Las aquellas

2025 Palabras
Desde la partida de los muchachos, no hay día que no llamen, nos limitamos a conversar de temas triviales, nada comprometedor. La verdad eso me hace muy feliz. Es difícil que una sonrisa no se refleje en mi rostro, al pensar en ellos, aunque su saludo se limita a hola pequeña, te extraño mucho, mucho, cuídate y no olvides que te amo, saludos a mi cuñadita. Según Varick, soy su nueva conquista. El saludo de Antoine para con Kaliza no cambia mucho, él es, hola princesa hermosa, ¿Cómo está la luz de mis ojos? ¿no olvides que eres la primera en mi lista? Te amo explosif, saludos a la pequeña. Por lo que nos contaron, tiene fama de mujeriegos, así que la mejor manera de pasar desapercibidos, es tratándonos como su romance del momento. Cosa que nos encanta, pues solo así les podemos decir sin tapujos, miles de cosas cariñosas, las cuales son reciprocas. ─ Nos vemos esposa ─ Nos vemos querida mía ─ contesto saliendo de mis pensamientos, y dando fin a mi amorío matutino con mi cama, es hora de una ducha, un buen desayuno y dejar la casa arreglada. Hoy es otro de esos días en los que trabajar no es mi prioridad, pero no puedo cambiar eso, no es que sea floja, pero ser personal de limpieza no es algo fácil. Aunque no debo quejarme, trabajar en las oficinas administrativas es bueno, por lo menos descanso los fines de semana y mi salud física y mental no está expuesta. El trabajo en una clínica es terrible, la pobre de Kaliza le toca muy pesado, está en el área de urgencias. Es raro tener este servicio, pero los hombres lobo por naturaleza son busca pleitos, no es extraño ver llegar a uno que otro herido a causa de sus constantes peleas con vampiros, brujos, demonios, así como toda la familia canina y felina existente. ─ ¿Y esos gestos? ─ Hola Sandra ─ Sandra es la coordinadora de nuestro grupo y es una gran chica. Al principio chocamos demasiado, ella había recibido muy mala información de mi hermana y mía “¡que tenemos un carácter complicado!” ... ¡Claro que es verdad!  Pero ni Kaliza ni yo, permitimos que no humillen o nos quieran tratar mal, ser de esta área no nos hace menos que nadie. ─ Estaba pensando que, a mi esposa, le toca muy duro ─ ya todos saben que así es como nos llamamos con mi hermana, así que ya no se asombran ─ no sé por qué todos los seres sobrenaturales son tan peleoneros ─ ¡no me digas! Y lo dice la chica que estampo contra la pared del baño a una de sus compañeras ─ mi gesto de asombro me lleva a contestar sin tapujos. ─ Sandra, ¡sabes que odio a las personas aprovechadas! ¡Acá todas merecemos respeto y no creo que deba aguantar que la tal Carol me ponga las actividades más difíciles!¡Tampoco tenía porque seguir aguantando sus insultos por ser asilada por la Luna de Lunas! ¡Mucho menos que quiera ofender a mi hermana! ─ contrólate ─ Si señora ─ bajo el tono de mi voz, sé que Sandra no tiene la culpa, pero ya no soportaba más. ─ Creo qué le aguante bastante y ya era hora de ponerla en su lugar. ─ Querida, es por eso que te acabas de ganar un traslado. ─ ¿Cómo? ─ digo indignada, ella es la que me ofende y es a mí a la que trasladan ¡vaya, suerte que me gasto!... ─ Debes presentarte en la clínica mañana a las 6 de la mañana. Preguntas por Lucrecia, ella es la coordinadora de allá. Aunque eso ya lo debes saber, o ¿no? ─ ¡¡No es justo, ella inicia todo y soy yo la que se debo ir!! ─ ignoro la pregunta de Sandra, en este momento tengo tanta ira que solo quiero matar a la culpable. Mi turno, mi último turno, término con una mini despedida que las chicas me prepararon, sé que no dure mucho acá, pero logré buenas relaciones con las demás compañeras. Voy a extrañar a Jully, Jully fue la primera que me recibió y me enseñó a utilizar la aspiradora, esa máquina del demonio que tenía forma de niño cuadrado con llantas. Pero al que le hablaba como si tuviese vida… es difícil olvidar mis regaños a una máquina que se atoraba en las esquinas, en verdad que es gracioso, siempre le decía ¡muévete, enano! Se me hará tarde. Disfrutaba aspirar las oficinas, limpiar los muebles con ese líquido café con olor a madera, charlar con las plantas de mi futuro cuando limpiaba sus hojas. Me gustaba preparar café y atender a los chicos del sistema administrativo y operativo, así como compartir el almuerzo en esa pequeña cafetería, al compás de las risas por los cuentos que Luis el jefe de conductores traía día a día.  Pero lo que más voy a extrañar son las clases de administración que Marcus me daba cada tarde, siempre me dijo que debía aprender de todo un poco, que cada profesión requería de una buena dirección y administración. Nada de lo que aprendí en este tiempo será en vano, sé que cada lugar me aportará algo importante para mi vida y para la de Kaliza. ¡Kaliza! ─ ¿cómo me pude olvidar de ese torbellino? ─ Ella se pondrá feliz, ahora estaremos juntas. Al llegar a casa decido preparar una deliciosa ensalada cesar, papas francesas y jugo de mora. No crean que por ser lobos comemos carne cruda o cazamos cual bestias, por lo menos nosotras no, preferimos la comida de los humanos, esa que aprendí a preparar gracias a mi amada mamá Milena. Veo ingresar a una muy cansada Kaliza, tira el bolso en la mesa del comedor y se esparrama cual macho en la sala. Solo verla es gracioso, mejor la saludo, de lo contario me expongo a su pataleta de niña ignorada. ─ Hola princesa explosif ¿cómo te fue? ─ ¡pésimo! ─ como todos los días ─ agrego, pues siempre contesta lo mismo y tiene una nueva historia que contar. ─ Imagínate que hoy la muy repugnante de la jefecita de urgencias, ¡es qué es una perr! ─ ¡Kaliza! ─ la reprendo por su vocabulario. ─ ¿Qué? Es verdad ─ ¿pero tienes qué usar esa palabra? Recuerda que eres algo así como prima de ellos, los pobres perros no tienen la culpa de nada. ─ Está bien, la señora qué es peor que, tener una pulga en los calzones ─ ruedo los ojos antes ese comentario, pero no puedo disimular mi risa, es que ella tiene una frase para cada cosa. ─ cómo decía, la señora, pidió lavar los pasillos con esa máquina industrial ─ ¿maquina industrial? ─ pregunto extrañada porque no sabía de la existencia de algo así ─ Sí, un aparato con un disco grande que lleva un cepillo en el centro, tiene un tubo con agarradera y desde la base sale el cable. ─ Ah ok, ya entendí. ─ El problema es que me envío a mí, ¡a mí! ─ ¿es qué es muy difícil de manejar? ─ ante su cara de terror creo que debe serlo, me doy una auto respuesta. ─ ¿Mira? ─ dice enseñándome el morado de su codo y una especie de latigazo en la barbilla ─ ¿¡Qué te paso!? ─ paso que, ¡yo no sé manejar esa mierda! La estúpida de luz, sólo me dijo que la conectará, que me parara firme, colocará el cable en mi hombro y luego la encendiera ─ veo como se levanta e inicia a hacer su representación. ─ Yo conecte la máquina, me pare firme y coloque ese puto cable en mi hombro, luego aprete el botón de encendido y tenga que esa mierda empieza a girar en el puesto, trate de sostenerla, pero el cable se agito y me golpeo la cara ─ suelto la risa ante la escena ─ ¡deja de reírte! ─ ok ─ elevo los brazos en son de paz. ─ Cómo la maquina no se detenía, decidí agachar un poco el manubrio ¿Qué crees? ─ ¿Qué? ─ la maquina empezó a saltar como loca y en ese momento paso el médico con síndrome de perro elevado y ¡zas! Que lo golpeé con un codo en sus bolitas ─ mis ojos se abren a más no poder y estallo en carcajadas seguida de una loca Kaliza. ─ ¡Lo mejor de todo! ─ dice entre risas ─ es que el muy idiota trato de sobarse las aquellas y yo solté esa vendita máquina para tratar de ayudarle ─ ¿le ibas a sobar las pelotas? ─ el rubor de su rostro, me revela que en verdad era lo que pensaba, pero su asentamiento tímido de cabeza me lo confirma ─ Te juro que no pensé lo que estaba por hacer ─ agita las manos de manera desesperada en lo que agrega a su explicación ─ Tranquila que no fue necesario, pues en su intento de escapar de mis manos acercándose a su entrepierna, hizo un raro movimiento y con el manubrio se golpeó la cabeza y ¡bang! de trasero entre el balde del agua ─ siento qué si no paro de reír, me haré pis en los pantalones, pero sin duda la que más está disfrutando de su odisea es mi hermana. ─ Ese percance solo causo mi cambio de área, ahora me toca el ala sur de urgencias, el tipo no me quiere cerca de él ni de nadie, dice que soy un peligro andante ─ Pobre ¡lo traumaste! ─ ¿quién no? Pensaría que soy una de las tantas que le quieren conocer el paquete ─ ¿y no quieres? ─ pregunto de manera picará y con un movimiento de cejas, pues según cuenta el tipo es todo un playboy. ─ ¡¡No!! Para nada, él es un vanidoso egocéntrico del carajo ─ su expresión solo ocasiona que mi risa aumente. Kaliza es el tipo de mujer que odia a los presumidos y fanfarrones por más bueno o apetecible que se vea.   Luego de la larga charla que mi bella e indescriptible hermana da, pasamos a cenar y decido contarle lo sucedido e indicarle que desde mañana nos iremos juntas, por lo menos en lo que su turno de mañana dure. Su efusividad no se hizo esperar y por poco término igual que el doctorcito con mi trasero en el piso. ─ ¡Déjame, déjame! ─ es lo único que se me ocurre en lo que trato de alejar los brazos de Kaliza de mi espalda. Creo que exagero con su abrazo, por poco y me deja sin pulmones. Esta mujer en verdad da miedo, está que salta y dice que es mega emociónate preparar mi iniciación en la clínica. Esa palabra de iniciación produce una corriente electrizante en mi espina dorsal…esto no meda buena espina, de ella nada bueno se puede esperar, es la diosa de los inventos, mejor pregunto que es lo que debe preparar. ─ ¿Cuál iniciación? ¿de qué hablas? ─ mi respiración es irregular, solo ver como sus ojos cambian a un azul oscuro, un oscuro que solo dice maldad. ¡Oh¡, Diosa luna, protégeme de esta descabellada, ahora que plan se está tejiendo en esa mente diabólica. ─ ¡Vamos dime!, ─ le incitó para que continué ─ ahss, como te explico ─ suspira al saber qué, no me va a gustar para nada su explicación. ─ es tradición en la clínica que cuando llega una chica nueva, se le debe realizar una pequeña ─ achina las pepas que tiene por ojos, llevando el dedo pulgar e índice casi juntos, todo acompañado de una mueca desagradable. Un carraspeo sale de mi garganta en señal de impaciencia. ─ No debes temer, yo seré la encargada de tu aventura, prometo que organizaré algo sencillo. ─ ¿Cómo todo lo que siempre organizas? ─ la elevación de mi ceja le indica que no creo en nada de sus palabras. ─ solo deja todo en mis manos, prometo que nada saldrá mal ─ ¡genial! ─ digo para dejar el tema hasta ese punto, la verdad sé que nada bueno me espera en manos de ella, pero aun así participaré o ¿no?... 
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