Cuando despertó en la mañana el cansancio y los golpes de la noche anterior tomaron factura completa sobre su cuerpo impidiéndole colocarse de pie con facilidad. Desde hacía un buen tiempo la comunicación con sus compañeros se había ido rompiendo hasta el punto en que Sambrano estaba siendo aparatado y rezagado. Aunque El perro no sabía a ciencia cierta de que se trataban los negocios en los cuales Gato, Vaca y Rata se había estado metiendo desde hace unos días, luego de la muerte de Gil, sí tenía sospechas y la sola idea lo aterrorizaba.
Desde hacía días incluso Gato había dejado de asistir al lavadero de autos causando un gran vacío para sus compañeros al tener que acudir a métodos convencionales para llegar a los lugares más apartados y estrechos de los vehículos. El chico se había vuelto difícil de tratar y aunque sambrano intentó confortarlo para sacarle una respuesta de los nuevos secretos, Gato bajaba la mirada y respondía con cuatro piedras en la mano y se alejaba alegando que no era de su incumbencia. Todas las noches el trio de chicos se iba y no regresaba sino hasta el amanecer en silencio y tratando de ocultar los pasos, así como con cantidades irrisorias de dinero que tampoco lograban explicar.
Mientras Perro despertaba en un nuevo día con la cara inflamada y el cuerpo adolorido, con ganas de continuar durmiendo y sin a quién recurrir por un vaso de agua, se sintió más solo que nunca. Fuera lo que fuera que estuvieran haciendo esos idiotas, él sentía un impulso por unirse a ellos tan solo por sentir un poco de compañía y de pertenencia a un grupo. Tal vez, pensó, todo se debiera a la dura conversación que tuvieron una vez que el cuerpo de Gil fue enterrado en una lápida sin nombre en un cementerio desconocido de la ciudad.
- ¡No puedo creer que ninguno de ustedes me apoyó con las vueltas para darle sepultura a Gil! ¡Era nuestro hermano! -. Reclamó Sambrano una vez que llegó a casa y encontró a los chicos sentados en circulo en la habitación.
-Lo queríamos tanto como usted, no tiene por qué reprimirnos y achacarnos su muerte-. Contestó Rata con indiferencia.
- ¿Tan poco era lo que les importaba que ni siquiera me acompañaron a mirar en que cajón guardaron su cuerpo? -. Replicó de nuevo Sambrano con molestia.
-Perro, él ya está muerto y nosotros seguimos acá, junto a todo lo que lo llevó a su muerte. No es tiempo para llorar por alguien que no volverá-. Contestó Vaca que no levantaba los ojos de su juego de naipes.
Sambrano sintió una ira incontrolable que recorrió todo su cuerpo, ira que se alimentó del miedo y la confusión por no reconocer a sus compañeros. El perro no era capaz de entender cómo la personalidad de sus amigos había cambiado tan solo en un par de días en los cuales él se había encargado casi por completo de velar por el destino de su compañero caído. El asco y la repulsión por las palabras de Vaca, quién había creído que sería el más afectado por la perdida, lo sacaron de sí mismo y lo llevaron a levantar de una bofetada a Vargas regando por el suelo su maso de cartas.
- ¿Cómo se atreve a decir eso de él? Creía que él se merecía al menos una pizca de respeto-. Reclamó Sambrano mientras zarandeaba por el cuello a Vargas.
-Tan solo estoy diciendo que tenemos que preocuparnos más por quienes están allá afuera y son los culpables de su muerte. Si en realidad respetamos su memoria no podemos olvidarnos de los culpables-. Contestó Vargas con desinterés y con la aprobación de sus otros dos compañeros.
- ¿pero a ustedes qué fue lo que se le metió a la cabeza? -. Preguntó Sambrano confundido mientras se alejaba de los chicos que ya no parecían sus compañeros. -Yo los vi morir. Murieron de una forma horrible, arrastrados por el suelo y pisoteados por la gente. Díganme ¿De qué están hablando?
Rata se adelantó a su compañero tratando de tranquilizarlo colocando su mano en el hombro de Sambrano. El chico, aunque más acuerpado y fuerte que Rata, notó con terror como la fuerza de su amigo había cambiado y que su gesto era más amenazante que amistoso.
-No lo entiende-. Contestó Rata con una voz de tranquilidad y una mirada vacía. -Ellos no fueron más que una pieza del engranaje de todo lo que ocasionó la muerte de Gil. Si queremos honrar su memoria tenemos que destruir los engranajes y detener la maquinaría que lleva a que estas situaciones se sigan presentando.
-No lo entiendo ¿qué se supone que es lo que pretenden hacer?
-Si no lo comprende por usted mismo, o se obliga a ignorarlo, entonces no merece que se lo tengamos que explicar. Esto no es una pretensión por hacer algo, es un sentimiento que vive en nosotros y no podemos mostrárselo-. Contestó Vaca rodeándolo contra la pared.
-No sé qué fue lo que se les metió en la cabeza a ustedes, pero no me gusta nada-. Exclamó Sambrano con horror. -Si no nos hubiéramos ido del orfanato…
-Si no hubiéramos huido del orfanato Gil estría vivo, probablemente-. Rata interrumpió el confuso monologó que Sambrano estaba por decir. -él estaría vivo, pero jamás hubiéramos sido capaces de ver la realidad de este mundo.
Sambrano no pudo soportar más las palabras de sus compañeros que al parecer se habían vuelto locos por completo. Sus palabras no tenían el menor sentido ¿Qué significaba romper el engranaje? ¿Qué se supone que harían unos niños contra todo un sistema corrupto y podrido? Algo aquella noche los había contaminado, y aquella contaminación no debía venir más que de Rata. El chico trató de negárselo a sí mismo buscando razones para confiar en su amigo, pero la cabeza le daba vueltas y no tenía mente para soportar tanto después del haber dejado a uno de sus amigos en una caja de concreto aquella misma tarde.
Los días pasaron y aunque Sambrano trató de indagar en los negocios en los que se habían metido sus amigos, sus investigaciones fueron inútiles. Héctor ya no parecía interesarle asistir al restaurante por el que tan solo unas semanas atrás llegaba presumiendo. Sus ojos y su mentes estaban enfrascados en aquella lucha de la que tanto hablaban y murmuraban los chicos, un sueño que parecía tan irreal, pero a la vez tan peligroso y que los estaba consumiendo por dentro.