La compañera de piso
Isabelle
El viaje sorprendentemente, no está resultando nada aburrido, o bueno, al menos, para mi, no.
Ya llevamos casi tres horas, en las cuales, hemos cantado canciones a todo pulmón, en la radio, he leído un poco, y he disfrutado el viendo de la carretera.
—¿Qué piensas estudiar Isabelle?—pregunta Reese, desde el asiento delantero.
Yo estoy pegada a la ventana, con mi mano aplastando mi mejilla.
—Filosofía—respondo distraída.
—Juraba, que estudiarías literatura.
Sonrió por inercia, si me tente a estudiar eso, muchas más veces de lo que me gustaría admitir, siempre veo el lado positivo, mis padres anhelaban que estudiara medicina, de ninguna manera, eso seria posible.
—Mis padres deseaban que estudiara medicina—repone mi hermano, desde el asiento delantero.
Logro ver cómo sonríe, desde el espejo delantero.
*****
El tiempo restante del camino, me quede dormida.
Unos leves toques en mi mejilla, hacen que me despierte lentamente, abro los ojos, algo adormilada, para encontrarme con esos ojos fastidiosos, y fascinantes a la vez, me levanto despavorida, alejandome lo mas rápido posible.
Él me observa confundido, por mi evidente reacción.
—Ya tu residencia—informa.
Asiento, me paso los dedos por mi cabello, tratando de calmarlo un poco, mientras bajo del auto.
Frente a mi, están tres edificios, color gris viejo, algo desgastados por fuera. A simple vista, no es tan ameno, esperemos que este mejor por dentro.
Los chicos, me ayudan con mis maletas, con su ayuda las arrastro, Joe abre la vieja puerta, que cruje cuando la estira mi hermano. En la entrada, se encuentra una chica, rubia, esta detrás del mostrador, al verme sonríe.
—¡Hola!—saluda.
Me acerco al mostrador.
—Hola...
—¡Bienvenida!, ¿me podrás dar tu nombre?
—Claro... Isabelle Collins.
Comienza a teclear, con suma rapidez, en el monitor de su computadora.
Se levanta de su silla, con una llave abre la vitrina donde reposan, todas las llaves numeradas, saca la llave dorada, con el numero 24, la toma y me la extiende, después saca una hoja y me tiende un bolígrafo.
—Esta es tu llave, solo tienes derecho a un repuesto, y tendrá un cobro extra, solo firma esto, es la confirmación de que recibiste la llave.
—De acuerdo—tomo el boli, y firmo.
—Me hace feliz anunciar, que soy tu compañera de habitación.
—¿De verdad? ¡genial!—murmuro.
—No soy ruidosa, ni incomodo a nadie—repone rapidamente.
—De acuerdo...
—La habitación esta en el cuarto piso, en ascensor no sirve, estos edificios llevan siglos de existencia.
—Lo bueno que tengo quien me ayude—susurro.
Sonríe—Me llamo Alicia.
—Yo Isabelle.
—Lo sé, hace un segundo te pregunte.
Sonrió—Es cierto...
—Te dejo, para que te acomodes.
—Gracias...
Tomo mi llave, y comienzo a subir las escaleras con una maleta en la mano, cuando siento que alguien entrelaza sus dedos con los míos, arrebatándome la maleta.
—Dejamelo a mi—murmura Reese.
Asiento.
Subimos las viejas escaleras, hasta que llegamos al piso acorado, el cuarto, al fondo, la ultima puerta, se adorna con el número 24.
Introduzco la llave, y después de varios intentos, finalmente gira, dejándome abrir la puerta.
Abro la puerta, que rechina al hacerlo, a simple vista, el apartamento es pequeño, pero cómodo.
Entro al pequeño espacio, y me siguen los chicos.
—¿Estás segura de quedarte aquí?—pregunta mi hermano—Puedo conseguir algo mejor para ti...
—O incluso puedes quedarte un tiempo con nosotros—agrega Reese.
Eso es lo que él quiere...
Olvide mencionar, resulta que Reese, es el nuevo compañero de apartamento de mi hermano, antes era Logan, pero supongo que ahora las cosas han cambiado un poco...
Tengo tantas dudas, rodeando mi cabeza, lo primero, es el por que, si sus padres tienen una casa aquí, él renta un apartamento...
—Estaré bien, aparte necesito mi privacidad.
—En el apartamento son tres habitaciones—murmura Reese.
—Me quedaré aquí—digo decidida.
—Bueno, pero cualquier cosa que necesites, me llamas, ¿promesa?—responde mi hermano.
—¡Lo prometo!, ahora vayan a su apartamento, que yo tengo que desempacar.
—Cuidate sis—se acerca Joe, y besa mi mejilla—No dudes en llamar...
Abre la puerta y sale.
Reese se acerca a mi.
—Repito lo que dice tu hermano, ten cuidado, el campus es peligroso.
—Se cuidarme.
—Y no lo dudo, solo mantén los ojos abiertos, y llama si pasa cualquier cosa.
—No tengo tu telefono—carraspeo.
Sonríe—Eso fácil se soluciona.
Saca un bolígrafo del bolsillo trasero de sus vaqueros, se levanta la manga de su suéter y me ofrece el boli.
—Escribe tu número...
Tomo el biógrafo y comienzo a escribir mi teléfono sobre su piel, me has imposible concentrarme, al ver sus venas cargadas, me muerdo el labio y termino, le entrego el boli.
—Te escribiré...
—¿Siempre sueles llevar bolígrafos en tus vaqueros?—cuestiono.
Sonríe—No siempre, solo cuando estoy cerca de una chica linda, por que es seguro que le pediré su número...
—Supongo que siempre estás cerca de chicas bonitas...
—No todas me interesan—estira su dedo y toma un rizo rebelde que se escapo de mi moño.
—Rizos...—agrega.
Para después salir y cerrar la puerta.
Respiro hondo.
Tenerlo cerca, esta resultando, algo complicado, más de lo que creí, me tomo por sorpresa su presencia, y su interés en acercarse a mi hermano.
Ojeo un poco el pequeño apartamento. Mis padres insistieron, en pagar un poco más, pero que tuviera mi privacidad, ya que si costeaba la residencia común, tendría que compartir duchas. Por ende decidieron pagar más, para que tuviera mi propia habitación y un baño decente.
Observo la pequeña sala, que se acomoda perfectamente al espacio, una mesa de centro, otra mesa un poco más grande, donde reposa una televisión, volteo a la izquierda, y logro ver mi habitación, deduzco que es la mía, por lo vacía que se ve. A mi derecha, esta un pasillo con dos puertas, una tiene escrito el nombre "Alicia" con letras color neon, la otra puerta no tiene nada, deduzco que es el baño.
Arrastro mis maletas a la habitación, mis padres se encargaron de mandar unos muebles, hace algunas semanas, tengo mi cama, dos pequeños muebles que funcionan perfecto como mesa de noche, un escritorio pequeño, y un librero más limitado, que el que tenia en casa, me acostumbrare a ello.
Paso toda la tarde desempacando, acomodo toda mi ropa, bueno, eso intento, por que el closet es tan pequeño, que solo entro, la mitad de mis cosas, lo demás, tuve que dejarlo en las maletas. Acomode mis libros, no sé en que momento creí que había empacado pocos, en realidad empaque más de los que pensé, al final del día, termine llenando el librero, tuve que acomodar los libros faltantes, quedaron en un rincón de la habitación.
Termino de hacer la cama, cuando la puerta del apartamento se cierra, después se escuchan unos leves toques en mi puerta.
—Adelante...—musito.
Se abre la puerta, dejando ver a Alicia, mi compañera de apartamento.
—Hola... espero no molestarte.
—¡Para nada!, pasa.
Sonríe y obedece, examina toda la habitación, aun con la sonrisa intacta sobre sus labios.
—Quedo muy bien...
—Gracias, de verdad necesitaba darle mi toque...
—Si, ha estado muy vacío.
—¿Desde cuándo no se usaba?
—Desde casi un año—responde
Abro la boca, sorprendida—¿Y eso por qué?
—La última en usarlo, solía ser mi mejor amiga... desde ella, decidieron, no rentarlo, por un tiempo.
—Supongo que tu mejor amiga se mudo a uno mejor...—sonrió mientras continuo guardando mi ropa.
—Ella falleció—susurra.
Volteo a verla—Lo lamento...
—Esta bien, ya paso... de verdad me alegra, que tú lo vayas a ocupar, ya no me sentiré tan sola.
Seguimos conversando, un poco más, hasta que decidimos, en ir a cenar. Me doy una ducha rápidamente, me trepo una falda negra, con un top color cereza, y una chaqueta negra a juego con la falda, mi cabello suelto, y decido no ponerme maquillaje. Alicia se coloca un lindo vestido de flores. El clima esta demasiado agradable.
Alicia es muy bonita, es la clase de chicas, que logra ganarse un montón de miradas, su cabellera rubia, con esos ojos color miel, hacen una combinación perfecta, de verdad, es linda, solo que evidentemente, no aprecia su belleza.
Vamos a un bar, que esta a unas calles de ahí. Un montón de motocicletas, se aparcan en aquel bar, caminamos cuidadosamente hasta la entrada de este, logrando acaparar la atención de algunas personas a los alrededores.
Entramos al local, esperamos algunos minutos, hasta que finalmente, nos asignan una mesa.
Ambas pedimos una cerveza.
—¿Qué estudiaras?—me pregunta Alicia, mientras guía la botella hacia sus labios y saborea el sabor de la bebida.
—Filosofía...
—¡Júralo!—murmura.
—Lo juro...
Sonríe—Yo también estudio eso, solo que yo soy un grado mayor.
—¡Genial!, te pediré ayuda, cuando sienta que no puedo más.
Sonríe—Estaré encantada de ayudarte.
Pase una noche increíble.
Alicia es fabulosa, y amable. Bebimos unas cervezas más y pedimos unas hamburguesas, después pagamos y caminamos a casa.
Charlamos tanto, nunca se nos acababa la conversación, hasta que los ojos se me estaban cerrando, ya no pude luchar con el sueño, y caí rendida a la cama.
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