Introducción.

273 Palabras
Mi mamá siempre decía que, al morir, nos convertimos en parte del cielo nocturno. Que, sin importar cuánto tiempo pase, nunca debemos olvidar agradecer a quienes nos cuidan desde arriba… ni a la Diosa Luna, por recibirlos en su luz. Han pasado doce años desde que ella se convirtió en una estrella. Cada noche, antes de dormir, levanto la mirada y susurro un agradecimiento… para ella, y para la Luna. Mi nombre es Lilith. Y he estado planeando huir. Desde que mamá murió, papá dejó de ser un hombre… si es que alguna vez lo fue. Pasa los días entre alcohol, apuestas y mujeres que sonríen por dinero. Y las noches… bueno, las noches son peores. Vendió casi todas mis joyas. Las de mamá también. Pero no todas. Aprendí a esconderlas. Aprendí a guardar silencio. Aprendí a esperar. Durante meses he trabajado como mesera en un restaurante a las afueras del pueblo. He reunido lo suficiente: dinero, ropa sencilla, y un plan. Un nuevo nombre. Un nuevo comienzo. Estoy cerca. Muy cerca de irme. Pero el destino… nunca pregunta antes de intervenir. —Lo siento, señor… no fue mi intención tropezar con usted. Iré por algo para limpiar ese raspón, por favor, espere aquí… —dije, apresurada. —¿Cuál es tu nombre, niña? —Lilith. —Es un nombre hermoso… Lilith… —repitió en voz baja. No era necesario que lo hicieras… gracias —murmuró, observándome alejarme. —Hija —la voz de mi padre arrastraba el peso del alcohol—, conocí a un hombre que está dispuesto a pagar una gran suma por ti… Si te conviertes en su esposa.
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