Con Locura y Desesperación
Victoria
La luz de la mañana se cuela por la ventana y alumbra cada uno de mis movimientos, ya son las seis de la mañana y aún no salgo a trotar, es que hoy ha sido de esos días en los que prefiero quedarme en casa durmiendo todo el día.
Miro a mi lado y, mi novio, duerme plácidamente, en el fondo lo envidio por poder dormir tan profundamente, en cambio yo desde hace muchísimo tiempo no he podido gozar de ello.
Y es que apenas puedo dormir de tres a cuatros horas cuando mucho… no desde que ocurrió aquello.
Me levanto de la cama tratando de sacudir la pereza y me dirijo a la ducha, un buen baño de agua fría para despertar mis nervios que se encuentran apesadumbrados y estaré como nueva.
— Buenos días mi amor — Esteban me saluda sentado en la cama, lo miro y me da nostalgia, con su cabellera alborotada y su cara de mucho sueño, siento mucho cariño por él.
— Buenos días dormilón — me acerco y le doy un pequeño beso en la frente.
— Tener que salir tan temprano un fin de semana me pone de mal humor, no entiendo cómo es que mi jefe no respeta el tiempo de los demás—
— Nada ganas con quejarte, solo dañas tu día e igual debes ir, así que es mejor que vayas tranquilo, a menos que no le hagas caso y te quedes en cama todo el día— mencioné tranquila.
— No, debo ir… yo no sé cómo haces para estar tan tranquila siempre, nada te perturba… a veces es estresante — dice pasando sus manos por el cabello. Le ofrezco una media sonrisa.
—Mucho tiempo de práctica supongo —Termino de calzarme mis deportivos. — Bueno, voy a salir a correr un rato—
No le doy tiempo de responder y salgo a toda prisa para relajar mis músculos…
Vivo en una Isla del Caribe y todos los días salgo a trotar a la orilla de la bahía, es muy gratificante, sentir el viento salado y el aire repleto de mar y esa calma tan impresionante. Me detengo unos minutos a observar el horizonte, el sol se pone tímidamente y lo detallo tal como si estuviera admirando una obra de arte.
Es esa tranquilidad es la que me invita a pensar en todos aquellos episodios que me hicieron sufrir en un pasado... con mi padre. Tenía tantas cicatrices y con ellas recuerdos. Extrañaba a mi familia y la unidad que éramos, pero debía estar sola y aunque no era fácil por el país donde me encontraba, no era la típica chica que se rendía, luchaba incesantemente.
—¡Victoria!— decía Fernanda acercándose. —Casi no vengo — y reí mientras la abrazaba. En un segundo subí esas paredes. Era muy extraño ver a Fer dos días seguidos. Ella no es muy constante en sus acciones. —es que anoche me tomé unas copas con unos compañeros de trabajo y la cosa subió un poco de tono, así que básicamente he dormido alrededor de tres horas—
— Llegas justo cuando comienzo mis estiramientos y calentamiento— dije. Fernanda es mi amiga desde que llegué a la Isla, es gay y un poco alocada, a veces salgo con ella pero me cuesta seguirle el ritmo.
— ¿Tu de fiesta? Eso es realmente raro — le sonrío y ella me da un pequeño empujón. — Y cuéntame, ¿Qué hiciste? No quiero detalles sexuales y no te rías que es en serio—
— Tu siempre de aburrida — y me saca la lengua mientras comenzamos a trotar lentamente. —Pues fuimos a “Tango's club” y había barra libre, así que básicamente nos tomamos hasta el agua del grifo… en fin, lo que sé es que amanecí con un dolor de cabeza terrible y una morena espectacular a mi lado — negué con la cabeza. — Lo peor es que no me acuerdo de nada ¿Puedes creer eso? Le pedí su número porque debo probar sin una gota de alcohol en mi cuerpo para poder contar con mis cinco sentidos y disfrutar a plenitud—
—Nunca cambias querida—
—Y tu siempre de aburrida querida— ahora soy yo quien le saca la lengua. — Pero cuéntame ¿Cómo está todo? ¿Esteban? ¿Te llevó a la playa e hicieron el amor apasionadamente o fueron a bailar y pasaron la mejor noche de su vida? — le levanto una ceja por su sarcasmo al escuchar eso.
—No hice gran cosa, escuchar un poco de música hasta que llegó a casa y nos acostamos— me miró entrecerrando los ojos como si le mintiera. —Quita esa mirada que sólo dormimos—
— Oye Vic, no comprendo por qué estás con él, es bastante aburrido, no son precisamente la pareja de ensueño, mereces alguien mejor —me mira fijamente y yo niego con la cabeza.
—Es mi novio y lo amo, a mi manera, pero lo hago, además mi vida no es tan mala como parece—
— Si claro, ¿Entonces? ¿”Tango's club” esta noche? Hoy invito yo.
— Está bien, estás loca — y le sonreí abiertamente. Fernanda me lleva hasta mi casa y subo las escaleras un poco acalorada, me doy otra ducha fría y semi desnuda prendo la laptop para revisar mis r************* , comienzo por f*******:.
Acepto un par de solicitudes de amistad y reviso las sugerencias de grupos y amigos, me uno a unos cuantos de lectura. Amo leer, es mi pasión, en especial los clásicos, Jane Austin, Shakespeare, León Tolstói y muero por un poema.
También me gusta escribir, y es que precisamente imagino historias desde que tuve razón. Ser escritora, es un sueño que no descarto. Tal vez no lo haga muy bien pero me gusta por ahora reflejar mis pensamientos, sentimientos y deseos en un papel, es extraordinario.
Después de clickear por un rato, veo un grupo de escritores aficionados “Escritores del S. XXI” y solicito unirme, recibiendo respuesta inmediatamente ¡Wow!.. Pensé.
Tengo tiempo de sobra así que decido curiosear un poco en él, hay muchos escritos interesantes de autores anónimos, frases célebres, citas y una conversación interesante sobre la creación de un grupo a través de w******p.
me dije. Así que luego de pensarlo un poco decido enviar mi número para ser agregada.
Sonrío para mis adentros por tal invento, nunca lo había hecho, pero ¿qué puedo perder por hablar con personas desconocidas?, con la precaución necesaria por supuesto.
Aprovecho y reviso mi correo, el de la universidad y otras cosas hasta que me aburro y decido arreglarme para continuar con mis diligencias.
Ese día más tarde, fui a la casa hogar, que alberga alrededor de 50 niños maltratados o huérfanos. Voy cada semana, desafortunadamente no puedo ir todos los días, pero los sábados estoy allá… sin falta.
Hay un pequeño niño con el que tengo mayor afinidad, su nombre es Daniel, su madre lo maltrató durante muchos años, hasta que lo abandonó con una de sus vecinas.
Y aquí está… Siempre con un semblante triste pero sonriendo cada vez que me ve, a sus diez años lo considero muy inteligente y adelantado para su edad, quisiera poder ayudarlo a salir adelante.
—¡Victoria! — me saluda efusivamente con unos ojos negros llenos de ternura, su piel está aún más tostada por su afición por el fútbol y el constate tiempo que se expone al sol. Me abraza muy fuerte y caminamos hacia la plaza del lugar.
— Mi pequeño Daniel ¿Cómo has estado? Ya casi estás de mi tamaño eh — me sonríe abiertamente.
—Pues bien, organizamos un torneo, ¿Te he dicho que me encanta el fútbol?
—Pues si, me alegro mucho, debes anotar muchos goles ¿Vale?— él asintió.
—¿Cuándo vendrás a verme jugar?
— Prometo hacerlo el próximo fin de semana — lo abracé fuertemente. — Por cierto, te traje un par de cositas — y le entregué una bolsa con unas prendas que pude conseguir. —Espero aún te queden porque de verdad has crecido muchísimo—
— Victoria... Me gustaría tener una madre como tu —
— Oh Daniel — sus ojos vidriosos me crearon un nudo en la garganta y sólo me quedó abrazarlo fuertemente. — Me encantaría tener un hijo cómo tu—
— ¿Y por qué no me adoptas?—
— Pues… — su pregunta me descolocó un poco, no se me había ocurrido, pero es un tema un poco complicado. —No lo sé, vamos a ver qué pasa ¿si? Yo no tengo una vida que digamos… modelo y además no estoy casada—
— ¡Victoria! querida, un gusto saludarte— Sonia es la directora de la casa hogar, es una señora muy amable que se preocupa por los niños.
— Sra. Sonia ¿Cómo está? —
— Muy bien hija, te invito un café — le doy un abrazo fuerte a Daniel y me marcho al despacho de la directora. —Y cuéntame hija ¿Cómo has estado? —
— Bien, un poco ocupada, porque estoy terminando los estudios y trato de trabajar todos los días, no ha sido fácil este rol de profesora— dije muy sincera. Estudiaba Idiomas Modernos y desde siempre supe cuál sería mi vocación.
— ¿Pero te sientes bien?—
— Claro, usted sabe que enseñar es mi pasión— y sonreí.
— Correcto… verás Victoria, no sé cómo decirte esto… pero la madre de Daniel apareció y se lo quiere llevar— la sonrisa se borró de mi rostro.
—¿Cómo? ¿Puede hacer eso? —
— Aparentemente, el estado me obliga a entregárselo, es su madre… —
— ¡Pero Sonia! Ella lo maltrató durante mucho tiempo—
— Lo sé, pues al parecer está “arrepentida” o algo así y estuvo muy sensible en el proceso.
—Al menos... ¿podrían asignarle algún funcionario que los vigile? No lo sé, quizás por un tiempo—
— Victoria … hija… no es tan fácil, eso implica muchísimo dinero y el estado alega que no cuenta con personal suficiente… sabes cómo son las cosas aquí —
— ¿Cuándo se lo lleva? — pregunto negando con la cabeza.
— No lo sé Victoria, en cualquier momento vendrá a buscarlo… supongo.
— Pero Sra. Sonia… no es justo— una lágrima se escapa de mis ojos.
— Comprendo que te sientas mal, pero no podemos hacer nada hija…—
—Lo siento Sonia… debo irme…—
Salgo corriendo al parque donde se encuentra Daniel hablando con sus amigos, es increíble que a pesar de todo lo que ha pasado, sigue allí, riendo y disfrutando de las pequeñas cosas que le ha dado la vida.
La vida… A veces es tan cruel, en ocasiones no comprendo las cuestiones del destino, ningún niño merece sufrir, ellos son nuestro futuro y deben recibir todo el amor y la atención que le podamos dar. Y aun así, su inocencia les hace olvidar y perdonar rápidamente.
Es triste…
Daniel desvía su mirada y me observa con una gran sonrisa y me señala la camiseta que le regalé, le muestro los pulgares arriba y le lanzo un beso… nos despedimos a lo lejos, no puedo evitar llorar mientras camino hacia la calle…
Quizás sea la última vez que lo vea y no estaba preparada.