Elías insistió en que visitara el hospital y que viera a la Doctora Eris para un chequeo completo. Sin embargo, a pesar de realizar todas sus pruebas, no pudo encontrar nada inusual. No solo mis heridas por el cuchillo habían desaparecido sin dejar rastro, sino que incluso las cicatrices que mi padre había dejado por todo mi cuerpo, a lo largo de los años, habían desaparecido. Cada marca, ya fuera del látigo o de cualquier otro tipo de golpes, había desaparecido por completo. Nadie podía ofrecer una explicación para ello. Pero no me molestaba en absoluto. Nunca me había sentido tan fuerte físicamente, nunca me había sentido tan segura de mí misma. Se sentía como convertirme en una versión completamente nueva de mí. Irreal, pero en el mejor sentido. Y estaba saboreando cada segundo de ello

