Estoy convencida de que uno de los días que más disfruto es el veinticinco
de diciembre y el primero de enero, donde se comen las sobras del día
anterior, y no hay mucho por hacer porque nadie sale de su casa. Al menos
que tengan niños y vayan a los parques y plazas a estrenar los regalos que
trajo El Niño Jesús o Santa Claus. Ese no es nuestro caso, solo somos dos
adultos mayores, mi madre y yo.
Me despierto tarde con un clima que me hiela los huesos, todavía acostada
intento esconderme entre la cobija para protegerme del frio. Tenía tiempo sin
sentir tanto frio como esta mañana, tengo los pies helados.
— No quiero levantarme — murmuro para mí misma.
Hoy no tengo ningún plan, nada en que centrarme, aunque todavía tengo
ese libro que comencé a leer, debería terminarlo.
— Luego amiga — me digo como si de verdad lo fuera a hacer y me coloco
la almohada sobre la cara.
No recupero las ganas de dormir, pero igual no me animo a salir de la cama.
Afuera no escucho a nadie, o están dormidos o piensan lo mismo que yo, ¿Qué
voy a hacer despierta tan temprano un veinticinco de diciembre? Me sonrió a
mí misma en pensamientos, muy orgullosa de mi conclusión. Anoche cuando
llame a Ram, duramos unas horas considerables hablando por llamada, el
recuerdo de eso me alegra el corazón, es lindo tener un amigo con quien
compartir. Poco a poco nos hemos ido conociendo; pero claro eso no quiere
decir que lo sepa todo de él, sería extraño que ocurriera en tan poco tiempo,
¿Verdad?
— Que tonterías piensas Diana — sacudo la cabeza en negación. — Esas
cosas no importan.
¿Qué estará haciendo hoy? Posiblemente lo mismo que yo, un debate entre
hacer o no hacer nada hoy, o se ha despertado temprano para hacer alguna
actividad. En fin, no lo sé. Me encojo de hombros y veo a un lado de mi cabeza
el teléfono, ¿Le escribo?
Ay, no estoy segura.
Aparto esos pensamientos de mi mente y cierro los ojos para volver a
descansar. Ah, cuanta tranquilidad…
¿A quién engaño? Quiero escribirle.
Hola Ram. Buenos días, ¿Cómo estás?
Diana.
Ahora sí. Paz mental para mí. Me doy una media sonrisita y cierro los ojos.
Después de horas durmiendo siento la presencia de alguien en la habitación
donde estoy durmiendo. Abro un ojo con pereza para observar. Es mi madre,
todavía lleva ropa de dormir, por lo que veo también se acaba de despertar.
— Ma. Buenos días, ¿Qué haces aquí? — le digo en voz baja.
Veo que se sobresalta un poco.
— Ay. Madre mía. Que susto me has dado — me dice con una mano en el
pecho y la voz ahogada — Pensé que estaba dormida.
— Si lo estaba; pero sentí a alguien en la habitación y te vi. No pensé que
te fueras a asustar tanto — me rio de ella.
— Muy graciosa — me dice con el ceño fruncido.
— Feliz navidad — le digo con ironía — Sorpresa.
— Payasa… Feliz navidad.
— ¿Qué haces aquí? Todavía no me has respondido.
— Ah, sí. Vine para buscar unas cosas de mi maleta, todos siguen
dormidos y ya me comienza a dar hambre.
— Yo también tengo hambre, ¿Qué hora es?
— Eran las dos de la tarde cuando vi la hora.
— ¿Qué? ¿Cómo puede ser tan tarde?
Me levanto de un salto de la cama. Ya no tengo tanto frio como… bueno,
como hace horas.
— Anoche te acostaste tardísimo, bueno, todos lo hicimos.
— Si, lo sé. No esperaba despertarme tan tarde — me meneo el cabello
con las manos para acomodarlo.
— Voy a estar fuera, en la cocina.
— Está bien. Te alcanzo en un rato.
Mi madre se retira de la habitación con una ropa en sus manos y yo me dirijo
al pequeño baño integrado que tiene. Me siento en el retrete para orinar y
siento como si nunca fuera a parar de salir, cuando por fin paro me limpio y voy
al lavado para limpiar mi rostro, tengo restos del maquillaje de anoche, igual
luzco bien, hermosa. Me alzo un pulgar frente al espejo, me doy una amplia
sonrisa seguida de un bostezo y salgo con el rostro y parte del cabello
empapado.
Encuentro a mi mama registrando la cocina de un lado a los otros. En una
pequeña mesa ha colocado diversos envases. Todos tienen comida me la cena
navideña. El estómago me ruge, ya tengo suficiente hambre, no es para
menos, no he desayunado y la hora del almuerzo paso hace rato.
— ¿Qué quedo de anoche? — le pregunto en voz baja.
— Mucho pan, ensalada y algo de cerdo al horno.
— Oh, me encanta escuchar eso. Tengo hambre.
— Lo sé — me da una sonrisa — sírvete lo que quieras, hay suficiente para
todos.
— ¿Dónde están el señor Pedro y la señora Carmen? — observo a los
lados.
Me parece extraño no verlos por aquí.
— Ellos se levantaron mas temprano que nosotras y ya desayunaron.
Luego se fueron a acostar.
— Oh, que madrugadores, pensé que también estarían dormidos.
— No, que va. Ellos ya tienen su rutina diaria. Venga, sírvete y come algo
antes de que sea más tarde cariño.
El recalentado estuvo delicioso, de las mejores osas que hay en navidad.
Estoy completamente satisfecha después de haber comido. El clima se
mantiene frio; pero más tenue. Ahora no sé qué hacer.
Ah, es cierto. Le escribí a Ram temprano. Debería ver si me respondió.
Efectivamente cuando reviso el teléfono tengo varios mensajes de él.
Hola Diana. Buenos días, estoy bien. En mi casa, ¿Tu como estas?
Ram Mare.
Por lo que veo debes de estar dormida jajajaja. Espero tu respuesta más
tarde.
Ram Mare.
¿Hola?, ¿Estas viva?
Ram Mare.
Me rio un poco. No puedo creer que el si estuviera despierto. Seguro tiene
rato de haber enviado esos mensajes.
Hola. Aquí reportándome. Efectivamente me quede dormida jajaja. Por suerte
si estoy viva.
Diana.
Estoy bien, me desperté como a las dos de la tarde. No creí que podría
dormir tanto.
Diana.
Oh, miren. La señorita si está viva después de todo. Esta mañana de seguro
me escribió dormida jajajajj.
Ram Mare.
Parece chiste; pero eso fue lo que ocurrió a la final.
Diana.
Jajajajaja. Nonpuede ser, esas cosas sólo te sucedería a ti, ¿Y que me cuentas?, ¿Cómo está todo por allá?
Ram Mare.
No hay mucho que contar. Ambiente frío, recalentado de ayer y viejitos durmientes. Aquí todo es muy tranquilo, estoy pensando terminar un libro que comencé a leer acá.
Diana.
¿Viejitos durmientes?, ¿Cómo así? De seguro el clima está genial por allá, y el recalentado es lo mejor de estas fiestas.
Ram Mare.
El si sabe de recalentados Navideños seguramente.
Bueno, la familia Parra está durmiendo, se levantaron primero; pero ya se volvieron a acostar. Es un poco aburrido no tener algo que hacer. Y obvio. el recalentado es lo máximo amigo.
Diana.
Yo tampoco estoy haciendo mucho, sólo estoy en mi cuarto pasando el rato frente al aire acondicionado y ya. Ah, y hablando contigo, claro ;)
Ram Mare.
Que relajado jajajaja. Eso quiere decir que estamos casi iguales.
Diana.
Sí. Se puede decir que si, ¿Ya has escrito connlos demás? Ya sabes, para decirles felíz Navidad.
Ram Mare.
Oh, no. Se me paso por completo escribirle a los demás. Tengo que hacerlo, también son mis amistades.
Gracias por recordarme Ram, lo había olvidado por completo. Que terrible amiga soy.
Diana.
Horrible no, a mi me llamaste jajajja. Tranquila, seguro ellos también lo olvidaron.
Ram Mare.
Tiene razón, reviso mi teléfono y no tengo más llamadas no mensajes más que los nuestros. Mis otros amigos aún no se reportan, no me gusta el drama; pero hay días en los que pienso que la amiga soy yo y no los demás.
Ram, ¿Te gusta hablar conmigo?
Diana.
¿Que tipo de pregunta es esa? Claro que me gusta, si no, no te escribiría y ya. No me gusta hacerle perder el tiempo a las personas y menos jugar con sus sentientos, ¿Por qué la pregunta?
Ram Mare.
No es por nada. Sólo tenía esa duda. Gracias por ser mi amigo.
Diana.