Con Locura y Desesperación
Victoria
La tristeza que tengo en este momento es terrible, siento como si hubiesen atravesado mi corazón con un puñal. Ese niño se metió en mi vida desde hace tiempo, realmente lo quiero como un hijo y deseo que tenga una linda vida.
Pero es una lástima que no pueda hacer nada al respecto.
Quisiera poder arrancarlo de las garras de esa bruja, pero es imposible. Solo puedo desear de todo corazón que sea feliz.
Llego a casa y enjugó mis lágrimas con el dorso de la mano mientras me apoyo de la puerta que he cerrado más lento de lo normal. De frente me consigo los ojos de un Esteban confundido por mi expresión.
— Victoria ¿Qué sucedió? —
— Perderé a Daniel. Sonia me dijo que pronto se lo llevará su madre y eso me tiene devastada—
— Amor, tu sabías que tarde o temprano eso ocurriría, te dije muchas veces que no te encariñaras con él y no me hiciste caso, ahora debes seguir tu vida— me lo dijo sin siquiera alzar su mirada.
— Es increíble el poco tacto que tienes Esteban—
— ¡Ay vamos! Ese niño no es tu sangre, disculpa si sueno mal pero es la cruda realidad amor— en ese momento se acerca a mí y me abraza. — Si quieres un hijo, tengamos uno, juntos, que cuidemos y amemos— sus palabras eran con más ternura esta vez.
— Iré a darme un baño — digo esquivando su respuesta y soltándome de su agarre.
No sé por qué le estoy huyendo a esa propuesta, es lo más lógico, Esteban y yo vivimos juntos desde hace algún tiempo y es parte de la ley de la vida. Pero es que… no sé… ¿Realmente quiero estar tan atada a él? Lo quiero de alguna manera, pero… ¿Lo amo?
Salgo a la cocina vistiendo sólo una franela de mi hermano que me queda como un vestido y me dispongo a hacer un poco de comida, en el fondo aún me duele el tema de Daniel, pero debo distraerme, no es fácil esta situación.
— Te ves muy sexy amor — Esteban me toma por la cintura y me deja un reguero de besos en el cuello y no siento absolutamente nada, antes mi cuerpo respondía inmediatamente, pero ahora… es como si ya la llama se hubiese apagado.
Triste.
— Esteban no estoy de humor—
— Vamos amor, si queremos un bebé debemos comenzar ¿No? —
—Esteban… — lo aparto de un golpe.
— ¿En qué momento te volviste tan fría? —
— En el momento en que te mencioné que teníamos problemas e ignoraste todo como de seguro lo harás ahora —
— Hay cosas que por mas que quisiera remediar, no tengo el trabajo ideal Victoria —
Y se marchó lanzando la puerta de un golpe.
Suspiré resignada. Deseaba cosas como cualquier mujer y Esteban nunca podía o simplemente ignoraba mi pedido de cambiar de empleo para un futuro mejor.
Ya reconocíamos que el país en el que estábamos era difícil, pero entre los dos todo podía ser posible.
Me dirijo al televisor y coloco un concierto de las Pussycats Dolls y casualmente suena “I don’t need a man” y la escucho atenta.
“I don’t need a man to make me feel”…
Y mientras tatareo, admiro descaradamente el cuerpo de cada una de ellas y enseguida mi mente comienza a jugarme sucio.
Habían sentimientos en mi que por la religión de mi madre, escondí. Desde la la niñez supe que sentía diferente pero nunca me dejé llevar por mi emociones. Aunado a ello, no me encapsulé en que me gustaba solo un hombre, también disfrutaba de la vistosidad femenina.
— ¡Pero qué demonios!— Niego con la cabeza. Debía mantenerlo así.
Me distraje cocinando pero en ningún momento interrumpo la música.
Al cabo de un rato ya tengo el almuerzo listo y me siento tranquilamente, mientras chequeo mi celular y me fijo que tengo mensajes en el grupo de escritores en w******p. Ese que me estaba gustando mucho.
Una conversación muy cómica se formaba que en ocasiones reía y en otras, ponía los ojos en blanco.
Desconocido 2: Vendamos a Luis, yo administro las ganancias, así tendré dinero para visitarlos.
*…*
Desconocido 3: No te harás millonaria a costa mía -.-
Pero ¿De qué demonios hablan?, Pensé.
Eduardo: No creo que nos hagamos millonarios por vender ese saco de huesos… Alquilemos a Anna, es más linda.
Anna de inmediato comenzó a preguntar: ¿A mi? ¿Y Por qué? Yo estoy tranquilita aquí… déjenme…
No pude contener la risa. Anna era una chica que vivía en el mismo país que yo y aunque no habíamos conversado lo suficiente, era divertida.
Los demás se concentraron en todas las locuras que hablaban mientras que Anna y yo fuimos conversando de nuestros gustos tipeando sobre cada respuesta de la otra. Tanto así fue, que ella me envió su correo electrónico para que enviara mis escritos. Conversación que ya había ido desarrollando y que me mantuvo muy entretenida.
Ya en conversaciones privadas, hablamos de esos gustos que compartíamos y de los cuales nos sentíamos tan identificadas. Nuestras edades, oficios, profesión y situación sentimental fueron los temas que se adueñaron del momento. Su impresión por los pequeños detalles de esos episodios de mi vida, me hizo sentir muy cómoda. En algún momento de mi vida, callé muchas cosas y con ella estaba siendo honesta y estaba dispuesta a hablar sin ocultar tanto dolor que en el pasado, fui presa.
Después de tanto leer algunas conversaciones del grupo, sentí que me agradaba muchísimo a pesar de que están un poco locos… y que a veces no sé de qué demonios están hablando… y Anna era muy agradable, ya hasta nos decíamos “hermanas”, de tantas cosas en común que compartíamos.
El sonido del teléfono me despierta de mi ensoñación. Era mi madre ésta vez quien llamaba. Hablamos muchísimo como siempre, preguntó por Esteban, lo cual evité alguna posibilidad de que se diera cuenta de mi enojo y funcionó. De igual forma pregunté por mis hermanos y ella con gran amor, habló de ellos con mucha tranquilidad y paciencia. La religión de mi madre y la creencia que nos había enseñado, no me permitía ser quien en realidad deseaba.
Callaba demasiado, pero era necesario. La unión que tenía con ella y mis hermanos era maravillosa y no quería perder eso. Siempre que podía me recordaba el tener hijos, casarme y ya no vivir en concubinato con Esteban. Lo adoraba y yo reconocía que era una gran chico, pero el matrimonio no formaba parte favorita en mí.
Colgué luego de escuchar todo eso y de sentirme más inconforme por como llevaba mi vida.
-
Esa misma tarde, luego de analizarlo durante demasiado tiempo, decido escribirle al privado a Anna, está vez yo iniciando la conversación. Hay algo en ella que me agrada y quisiera conocerla un poco más. Temprano habíamos podido expresar ciertas cosas y bueno, me interesa leer sus escritos, a lo mejor aprenda cosas nuevas.
— Hola hermana ¿Cómo estás? —
— Hola hermanita, estoy muy bien ¿y tu? —
Luego de saludar, envié ese escrito que me había hecho sentir orgullosa en un momento y ella me había pedido.
Los nervios acabarán con mi vida y no sé por qué exactamente, de alguna manera me interesa su opinión. Estoy loca, muy loca, pensé.
— Sencillamente me encantó… escribes muy bonito hermana— respondió luego de leerlo.
Le agradecí mencionando que era la primera persona que lo leía. Su comentario, se convirtió en mi favorito. Ocultaba esa faceta mía, no todos mis compañeros de la universidad o los que consideraba 'amigos', habían leído mis relatos. Esteban si lo había hecho, pero no muy a menudo. Anna pidió que explotara esto, que lo diera a conocer. Volví a agradecerle y al mismo tiempo enviamos un texto en que decíamos lo bien que había sido conocernos.
Ella por su parte envió una foto y al abrirla no lo podía creer. Estaba admirando un color de piel blanco, con unas piernas largas y tonificadas. Su cuerpo estaba cubierto con un vestido que dejaba mucho a la imaginación. Era realmente hermosa. Mis sentidos comenzaron a traicionarme, así que guardé la imagen para torturarme luego.
Respondí con un emoji e indicando que era muy bonita. No dejé de pensar en sus ojos, parecía esconder un secreto, pero prohibido.
¡Ya basta! Pensé.
A medida que pasaban los días, Anna y yo nos hacíamos más unidas de lo normal, por lo general nos hablábamos con los buenos días y nunca paramos de charlar hasta bien entrada la noche, nos compenetramos muchísimo, primera vez que me ocurre esto con alguien que tengo tan lejos, especialmente con una mujer. Semanas pasaban y se convirtió en meses. Un ritual tener un mensaje a esa hora hizo de mis problemas, incertidumbres, angustias y soledad una vida más amena.
Cabe destacar que Anna me ha enviado mil fotos de ella… bueno no mil, estoy exagerando pero si son varias y no dejo de verlas, admiro su belleza de una forma sobre humana, es que no debe ser de cualquier mortal… esta mujer es hermosa.
Sus ojos claros como el cielo tienen un toque de picardía que me vuelve loca… esperen… ¿Acabo de decir que me vuelve loca Anna? No, no puede ser… pero bueno, sí, su belleza me encanta.
Sus piernas se ven bastante tonificadas, esta foto me encanta, su vestido se adhiere perfectamente a su cuerpo, ni un solo gramo de grasa… me pregunto cómo se verá lo de abajo.
— Pudiera apostar a que estás viendo a un hombre semidesnudo por tu expresión ¿y sabes qué? Ganaría… muéstralo ¿está mejor que yo?
¿Debo preocuparme? —
Yo soy la que debe preocuparse, deseé decir.
— No Esteban para nada, solo estoy viendo la foto de una amiga, se ve bien, es todo —
— ¿Qué? Una mujer… pues tenías una rara expresión —
— Son ideas tuyas — y le doy un beso en la frente y cuando busca mis labios me aparto —Debo ir a hacer una traducción, nos vemos en un rato… duerme —
— Que raro tu despreciándome, descansa María Victoria — cuando me llama así es porque está enojado.
-
7:20 a.m.
Era ya una hora que no podía pasar, Anna me escribía en ese momento y con el poco tiempo me había acostumbrado.
“Nota de voz recibida” y escuché atenta su voz.
¡Buen día hermanita! Aquí estoy rumbo al trabajo escuchando un poco de música, reggaetón, tu favorita, escucha. De fondo sonaba una canción que en su momento fue bastante pegajosa y que ya con ciertas conversaciones aprovechaba para hacerme un bullying terrible y eso me hacía reír.
Mi mañana comenzó con ese audio entre otras discusiones tan espontáneas de nuestra vida diaria. El grupo que hizo honor a nuestra primera presentación ya no era transitado por nosotras, todo se volvió más personal y muy rápido adquirimos ese cariño fraternal que por mi lado me hacía falta. Tenía a mis hermanos lejos y aunque conversábamos en ocasiones deseaba tenerlos cerca de mí en todo momento. Anna fue el refugio que necesitaba y el método de escape a un dolor que a menudo volvía a mis recuerdos.
Bromeé con su apellido y con la ventaja de permanecer aún en la cama cuando ella tenía que llegar a su oficina. No habíamos compartido sobre ese aspecto de su vida y yo muy poco lo hice. Me sentía un poco inferior siendo ella una mujer titulada y yo aún terminando mi carrera universitaria. Era mayor que yo evidentemente, solo dos años y eso quizá me hacía sentir segura pero a la vez subía un poco la inseguridad por siempre tener lo justo y aunque mis aspiraciones eran bastante altas, era muy realista en que faltaba mucho para ello.
Fernanda entró en ese momento, sacándome de mi conversación tan amena.
— Vaya, pero qué cara de tonta —Fernanda, es la única persona ajena a Esteban que tiene las llaves de mi casa.
Escribí a Anna de inmediato informándole que mi amiga había llegado y la atendería. Ella respondió de forma muy cortante pero creí que eran solo imaginaciones mías.
— ¿Qué haces aquí tan temprano? — le pregunto sacudiendo la pereza crónica y entrando a la ducha.
— Pues tuve que levantarme temprano porque mi tío me pidió un favor y no tengo ánimos de volver a casa a dormir, tu sabes lo hiperactiva que soy — dice gritándome para que pueda escuchar mientras me baño — Por cierto ¿con quién hablabas por teléfono? Lo pregunto porque tenías una cara de tonta terrible—
— Con una amiga que conocí hace poco, sólo estábamos bromeando — digo saliendo de la ducha vistiendo mi camiseta favorita y Fernanda me mira fijamente.
— Eres muy linda Vic, el idiota de Esteban es un afortunado — la miré y rodé los ojos riéndome. — ¿Qué? No he dicho nada que no sepas. Ese color de piel a cualquiera le parecería de infarto —
— Espero que no estés tratando de ligar conmigo. No soy esas tontas que caen rendidas a tus pies y desean bajarte hasta la luna. Tengo novio y no estoy para eso — ella rió ante esto que escuchaba de mí.
— Bueno sabes que eres un imán para las lesbianas, eres increíblemente hermosa y tu estilo da de que hablar— dice mientras miro mi reflejo en el espejo, soy morena, delgada y ojos muy negros… me veo normal.
— No sé de qué hablas Fernanda — e hice señas de que estaba loca.
— Oye, si en algún momento decides experimentar, estoy a la orden — y rió a carcajadas.
—¿Pero qué dices? Tengo novio Fernanda — y la empujé.
— Te esperaría —
— Eres idiota o te haces, probablemente ambas—
— Ambas — y rió. —Entonces cuéntame ¿quién es esa fulana con quien estabas hablando?—
— Se llama Anna, la conocí en un grupo de w******p —
— ¿Es lesbiana?— preguntó curiosa pero muy seria.
— No. ¿Celosa? — y ruedo los ojos, aunque en realidad no se lo he preguntado Anna, no lo creo. Tiene novio igual que yo y es más seria su relación.
— Muéstrame una foto — le muestro la de su perfil.
— Wow... ¡Es hermosa! ¿Si es lesbiana me la presentas? Y sino también, estoy segura que la puedo convertir— lo dice con una mirada lasciva y le arranco el teléfono.
— No Fernanda, no te la voy a presentar ¿Quedó claro?—
— ¡Vaya! ¡Pues si es por la buenas! Que lástima… se ve que podría hacerla gozar —
—¡Ya Fernanda! ¡Cállate! —
— ¿Estás celosa Victoria? —
— No… y no seguiré hablando del tema —
— Vale — y me lanza una mirada inquisitiva.
— Debo irme querida amiga, respira. No te quitaré a tu querida Anna.
Y se marcha…
Suspiro molesta… pero no sé realmente la razón… me descolocó un poco la actitud de Fernanda, no me gusta que se me insinúe aunque desde hace unos meses lo hace. Sé que es una chica realmente hermosa, pero nunca la he visto con otros ojos y sólo le tengo cariño. Por otra parte, tampoco quiero que se le ocurra atravesársele a Anna y no sé por que. No tengo idea de cómo interpretar lo que sentí cuando soltó todas esas sandeces, quise agarrarla por el cuello.
A lo mejor es una reacción protectora con carácter fraternal… sí, eso ha de ser. Seguramente es sólo que le tengo mucho aprecio a Anna y quiero lo mejor para ella.
Si… es eso.