Esta cerca de hacerse la hora para encontrarnos comienzo a subir por los tres
niveles del centro comercial. Gracias a Dios hay escaleras mecánicas, porque las
otras me parecen sin fin. Cuando llego a la última planta me encuentro con un
lugar, ¡Vaya! Me quedo con la boca abierta. Sí que es un lugar impresionante. La
luz del sol entra por el techo de cristal bañado en colores creando un escenario
digno de admirar, las bancas, una pequeña fuente y unas plantas ornamentales
son bañadas con esa luz. Dejo de admirar el lugar que está lleno de detalles y me
dirijo a las bancas para esperar sentada.
Busco mi teléfono en mi bolso. Lo consigo y cuando lo reviso no hay nada, creí
que talvez tendría algún mensaje de Rut y Marie diciéndome que ya venían en
camino; pero no, no hay nada. Ellas vienen desde otro extremo de la ciudad así
que su viaje es más largo, no es como si fueran a llegar puntuales, la hora que
establecimos fue para saber que a partir de ese momento nos encontraríamos. A
mí, en lo personal si me gusta hacer las cosas con el tiempo que las dije, incluso
llego a hacer alguna de ellas de manera muy literal. Como una vez que estando
con una amiga nos entregaron una bandeja sellada con comida, todo bien hasta
allí, de repente la señora que nos la entrego me dijo que le diera vuelta, y pues en
mi mente esa vuelta era colocarla a ciento ochenta grados. Mi cara era de
confusión cuando lo hice y luego vi a mi amiga que me miraba con sus ojos muy
abiertos y parpadeo varias veces, luego solo soltó una carcajada y me explicaron
a qué era lo que se refería, solo me quedo encogerme de hombros y ruborizarme
de vergüenza. Por suerte a la comida no le paso nada ese día.
— ¡DIANA! — escucho un agudo grito proveniente de las escaleras.
Inmediatamente volteo como si se me fuera a salir la cabeza de su lugar por
la sorpresa que me da escuchar mi nombre tan alto. Algunas personas que
están en el lugar también se voltean por la impresión. Y ahí las veo cuando las
escaleras las llevan hasta el piso, mis dos amigas. Marie sale disparada
corriendo hacia mi mientras solo logro ver como Rut se tapa la cara de
vergüenza con una mano, en menos de un minuto tengo a Marie encima
abrazándome fuertemente contra ella.
— ¡QUE FELICIDAD! — grita a mi lado alargando la palabra felicidad al punto
que pienso que se va a quedar sin voz para hablar.
Que pulmones tiene esta mujer.
— Hola Marie. También me alegra verte.
— Ay, pero mírate. Que hermosa estas, que bien te sienta ese vestido, cariño
— el acento característico de su tierra le da una jocosidad única a cada una
de sus palabras. — Déjame verte mejor — me aparta de ella y me observa
de arriba abajo.
— ¿Qué tal? — le pregunto sonriente.
— Divina mi ciela. Ese vestido me encanta.
— Gracias. Tú no te quedas atrás con la pinta que cargas.
Lleva un hermoso short blanco alto de cintura con una camisa rosa con un lazo al
lado izquierdo, unos zapatos deportivos blancos, lentes de sol estilo aviador
tornasolado y su hermosa cabellera negra suelta. Parece una pequeña modelo. Se
gira para que la vea mejor y luego me da una sonrisa.
— Siempre bella, amiga — me dice quiñándome un ojo.
Rut ya se encuentra a nuestro lado, se ve un poco sonrojada, supongo que está
un poco apenada; pero no tarda en dejar eso de lado y unirse con alegría al
encuentro.
Me da un gran abrazo y me siento tan pequeña a su lado.
Ella también luce espectacular, lleva un hermoso pantalón n***o ajustado y una camisa roja sangre que se ajusta a su silueta, en conjunto dejan ver su espectacular figura con elegancia.
— Diana, cuanto te he extrañado.
— Y yo a ti — le respondo abrazansola más fuerte.
— Estoy impresionada con lo bella que te vez. Quien imaginaria que después de salir del trabajo uno a3 pone tan bien — ríe — Tengo que prepararme para ese momento; aunque, ¿Que se puede esperas de unas gerentes de una de las tiendas a misa más reconocida? Claro que tenemos que saber como vestir bien chicas.
Las tres reimos. Tiene toda la razón, sería una catástrofe, según la empresa, que nos viéramos como si no supieramos vestir.
— Oh, Diana. Cuanta falta nos has hecho en el apartamento — dice Marie con nostalgia.
— Sí, ya los días no son tan divertidos son ti allí.
— O sea, ¿Insinuas que no te la pasa bien conmigo Rut? — réplica Marie con las manos en la cintura.
— Por favor, yo no he dicho nada de eso. Muchacha dramática.
Marie saca la lengua y se mofa de Rut.
Volverlas a ver la causa una alegría inmensa en mi corazón, estar juntas otra vez me parece algo maravilloso y especial. El tesoro de la amistad es invaluable, uno puede conocer a cientas de personas; pero no todas son amigos. Los amigos son luz en nuestra vida. Tengo un tesoro maravilloso.
— Echaba de menos sus peleas — admito divertida.
— Mirala, tan atrevida metiéndose con nosotras.
— La confianza, la confianza — dice Marie con voz reflexiva.
— ¡Da asco! — decimos las tres al mismo tiempo y después rompemos en risas.
— Deberíamos sentarnos — sigiere Marie.
— Aquí hay muchas bancas — las digo señalando donde estamos.
— Es cierto pero hay una parte más adelante que es mucho más bonita.
— ¿En serio? — la miro incrédula.
Este lugar ya es lo bastante bonito y cómodo. No había pensado en que hubiera más; aunque tampoco me puse a ver más allá de la plazuela en la que nos encontramos.
— Vamos — dice Rut.
— Vale.
Salimos de la plazuela donde brilla el sol y comenzamos a caminar por un pasillo ancho. por la baranda se puede ver hacia abajo los pisos inferiores. En esta zona no veo a más personas.
— ¿Vamos lejos? — pregunto.
— Que va, es aquí mismo ya estamos por llegar. Mira es ahí allí adelante.
El reflejo de la luz me deja ver poco a medida que nos acercamos. Siento la brisa. Estamos afuera.
Frente a mi se encuentra un gran paisaje donde puedo admirar la gran montaña icono de Sacarac. Hay unas mesas con parasoles encima de color blanco y unas bancas. un lugar aún más bello.