Capítulo 23

1110 Palabras
Paso todo el fin de semana en casa, como y no tengo la presión de viajar el lunes me relajo haciendo algunos de mis pasatiempos. Arreglo el cuarto, cuido de mis plantas en la ventana, escucho música de la radio, leo y veo televisión. Aun cuando no son actividades del todo interesantes para muchas personas, para mí es algo que puedo disfrutar. Arreglar un cuarto o limpiarlo puede cambiar mi estado de ánimo y como me siento en ese lugar; cuidar plantas me da un compromiso de cuidar otra vida, una responsabilidad; escuchar música, para mí eso dice mucho sobre quiénes somos y de cómo nos perciben los demás, ¿Qué música se le vendrá a las personas cuando me ven? Siempre me lo pregunto, me gusta casi todo tipo de música y la variedad de ritmos; leer, ¡Ah! Un habito que rejuvenece el alma y nutre el conocimiento durante una vida entera, ya sea con verdad, ficción y fantasías, un libro puede marcar la diferencia en nuestras vidas. Por último, ver televisión, casi todo el mundo lo hace, es un medio para entretenernos y disfrutar de cosas que hacen los demás y en su gran mayoría para criticar. Cada una de las cosas que hacemos puede tener un impacto positivo en nosotros si así lo deseamos. Me gustan los días en los que puedo desconectarme de todo, esos son estos pequeños momentos Llega el lunes por la madrugada. Me levanto temprano para despedirme de mi madre, hoy se va de viaje como quedamos, yo iré entre el viernes y el sábado para reencontrarnos y pasar las navidades y fin de año juntas con la familia Parra. Mi madre se arregla antes de viajar, su maleta este sobre un mueble mientras se observa frente a un espejo. Lleva una camisa naranja a rayas verticales con botones y un pantalón n***o de vestir. Se ve elegante como para viajar. Lleva sus eternos labios rojo sangre y su cabello perfectamente arreglado. Yo todavía tengo sueño, solo me he levantado para despedirme. Espero no quedarme dormida en el mueble en el que me he sentado, que inevitablemente se hunde con mi peso, haciéndolo más cómodo. — Ya estoy lista. Me sobresalto cuando la escucho. Me he quedado dormida. — ¿Qué?, ¿Qué pasa? — Te has quedado dormida cariño — dice mi madre con cariño — Te decía que ya estoy lista. Ya me voy. Me froto los ojos para espantar el sueño, aunque no tengo mucho éxito en el proceso. Me lleno de fuerza de voluntad para levantarme del lugarcito que me he hecho. Mmm, me estiro. — Te has arreglado rápido. — ¿Rápido? Me he tardado bastante, me di cuenta de que me faltaban algunas cosas por arreglar y tuve que correr. — Lo bueno, es que ya estas lista. — le levanto un pulgar en señal de que todo está bien. — Si, espero que no se me haga tarde. — Vas a buen tiempo. No te preocupes. — Por último, ¿Cómo me veo? — Vas muy elegante. Te ves bien. — ¿Segura?, ¿no se ve muy exagerado para viajar? — No, si tú te sientes cómoda como vas, quédate así. Yo creo que te ves bonita. — Gracias mi niña. — me da un abrazo con fuerzas — Cuídate en estos días, no vayas a estar inventando. — ¿y que podría inventar yo sola? — la miro con ironía. — Ay, ya sabes a lo que me refiero — me dice con el ceño fruncido. — Tranquila — le doy una media sonrisa — no pasara nada. Afuera en la calle aun esta oscuro, solo se ven algunos gatos corriendo como rayos. Estoy en la entrada principal con mi madre y su maleta, apunto de partir. Ya se ha ido despejando el sueño, ahora solo siento el frio que recorre el lugar. — Hace bastante frio — me abrazo frotando las manos contra mi cuerpo para calentarme un poco. — Ya es la época de frio. Imagínate, acá nos estamos casi congelando por las mañanas, ¿Cómo será en Sacarac que de por si es más frio? — Uf. Si. Llevare mis mejores suéteres, sino me congelare. — Bueno, ahora sí. Me voy. — dice levantando su equipaje. — Te quiero mama. Cuídate en el camino. — También te quiero mi niña. Espero que disfrutes con tus amigos estos días. Diviértete. — Lo hare, no lo dudes. Con sus cosas en mano la vi caminar por la calle, me quede parada en la puerta hasta que vi que subió a un autobús que la llevaría hasta la terminal para viajar. Apenas esto ocurrió, entre a la casa y realice mi rutina de siempre. Apagar las luces y volver a mi cuarto a dormir; pero esta vez no tengo sueño, tanto tiempo despierta desde que me levante me lo ha espantado por completo. Son las cinco y media de la mañana, ¿Qué puedo hacer a esta hora? Tomo mi celular y entro en mi red social, comenzando a explorar el mundo de entretenimiento con imágenes chistosas y una que otra reflexiva. Veo que tengo mensajes nuevos. No puedo evitar pensar en el tipo de personas desagradables que me escribieron la vez pasada. Espero que o sea nada de eso. Entro en el mensaje que me han enviado. Es de un amigo que hice en el trabajo. Hola amiga, ¿Cómo estás?, ¿Cómo te ha ido por tu casa desde que regresaste? Yo he estado muy bien. George Barro. Vaya, que sorpresa. No había sabido nada de George desde hace meses. Él vive en la provincia de Caibo, es un muchacho muy simpático y divertido. Durante cuatro meses trabajamos juntos en un equipo para el desarrollo de la empresa en un área donde aún no habíamos explorado mucho el mercado. El éxito fue poco; pero no se puede decir que no se trabajó duro para que la empresa pudiera surgir allí. A la final el término su contrato laboral y desde allí no supe más de él. Meses después decidieron cerrar el proyecto por el cual trabajamos. Le contesto. Hola George, que sorpresa ver tu mensaje. Me alegra saber de ti. Yo he estado bien, desde que llegue no me siento que haya hecho mucho, todavía me estoy adaptando a esta nueva vida. Ya tu pasaste por esto, así que debes saber cómo se siente. Cuéntame, ¿Qué has estado haciendo últimamente? Envío el mensaje y vuelvo al inicio de la página para seguir viendo imágenes. Después de un rato su respuesta no llega. Cierro la página y me acuesto a dormir.
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