—Marlene, por favor, escúchame —dijo Rodrigo, acercándose a mí mientras bajaba del carro. Su rostro reflejaba una mezcla de preocupación y frustración. No pude evitar notar la forma en que sus ojos me miraban, buscando una respuesta. Yo estaba demasiado molesta, mis pensamientos nublados por todo lo que había pasado. El encuentro con Mario en la oficina, las insinuaciones, las palabras que me habían hecho sentir tan pequeña. Y luego, Rodrigo... Él había reaccionado de manera tan celosa, tan posesiva. Mi cabeza estaba hecha un lío, pero lo único que sabía en ese momento era que no quería hablar con él. —No quiero hablar contigo, Rodrigo —le respondí, con la voz baja, pero firme. Mi corazón seguía latiendo rápido, pero la rabia me impulsaba a mantenerme en silencio. No podía seguir fingien

