SERGIO Luciana me mira mientras veo la pastilla en mano de Almita y espero una respuesta para ya, pues no soporto la idea de que me estén viendo la cara de idiota. — El dolor de cabeza me está matando — obviamente concuerda con lo que acabo de escuchar, pero no lo sé. — Quizá sea por tanto que has bebido, Luciana — le digo — Supongo que tienes razón — ella ingiere la pastilla y odio cuando me la razón así nada más sin discutir. — Si no se le ofrece nada más, señora, me retiro — dice Almita — Por mí está bien — Almita me mira como esperando alguna orden. — Por mí también, gracias por servir a la señora — Almita se va — Sólo deja me retoco un poco el maquillaje — ella se mira al espejo y pasa una brocha por su rostro, no sé qué se arregla tanto si está tan hermosa como siempre. —

