Capítulo especial

2530 Palabras
Varick Meyer Hemos pasado por tantas cosas, te debo tanto Antoine ─ encontrarlo en mi camino fue encontrar un amigo, un verdadero amigo ─ algún día te cobraré cachorro ─ su gesto de burla me agrada, en verdad merece ser feliz y descansar de tantos años de cargar con una culpa que no le pertenecía. Sé que él se sentía culpable por su hermana, y no lo creo justo. ─ Gracias a tu apoyo logré encontrar a mi hermana, sé que tienes todo, pero pide lo que quieras qué, yo te lo daré. Así pidas mi manada, la tendrás. ─ Eso último podría estarlo pensando, pero no creo que lo hubiese logrado solo, así que yo también estoy en deuda. ─ Gracias hermano ─ ese hermano es real, ahora siento que somos familia. ─ ¿Qué harás al llegar? ¿crees que tu padre perdonará tu fuga? ─ me tenso ante las preguntas de Antoine, eso era algo que no había pensado del todo ─ Creo que este es el pase a mi perdón ─ contesto con un movimiento de la urna que tengo en las manos. ─ Espero verte en don meses en Dresde ─ Así será ─ contesto para subir al jet privado que el Alfa de Alfa puso a disposición para nuestro regreso. Es una lástima que debemos partir por separado.   Llegar a Alemania es enfrentar al Alfa. ─ una risa surca mis labios, solo recordar que tengo prohibido llamarle padre, es ridículo. Esa palabra no significa nada para él, pero si refleja debilidad, y yo no debo ser débil, por lo tanto, debo tratarlo con el respeto que rango amerita. No he pisado la entrada de la mansión, cuando ya soy apresado. ─ Disculpe, joven Meyer, por órdenes del Alfa debemos llevarlo al calabozo ─ Tranquilos…entiendo ─ pensar en un mejor recibimiento es ridículo, para él no soy digno de ser su hijo, no después de que supo de mis planes.   No sé cuánto llevo en el calabozo, acá no ingresa la luz del sol… Miro el suelo y con una sonrisa le digo que él ya me es familiar. Antes dormir en el suelo húmedo no era tan placido como ahora, antes no te tenía mi única y verdadera Alfa. ─ Veo que te hace feliz volver, cachorro ─ esas palabras soltadas con ira, hacen que el gesto de felicidad de mi rostro se borre. ─ Alfa ─ contesto en tono neutro y fijando mi mirada en esos ojos tan vacíos y faltos de sentimientos. ─ Veo que mejoraste mi cuarto, ahora gotea más ─ digo con burla. ─ ¡Atenlo! ─ está vez no pondré resistencia, sé lo que me espera, así que solo dejo que sus lavaperros me tomen de cada brazo ─ ¿Cuántos serán? ¿con cuántos latigazos te sentirás satisfecho? ¿cuánta sangre me quieres ver derramar de nuevo? Padre ─ remarco esa última palabra en forma pausada, lenta y con la ira que el rechinar de mis dientes permiten. Ver su rostro contraerse por mis palabras, hacen que sienta una leve alegría. ─ No me provoques más, cachorro, que ser mi sangre no te dará beneficios ─ eso lo sé, pero quizá lo que te traje sí. ¿podemos hablar a solas? Alfa ─ mi petición no hace que su expresión cambie, pero sí crea una mínima curiosidad. ─ Si lo que deseas es rogar, lo puedes hacer solo o con ellos, total no te tendré piedad ─ ver su gesto de arrogancia me saca de mis casillas, pero no caeré ante sus provocaciones. ─ Ten por seguro que no voy a rogar, solo quiero que sepas que cumplí mi palabra ─ en este momento mi dignidad no me importa, pero proteger a mi hermana si, solo ella es digna de verme echo piltrafa, nadie más lo ha hecho, ni lo hará ─ sé de ella ─ suelto sin más… ¡lo sabía! Pienso al ver cómo cambia de color su rostro. ─ Salgan ¡Ya! ─ hora de mi plan de niño bueno ─ buena decisión Alfa, sé que no se arrepentirá. ─ eso espero, porque si esto resulta ser un engaño, lo lamentarás, de eso no tengas duda. ─ la advertencia que me arroja no logra su cometido, está vez sé cómo jugar las cartas a mi favor. Te prometí volver y volveré hermana, así deba doblegarme ante este ser que tenemos como padre. ─ Toma ─ digo entregando la carpeta con los documentos de mi hermana, fue una fortuna que me encerraron con todo y su urna. ─ Te dije que haría mejor el trabajo que esos sabuesos inútiles. Lástima que tomaste a mal mis palabras, cuando mencioné que quería que ella volviera. ─ la seguridad de mis palabras, hace que una leve expresión de satisfacción aflore en el rostro del Alfa. ─ ¿¡Sólo esto!? ─ No ─ contesto de forma rápida y le entrego la urna ─ Ahí están los restos de la maldita ─ perdón hermanita por mis palabras, pero en este momento son necesarias. ─ ¡Vaya! Yo que te creí un inútil ─ ver como su rostro se regocija de satisfacción, me demuestran que voy por buen camino. ─ No tienes de que preocuparte, desaparecí toda evidencia de ella. Le entregue un reporte a la Luna de Lunas ─ su mirada tan fija en mí, demuestra el odio que siente por ser a ella a la que le debe sumisión. ─ Está enterada que tú primogénita murió, así que ya no debes cumplir con los caprichos de nadie. Acá esta tu certificado de exoneración de deudas ante el consejo ─ que patético se ve contemplando la urna, cree que son los restos de mi hermana, tal como yo lo pensé. ─ Ahora debo prepararme para ser tu único sucesor ¿si aún lo soy? ─ por su gesto sé qué está más que extasiado de felicidad. ─ Siempre, muchacho, eres y serás el único digno de mi lugar ─ nunca había visto ese gesto de felicidad en este hombre, creí que nada lo haría feliz. Ahora prepárate padre, porque será mi hermana la que lidere a la manada. Es inevitable el gesto de felicidad que doy ante mí pensamiento, él pobre cree que es por sus palabras, si tan solo supiera la verdad. ─ Quiero que me acompañes al despacho ─ Sale del calabozo y con su mano hace un gesto para que lo siga ─ enviaré a que alisten tu cuarto. Ahora debemos buscar la mejor manera de que seas entrenado e instruido en todo lo relacionado con la manada y las cosas del consejo. Gracias a tu jueguito estamos lejos de tus avances. ─ ¡Gracias! Alfa ─ hago un gesto con mis manos de Siii, ahora viene la parte del viaje. ─ Alfa, ¿puedo hacer una sugerencia? ─ debo aprovechar su buen sentido del humor ─ Adelante cachorro ─ sé que la relación con la Luna de Lunas no es muy buena, pero debo reconocer que en Dresde hay muy buena organización administrativa y me gustaría poder radicarme por un tiempo y aprender ─ no sé cómo interpretar su gesto, pero debo convencerlo. ─ Por otro lado, estar en ese país nos ayudará para poder saber los movimientos del Alfa de Alfas, así estarás al tanto de todo y no habrá manera de tener que soportar visitas rigurosas de su mujercita. Yo me encargaré de lograr que ella confié en mí, de esta manera tendrás el camino libre en tu territorio. ─ subo mi vista al techo para gritar en mi mente ¡Diosa Luna! ¡Perdóname por ser tan mentiroso! ¡Pero quiero estar con mi hermana y él no debe sospechar! ─ Veo que has pensado en todo ─ el tono de su voz es muy neutra, pero por sus gestos, sé que la idea no le incomoda ─ me agrada tu propuesta, hablaré con el Alfa de Alfas, en menos de un mes te iras. Necesito saber las condiciones del vegetal de su hijo ─ ¿Por qué de él? ¿Pensé que querías saber de otra cosa? ─ no puede evitar las preguntas, pero su interés por ese chico me confunde. ─ Todo a su tiempo cachorro, quizá y cambiemos de Alfa de Alfas, muy pronto... Pero de eso me ocupo yo, tu limítate a obedecer. El apretón en mi hombro me hace temer por los planes que ahora cruzan por la mente de este despreciable ser. Debo advertir a la Luna de Lunas…   Antoine Abad Dejar a mi hermana es lo más difícil que he podido hacer, ella es simplemente hermosa, explosiva y malgeniada pero hermosa. ¡Tal para cual! ─ Quién pidió tu opinión ─ reprendo a mi lobo metido. Al llegar a casa le solicito a mi padre un momento en el despacho. Un suspiro de preocupación me invade al recodar que Varick pudo ser lastimado, solo espero que su plan resulte y que el mío también. Varick es un gran chico, por ser menor aún debe obediencia a su padre, no es que yo no la deba, pero desde mi mayoría de edad, dejé claro que tomaría mis propias decisiones. Entre esas era renunciar a mi cargo si él se oponía a que buscará a mi hermana… ¡Sí! Fue mi forma de manipular, pero de no tomar el cargo de Alfa de la manada, está pasaría a estar sujeta a la asignación que dé el consejo. ─ Príncipe Alfa ─ como saludo hago una corta reverencia al Beta de mi padre ─ El Alfa indica que debe esperar, que en un momento lo atenderá ─ Gracias ─ contesto en el momento que tomo asiento, para sumergirme en mis pensamientos. Recodar los momentos que sufrí, a causa de ver el dolor que padecían los cachorros al ser alejados de sus familias fue lo más difícil, era como ver a mi hermana reflejada en ellos. No tenían derecho a humillarlas, golpearlas y violarlas como animales… un suspiro llena mis pulmones, veo de reojo la oficina de mi padre, aún no me dejan ingresar. Le pedí a mi padre que no me llevará a presenciar esas cosas. Para él eso me haría más fuerte, así no dejaría que una mujer o un omega se creyese con derechos. Eran tan solo unos cochorros ¿Qué culpa podían tener? Ninguna… pero esa culpa me llevo a sentirme impotente ante el pensamiento de que mi hermana podría ser la próxima a la que viera siendo ultrajada. Es un alivio saber que no paso por eso. Es inevitable reír ante la escena de un par de futuros Alfas llorando ante unas chicas. Al igual que Varick, soy un hombre que demuestra poco sus sentimientos o se muestra débil, pero con ellas fue diferente, desde que las vi en esas fotos, sentí una conexión inexplicable, me trasmitieron paz, esa que logró que todo el dolor acumulado por años saliera sin filtro. Algo que difícilmente se ve en mí. Mis pensamientos son interrumpidos, al ver que las personas reunidas con mi padre se retiran. Me indica que puedo seguir. ─ Hola padre ─ es mí grato saludo. ─ ¿A qué debo tu grata visita? ¿pensé que demorarías más perdiendo el tiempo? ─ Traigo noticias ─ no quiero iniciar una discusión, así que voy al grano. ─ Espero que sean buenas noticias, no estoy para perder el tiempo ─ Seré breve ─ contesto al cerrar la puerta del despacho. ─ En ese sobre está todo lo referente a mi hermana ─ coloco el sobre en su escritorio de tal forma que rozó sus dedos. ─   también traje sus cenizas… para tú fortuna está muerta ─ me siento y cruzo mis piernas para mirarle fijamente. ─ ¿Crees qué eso me importa? ¿qué harás ahora que hallaste su paradero? Como veo, no el que esperabas ─ la risa en su rostro, logra que me olvide que es mi padre. ─ nada, no haré nada, como dices no era el resultado que esperaba ─ bien, ahora ponte a recuperar el tiempo que perdiste jugando al hermano detective ─ hago puños mis manos ante la burla de sus palabras, regulo mi respiración para no romperle la cara. ─ ¿Cómo quieres qué pague tus servicios? En vista de tu eficiencia ─ me levanto y coloco las manos sobre el escritorio, me inclino para quedar muy cerca de su rostro ─ no me debes nada, ya todo me lo has quitado, tómalo como un regalo a tu buena labor como padre ─ me giro y solo puedo escuchar su risa malintencionada. ─ Necesito que te ocupes de los negocios que tenemos en Dresde, el bastardo de Noe debe volver y no tengo quién se ocupe de los asuntos de sucesión de las empresas, las vendí al Alfa de Alfas. Así que organiza todo el caos que tienes lo antes posible ─ mi corazón quiere salir, no puedo creer mi suerte, volver es lo único que quiero desde el momento que supe la verdad de boca de mi pequeña princesa. ─ ¿Por qué yo? ─ pregunto aun de espalda, no permitiré que vea la alegría que me acaba de dar ─ ¡¡porque yo te lo ordeno!! ─ y no sabes cuánto te lo agradezco, es mi pensar ─ De ahora en adelante te harás cargo de todo lo que implica ser el futuro Alfa de Francia, ya no tienes estupideces con que perder el tiempo. ─ como usted disponga. En dos meses partiré. ─ Debe ser antes, así como desapareces sin decir nada, así mismo resuelves todo en la mitad de ese tiempo. ─ Trataré de cumplir su mandato, padre ─ salgo sin girar, el palpitar emocionado de mi corazón recibe como aplauso el acople de la puerta al ser cerrada.   Debo llamar a Varick… Fue mi grato saber que está bien, las cosas con su padre mejoraron, solo sé que él también viajará en un mes, no pregunté nada, fue una charla muy corta y sin comadrería. Hablar o mencionar algo relacionado con las chicas es ponerlas en riesgo y por nada en el mundo permitiré que ella vuelva a estarlo y sé que Varick tampoco. Después de la corta llamada a Varick, decido salir a recorrer la mansión, me gusta ir a los alrededores, desde ahí se puede observar al pequeño grupo de la manada que tiene permitido vivir cerca de nosotros. Desde niño vengo a este lugar, me agradaba ver como las madres jugaban con sus hijos, ver esas muestras de afecto que ellas daban y dan a sus cachorros "ahora no tan cachorros", me hacían añorar ser uno de ellos. Mi madre solo sirve a mi padre, ella es tan fría y sombría como él.   Por fin el día a llegado, podré ver a mi princesa, también voy a descasar un poco. Solo dormí dos horas por día, pero eso me permitió cumplir con el tiempo dado por mi padre. Llamo a Varick, no deja que timbré una segunda vez cuando contesta.   ─ Acabó de llegar a Dresde ─ ver ese cielo me roba un suspiro, pero en mi cara es difícil ocultar la felicidad que me embarga. ─ Voy abordando el jet, nos vemos en la mansión del Alfa de Alfas. ─ Perfecto hermano, allá te esperón. ─ la efusividad en su hablar lo dicen todo. Princesas, les espera una gran sorpresa…
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