CAPÍTULO VEINTE Sin alarma, Mackenzie durmió hasta las 7:20. Aunque todavía era relativamente pronto, a ella le parecía que se había quedado dormida. Además, eran más de seis horas, como Ellington y ella habían comentado en bromas la noche pasada. Ah diablos… Ellington, pensó. Supongo que tengo que enfrentarme a él en algún momento esta mañana. Se sentó en la cama y agarró su teléfono. No tenía mensajes de texto esperándole, ni llamadas, ni emails. Se daba cuenta de que, si hoy no surgían nuevas pistas, era muy probable que Ellington y ella regresaran a DC para el final del día. Se levantó de la cama y se preparó para el día, operando con una organización automatizada: ducha, dientes, pelo, ponerse la ropa. La conocía al dedillo, y era capaz de hacerlo todo en exactamente veinte minutos

