Desperté temprano, con el sol filtrándose por las cortinas de mi habitación. Me vestí y maquillé con rapidez; hoy iba a ver a la supuesta psicóloga. "John lo que tiene de guapo, lo tiene de ingenuo", pensé mientras salía de casa. —¿Entró contigo? —me preguntó John al estacionar frente a los consultorios. —¡Ni loca! —respondí, con una mezcla de irritación y determinación—. John Clark, suficiente tengo con que me obligues a contarle mi vida a una desconocida. Tú te quedas acá. No le di tiempo a replicar y bajé de inmediato del carro. La terapia era una farsa; en realidad, iba a encontrarme con Carolina. Subí al consultorio, pero salí por la salida de emergencia, sintiéndome como una fugitiva. Caminé unas cuadras hasta la cafetería donde me esperaba Carolina. —Soy genial, Alex. ¡Es el pla

