algún chico?— pregunto Rut al rato.
— Eh. Bueno, sí.