30.Ganas de llorar POV Clarisse Mi corazón comienza a latir con fuerza por un presentimiento extraño, de esos que parecen surgir de la nada y te erizan la piel. Estoy a punto de levantarme cuando un grito alegre me devuelve el alma al cuerpo. —¡Dania! ¡Mary! —reconozco la voz de Connie, llena de entusiasmo. En la puerta están nuestras vecinas: Dania, con su sonrisa amable de siempre, y su pequeña hija, que agita la mano hacia Connie con la energía inagotable de los niños. —Estamos listas —dice Dania, sosteniendo las llaves del auto entre los dedos. Vuelvo la vista hacia Alysson, que se encoge de hombros con una media sonrisa. —El esposo de Dania le compró un coche nuevo —me explica—, y nos invitaron a ir con ellas a la escuela. Camino hacia la entrada para agradecerle personalmente

