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Amor en horario de Oficina

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Descripción

Khoa Galeano Libón lo tiene todo a sus 23 años…una empresa de moda en ascenso, el apellido de un prestigioso abogado londinense y el respaldo incondicional de su madre, Susy Libón Park, quien lo impulsó hasta la cima del mundo del diseño, pero el éxito profesional no lo protege del desamor. Cuando su mejor amiga, socia y amante, Alexa Brown, le confiesa que su relación nunca significó nada, que solo fue sexo, Khoa descubre una verdad aún más devastadora y es que ella ha estado enamorada de su propio hermanastro, Matt, durante años. Khoa fue simplemente el "yerno ideal en papel", la fachada perfecta para ocultar una relación que la familia Brown nunca aprobaría.Herido en lo más profundo de su orgullo y su corazón, Khoa toma una decisión impulsiva que cambiará su vida para siempre. Casarse con su secretaria, Kylie Henderson. Un matrimonio de conveniencia para salvar su imagen, reconstruir su reputación, y demostrarle al mundo que nadie usa a Khoa Galeano Libón y sale ileso.Lo que Khoa no sabe es que Kylie guarda un secreto desde sus días universitarios. Y es que está perdidamente enamorada de él. Proveniente de una familia acomodada que mantiene en las sombras, Kylie ha trabajado a su lado durante tres años con la callada esperanza de conquistar su corazón algún día. Ahora, atrapada en un matrimonio nacido de la venganza y el dolor, deberá decidir si revelar sus verdaderos sentimientos o conformarse con las migajas de afecto que Khoa pueda ofrecerle.Mientras navegan entre contratos matrimoniales, apariencias sociales y secretos familiares, Khoa y Kylie descubrirán que la línea entre la conveniencia y el amor verdadero es más delgada de lo que imaginaban. ¿Podrá un corazón roto aprender a amar de nuevo? ¿O el peso de las mentiras y las segundas intenciones destruirá la única oportunidad real de felicidad que ambos han tenido?En un mundo donde el diseño perfecto lo es todo, a veces los corazones rotos crean las costuras más hermosas.

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COSTURAS ROTAS
KHOA Las cosas pueden cambiar en cuestión de minutos. Fue algo que comprendí mientras miraba cómo la lluvia golpeaba los ventanales de mi oficina en el piso 42 como si el cielo de Londres quisiera advertirme algo, pero yo, de pie frente al cristal con una copa de whisky en la mano, solo tenía ojos para las luces de la ciudad que se extendían en el horizonte. A mis veintitrés años era el CEO de Libón & Galeano Designs. El apellido de mi padre, Alan Galeano, abría puertas en los círculos legales más exclusivos de Inglaterra, pero fue mi madre, Susy Libón Park, quien me enseñó que el verdadero poder no se heredaba. Sino que se construía puntada a puntada, diseño tras diseño, decisión tras decisión. El éxito, Khoa, no es un regalo. Es una guerra que se gana cada mañana cuando decides levantarte y pelear. Solía decirme mientras revisaba mis bocetos en la mesa del comedor. Sabía que lo decía debido a lo dura que fue la vida durante su infancia y adolescencia. Y yo había peleado. Dios, cómo había peleado para llegar hasta donde estaba. —¿Celebrando solo? —La voz de Alexa me erizó la piel de esa forma que solo ella conseguía. No me giré de inmediato. Quería prolongar ese momento, ese segundo antes de que todo cambiara, aunque aún no sabía que todo estaba a punto de cambiar. Conocía cada inflexión de esa voz, cada pausa, cada promesa implícita. Alexa Brown había sido mi mejor amiga desde la universidad, mi socia cuando nadie más creyó en mi visión, mi amante en esas noches donde los límites entre negocios y placer se fusionaban. —Pensaba en la colección de primavera —mentí, volteándome finalmente para encontrarla recostada contra el marco de la puerta. Llevaba ese vestido n***o que yo mismo había diseñado para ella. Recordaba cada curva de la tela, cada medida que había tomado personalmente, la forma en que sus ojos se iluminaron cuando se lo probó por primera vez. “Me haces sentir invencible," había susurrado contra mis labios esa noche. —Siempre pensando en trabajo. —Caminó hacia mí con esa seguridad que me había cautivado desde el primer día—. Por eso somos el equipo perfecto. La palabra me cayó como agua fría. ¿Eso éramos? ¿Un equipo? Dejé la copa sobre mi escritorio, estudiando su rostro bajo la luz tenue de las lámparas. —¿Solo equipo? —Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas. Vi cómo algo cambiaba en sus ojos y la seguridad con la que entró se fue a la mierda en un segundo. En ese instante, lo supe. Mucho antes de que ella abriera la boca. —Khoa... —suspiró de una manera muy pesada y eso me atravesó como una aguja—. Tenemos que hablar. Cuatro palabras. Las más temidas en cualquier idioma para un hombre. Mi madre me había advertido sobre este momento, sobre confundir el deseo con amor, sobre mezclar negocios con sentimientos. "Las emociones, hijo mío, son como la seda. Hermosas pero frágiles. En los negocios, necesitas algo más resistente." Debí escucharla. —Escucho —dije, aunque cada instinto me gritaba que huyera, que no permitiera que esta conversación sucediera. Alexa se acercó, pero esta vez no hubo ninguna emoción de calidez en su proximidad. Era como abrazar una estatua de mármol: bella, pero fría. —Lo nuestro... lo que sea que hayamos tenido... fue bueno mientras duró —Lo sabía, sin embargo. No dejaba de doler el cómo pudo decirlo de esa forma. Mientras duró, como si ya hubiera terminado. Como si ya fuera pasado—. Pero es solo sexo, Khoa. No es para tanto. No deberíamos complicar la sociedad con... sentimientos. ¿Como que solo sexo? ¿Y las madrugadas diseñando juntos, imaginando un imperio? ¿Los secretos sobre nuestras familias, nuestros miedos, nuestros sueños? ¿Los momentos donde creí que finalmente alguien me entendía completamente? ¿Todo eso era solo sexo? Sentí que el piso se movía bajo mis pies, pero mantuve el rostro impasible. Años de reuniones con inversionistas escépticos que dudaban de mi edad, de mi capacidad, de mi visión, me habían enseñado a no mostrar debilidad jamás. —Entiendo —mentí. Porque no entendía nada, tenía mil preguntas atoradas en la garganta. —Sabía que lo comprenderías. —Su sonrisa de alivio fue peor que cualquier insulto—. Eres un hombre maduro, Khoa. Por eso te admiro. Admiración, más no amor. Se dio la vuelta para irse, y quizás todo habría terminado ahí. Quizás me habría permitido sangrar en silencio, recoger los pedazos de mi dignidad y seguir adelante, pero entonces su teléfono vibró en su bolso. Ella lo miró instintivamente. Y por mi altura, yo también. La pantalla mostraba el nombre que hizo que mi mundo se detuviera. Su hermanastro, Matt Brown y no solo eso. Detrás de eso una selfie actual donde ella besaba la comisura de sus labios. Todo cobró sentido y de la manera más brutal. Todas aquellas reuniones que fueron canceladas de último momento. Los fines de semana donde necesitaba "espacio". La forma en que últimamente me miraba como si estuviera esperando a decirme algo. Matt Brown. El mismo que ella mencionaba con desprecio en las cenas familiares, el hijo del segundo matrimonio de su padre, el que según ella "nunca entendió el negocio familiar". Ahora entendía por qué hablaba tanto de él. No era desprecio, sino obsesión de su parte y yo había sido demasiado estúpido para no verlo. —Es... no es lo que piensas —tartamudeó ella. Por primera vez desde que la conocí, vi a Alexa Brown perder la compostura. Nunca la había visto vulnerable, ni una sola vez. Siempre tenía todo bajo control, siempre tres pasos adelante. Como ahora. —¿Cuánto tiempo? —Mi voz salió extrañamente calmada, como si le estuviera preguntando sobre cifras de ventas. —Khoa... —¿Cuánto tiempo llevas acostándote con tu hermanastro? —El silencio fue su respuesta. Un silencio que gritaba meses, quizás desde el principio. Quizás nada de lo nuestro había sido real. —Fue idea mía —dijo finalmente, y eso de alguna forma fue peor—. Matt... él siempre me gustó, desde que éramos adolescentes, pero mi familia nunca lo habría aceptado. Tú, en cambio... —hizo una pausa—. Tú eras perfecto en papel. El yerno ideal para ellos. —Sal de mi oficina. —Las palabras cortaron el aire como tijeras sobre tela fina. —Khoa, la empresa... —Mi empresa. —La corregí, y sentí cómo cada lección de mi padre sobre contratos y cláusulas cobraba vida—. Revisa el contrato de sociedad que firmamos. Hay una cláusula sobre conducta perjudicial para la imagen corporativa. Tu abogado debería haberla leído más cuidadosamente. Vi cómo la sangre abandonaba su rostro. Alexa era brillante para el diseño, para las relaciones públicas, para seducir inversionistas con su encanto, pero nunca tuvo paciencia para la letra pequeña. Yo, en cambio, era hijo de Alan Galeano. Los contratos eran mi segundo idioma, la armadura que mi padre me había enseñado a usar desde niño. —No puedes... Esto es personal, no tiene nada que ver con... —La socia de Libón & Galeano Designs involucrada en un escándalo con su propio hermanastro mientras mantenía una relación con el CEO. —Levanté una ceja—. ¿Te parece que no afecta a la empresa? Las acciones caerán en cuanto esto salga a la luz. Y créeme, saldrá. —No era una amenaza y ambos lo sabíamos. —Khoa, por favor… —dijo dando un paso para acercarse a mi. —Sal ahora, Alexa. Que tus abogados hablen con los míos. —Ella abrió la boca para protestar, pero la rabia reflejada en mis ojos la detuvo. Tomó su bolso, ese Hermès que yo le había regalado por nuestro primer año como socios, y salió. Sus tacones resonaron en el pasillo como una cuenta regresiva. Cuando el sonido se desvaneció, me permití respirar profundo. Me dejé caer en mi silla de cuero, mirando el techo como si allí pudiera encontrar respuestas. Detrás de mí, Londres seguía siendo Londres, indiferentes a mi dolor. El mundo seguía girando y yo seguía siendo Khoa Galeano Libón, aunque por dentro sintiera que me habían arrancado algo fundamental. Sin poder creer lo único que fui, para la primera mujer a la que le entregué mi corazón. Eso había dicho. Que yo era perfecto en el papel del yerno ideal. Toda mi vida había sido eso, ¿no? Ser el ejemplo perfecto, ell hijo modelo, estudiante brillante, uno de los CEO más jóvenes y prometedores, pero nunca suficiente por mí mismo. Siempre por lo que representaba tener el apellido, las conexiones y la imagen. Un golpe suave en la puerta me sacó de mis pensamientos oscuros. —¿Señor Galeano? —La voz de Kylie era suave, muy delicada. Como si supiera que algo se había roto, pero no quisiera mencionar lo ocurrido. No estaba seguro si habría escuchado el intercambio con Alexa. Asomó su cabeza por la puerta y yo le hice una señal para que entrara. —Lamento interrumpir, pero tiene la reunión con los inversionistas japoneses en veinte minutos. ¿Necesita que la reprograme? —Kylie Henderson, mi secretaria por los últimos dos años. Eficiente, discreta, siempre presente, pero nunca invasiva. La había conocido en un seminario de la universidad, cuando yo apenas estaba construyendo mi visión para la empresa y ella brillaba en finanzas corporativas. Nunca entendí por qué alguien con su talento había aceptado un puesto de secretaria, pero Kylie siempre decía que prefería aprender del mejor antes de lanzarse sola. Una humildad que ahora, después de Alexa, me parecía refrescante. —No. —Me incorporé, ajustándome la corbata que de repente se sentía como una soga—. La reunión sigue en pie. —Kylie asintió, pero no se movió. Sus ojos castaños me estudiaban con tristeza o con cierta preocupación que intentaba disimular, pero sin éxito. Había algo en su mirada... algo que no había visto antes. ¿O simplemente nunca me había detenido a mirar? —¿Está bien, señor? —Por un momento, estuve tentado a decirle la verdad. Que no, que no estaba bien, que acababan de destrozarme de la forma más humillante posible. Que la mujer que creí amar me había usado como una fachada mientras se acostaba con su propio hermanastro. Que me sentía como un idiota, pero los Galeano Libón no se quebraban en público. Mi madre me lo había enseñado desde niño para que eso luego no sea utilizado en nuestra contra. —Perfectamente —mentí, recobrando esa máscara de control—. ¿Tienes los reportes de la reunión? —Aquí. —Kylie se acercó con una carpeta, y noté un pequeño temblor en sus manos cuando me entregó los documentos. Nuestros dedos se rozaron por un segundo. Ella se sonrojó levemente y apartó la mirada. Mientras Kylie explicaba los números con esa voz melodiosa que siempre hacía que las finanzas sonaran menos aburridas, la observé. Kylie no era Alexa, con su belleza dramática y su presencia que llenaba habitaciones. Kylie era diferente. Elegante en su sencillez, con ese cabello rubio siempre perfectamente recogido en un moño que me hacía preguntarme cómo se vería suelto. Esos trajes sastre que ocultaban más de lo que revelaban, pero que insinuaban sus curvas suaves y sus ojos. Dios, ¿cómo no había notado antes esos ojos? Color azul con destellos verdes, que me miraban con una calidez que Alexa nunca tuvo. Una lealtad que había dado por sentada. —...proyectamos un crecimiento del 18% si logramos el contrato. —Kylie terminó su resumen, cerrando la carpeta—. ¿Alguna pregunta, señor Galeano? Una idea comenzó a formarse en mi mente. Y vaya idea tan loca. Nacida del dolor, del orgullo herido, de la necesidad de demostrarle a Alexa, a su familia, a todos, que Khoa Galeano Libón no se dejaba destruir. Que si ella podía usar personas, yo también. No, eso no estaba bien. No podía hacerle eso a Kylie, pero la imagen de la sonrisa satisfecha de Alexa, de Matt probablemente riéndose de mí en este momento, me quemaba por dentro. —Una pregunta, Kylie. —Me puse de pie, rodeando el escritorio hasta quedar frente a ella—. ¿Qué opinas del matrimonio? —Ella parpadeó confundida. —¿Disculpe? —Como institución. Como... Estrategia empresarial. —Kylie rió viendo hacia la ventana, ese sonido ligero que raramente escuchaba en la oficina. —No estoy segura de entender, señor Galeano. —La estudié. Kylie nunca había fallado. Nunca había traicionado mi confianza. Tampoco me había mirado con ese cálculo frío que ahora reconocía en los ojos de Alexa. Siempre estaba ahí, una presencia constante y confiable. ¿Y si las revistas del corazón querían un escándalo? ¿Si Alexa pensaba que podía reducir lo que tuvimos a "solo sexo" y salir ilesa? ¿Si creía que me dejaría arrastrando por el piso? Les daría un espectáculo que nunca olvidarían. —Kylie —dije, tomando una decisión que cambiaría ambas vidas para siempre—. Necesito que te cases conmigo. ---- Bienvenidos a esta nueva historia. Se actualizará a diario a partir del 1 de febrero.

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