Me quede en el centro de la ciudad, después de todo ya me había decidido en
salir ese día pese a que ahora no me encontraría con mis amigas del trabajo. Ya
son más de las doce del mediodía, el sol está brillando con todo su fulgor, y aun
cuando corre una brisa fresca por la época, el calor se ha intensificado
gradualmente. Ahora el centro parece mas lleno con la cantidad de personas que
han salido de sus trabajos para almorzar y algunas ya terminaron sus turnos y se
unen a las compras compulsivas de fin de año.
Debo irme de aquí, hay demasiadas personas y siento que de un momento a
otro podrían arrancarme mi bolso y llevarse mis cosas. No quiero que me roben.
La idea hace ruido en mi mente. Tomo el bolso de mi espalda y lo situó en mi
pecho a modo de una cangurera y comienzo a caminar con agilidad por el gran
boulevard de Sabana Grande sorteando a las personas para no chocarme con
ellas o que no me lleve un carro en los cruces.
Por un momento me detengo en medio del camino y observo al horizonte del
camino que me queda para llegar hasta donde agarrare el transporte. Parece una
marea de gente a la que me debo de enfrentar, eso sin contar los puestos
ambulantes del camino, los motorizados que por alguna razón también andan
junto con los peatones como si nada, una carretera mas. Respiro profundo y
suelto el aire después de contenerlo.
— Uf, todavía queda camino — me digo con voz cansada — Podría tomar el
metro; pero…
Miro las personas bajar por las escaleras de una de las entradas de la
estación.
— No. Tendría que estar loca para entrar ahí justo a esta hora. Ni se te ocurra
Diana — niego con la cabeza.
Aprieto el bolso contra mi pecho una vez más para emprender mi camino.
Vamos.
No doy ni quince pasos cuando siento algo desagradable que me salpica en los
pies. Miro al suelo y recuerdo con claridad lo que no me gusta de este camino,
esas odiosas baldocitas que van por todo lo largo y ancho del boulevard para
adornarlo; pero muchas se han desprendido por el tiempo, y en esos pequeños
espacios cae cualquier cantidad de cosas, agua, agua sucia, orine, suciedad,
escupitajos y quien sabe que otra clase de asquerosidades.
— Asco…— cierro los ojos y suelto aire para calmar la sensación
desagradable.
Pésimo día para andar en sandalias. No puedo detenerme para solucionar esto,
dejo de un lado el asco que siento y continúo mi camino para salir de allí. Camino
algunos metros logro ver la gran torre que tiene un reloj digital en lo alto, son la
una y veinte minutos, acelero el paso. Quiero salir rápido de aquí. A mis pies esta
esa sensación pegajosa que me ha quedado después del salpicado misterioso de
las baldosas, cada paso una tortura mental. Camino, camino y camino, hasta que
por fin llego a la parada de los autobuses.
— Oh, qué alivio, parecía que nunca iba a salir de aquí — digo mientras cruzo la
calle.
Para mi suerte apenas llego al otro lado está el autobús a punto de salir. Subo
rápido y pago.
Por fin.
Me doy una relajante ducha con agua caliente, lavo mi cabello con un champú
con aroma floral y uso un jabón con aroma parecido para la piel. El vapor se siente
bien y es como si todo lo del día se fuera con el agua, fluyendo lejos de mí.
Permanezco bajo la ducha un rato, ya he limpiado bien mis pies, fue una de las
primeras cosas que hice cuando llegue; aunque antes de venir hasta el
apartamento me di una vuelta por el centro comercial que queda cercano a los
edificios, me parecía que era demasiado temprano para volver a no hacer nada
tirada en un mueble o sentada en una silla, y en su defecto, durmiendo. Fui por
algunas tiendas a ver que vendían y conseguí una librería muy bonita; pero
demasiado costosa por la zona según lo que me hicieron entender, como tenía
hambre busque un lugar para comer y conseguí un pequeño puesto donde
vendían pasteles horneados, me compre uno, y en serio. No me arrepiento de mi
compra. Ahora estoy de vuelta acá, llegue a las cuatro y cincuenta de la tarde y
todo lo encontré prácticamente igual a cuando me fui dos viejitos sin hacer mucho
y mi madre escribiendo por teléfono. Vuelvo de mis pensamientos y estoy lista
para salir. Salgo de la ducha y me coloco ropa limpia, el cuerpo tiene una
sensación suave junto con el roce de la ropa, me peino aun dentro del baño y
quito el empañado del espejo del baño.
— Te vez linda — me lanzo una sonrisa frente al espejo.
Y si, de verdad. Me siento diferente. Los baños son mágicos para las personas.
— Diana, ¿Ya estas lista? Llevas como una hora en el baño — escucho la voz
de mi madre afuera.
— Ya voy, estaba admirando lo hermosa que soy.
La noche llega rápida mientras observo el paisaje desde el balcón, los colores
que dan los arreboles son tan hermosos que me dan ganas de soñar estar dentro
de ellos. La brisa entra fría y delicada mientras yo estoy bien envuelta en mis
ropas con unas medias calentitas y mi cena al lado, apenas la he tocado, no tengo
tanta hambre, igual me la voy a comer.
Escucho que el teléfono comienza a sonar. Es una llamada. Me levant para
buscarlo en el cuarto.
— Cariño, te están llamando — veo a mi madre que viene con el teléfono en
mano.
— ¿Quién es?
— No he visto…— hace una pausa — Es Ram Mare.
— Pásamelo — le digo.
— Toma, me lo saludas— me entrega el teléfono y da una sonrisa pícara, y se
va.
— Esta bien.
¿A que vino eso?
— Hola Ram
— Dianita ¿Cómo estás?
— ¿Dianita?
— ¿No te gusta que te diga así?
— No es eso, sino que no estoy acostumbrada a escuchar a muchas personas
llamarme de esa manera — siento el rubor en mis mejillas, me he apenado
por escucharlo decirme así.
— Tranquila, solo me parece lindo como suena tu nombre así — se oye una
risita ahogada — Cuéntame, ¿Cómo estuvo tu día hoy?
— Hoy salí para encontrarme con unas amigas; pero lamentablemente no se pudo. Tuvieron que trabajar más por razones de fin de año.
— Vaya esa empresa es bastante exigente .
—Sí, pero esa es la clave de su éxito. Cuando trabaje allí fue lo máximo, claro hubieron varias cosas a las que me costó adaptarme, y a al final fue muy provechoso para mi.
— Me alegra escuchar eso. Seguro que fuiste una gran gerente.
— la verdad no lo sé. gracias por el cumplido— me rio un poco nerviosa. — ¿Tú cómo has estado?
— Super bien, hoy fui al Centro de Oremurt para hacer unas compras antes de que sea último. No quiero que me agarre el año nuevo sin nada.
— Ya veo, eres de los que te gusta hacer compras de último momento— le digo en tono divertido.
— ¿Te estas metiendo conmigo?
— Jamás, señor hago las compras a último momento.
Me divierte hablar con él. La conversación es tan fluida.
Le oigo reír y me contagio de su risa.
— Ay. Que pasada eres, ¿En que quedaste con tus amigas?
— Nos veremos mañana, tendrán todo el día libre, será mejor porque podremos hablar más.
— Que genial. Vas a actualizar la base de datos con historias de mujeres.
— Quisieras tu actualizar la tuya.
Por horas hablamos sobre nuestro día y sobre nuestros trabajos y amistades. El balcón de volvió unnlugra agradable mientras conversabamos, afuera todo está oscuro sólo dejandose ver las luces que afirman apartamentos y parte de la ciudad.
— Ya tengo sueño Diana — escucho a Ram dar un bostezo.
— Yo también — y me uno en cadena.
— Siempre es tan agradable hablar contigo — me dice.
— Lo mismo digo de ti amigo.
— Gracias. Espero que mañana te vaya bien con tus amigas, ¿Te parece que hablemos mañana también?
— Claro que sí. Estaré esperando tu llamada.