Cuando los empleados entraron en mi cuarto con varias bolsas, noté las marcas más exclusivas de ropa. El ambiente se llenó con el aroma del cuero nuevo y el suave roce de las telas finas. —¿Y esto? —pregunté, sorprendida, mientras intentaba imaginar qué más podría estar planeando. —Lo mejor para mi reina —dijo Brandon entrando con una sonrisa que siempre me ponía en alerta. Mis ojos recorrieron las bolsas. Había de todo: vestidos elegantes, faldas de todos los largos y estilos, blusas delicadas, ropa interior de encaje fino, pijamas de seda tan suaves que parecían derretirse entre los dedos. También había zapatos, desde tacones altos hasta sandalias, y varias bolsas que me hacían pensar en escapar a cualquier destino lejano. —Gracias —dije, sin saber qué más responder. —Sé que estás a

