Me desperté y me di cuenta de que Brandon ya no estaba. La cama, antes caliente y acogedora, se sentía vacía y fría. Justo en ese momento, Olga se acercó a mí con un desayuno en mano. Al verla, no me contuve y le di un abrazo, buscando consuelo en su presencia. —Tranquila, Alex —dijo, su voz suave y calmada mientras me sostenía. — Fue muy brusco —admití, la vulnerabilidad brotando a la superficie. —Es normal si te dolió, pequeña. Mis primeras veces también dolieron mucho —respondió ella, acariciando mi cabello con ternura—. Luego te acostumbrarás. Me enojaba conmigo misma porque no me había desagradado. Me sentía tan sucia. —Olga, yo pensé que me dejaría ir después de tener sexo... pero ahora habla de casarse conmigo y de tener un bebé —dije, sintiendo la angustia reflejada en mis pal

