Kaliza
Estoy maravillada de tener a mi hermana en la clínica. Recordar la cara de la chica de recepción cuando le presenté a mi esposa fue hilarante, le expliqué que la llamaba así por intensa, pero que en realidad es mi hermana, una risa apenada fue lo que recibí ante mi confesión.
Luego de presentarla y explicar por decima vez que ella es mi hermana, pero de crianza, la llevo con la coordinadora para que le enseñe el lugar.
Ahora debo ir a barrer los dos sótanos.
Al primero se llega por ascensor, rampa u escaleras. En ese queda ubicado, el cuarto de basuras, la morgue y el parqueadero para los visitantes. Al segundo solo se tiene acceso por las escaleras o por la rampa. En él se ubica el cuarto del personal de mantenimiento, camilleros y servicios generales, la bodega de insumos de limpieza, el cuarto de ascensores, el área de lavandería y el parqueadero del personal que trabaja en la clínica.
Suspiro del cansancio, por fin terminé de barrer los benditos parqueaderos, esas rampas del infierno y limpiar las demás áreas. Ahora solo me queda organizar los cuartos del personal y ya, ¡lista para desayuno!
Mi pensamiento se pierde en la rampa, una idea cruza por mi cabecita ¡es perfecta! Acá será el lugar para la iniciación de Shyllen. Voy a recoger todo rápido para poder adecuar el lugar.
Solo ver como ingresa la bruja de la coordinadora médica me daña la mañana, doy la espalda para volver a lo mío. Pero creo que adelanté mis planes...
─ ¡Usted! La del aseo, necesito que limpie mi carro ─ ¿Perdón? ─ contesto sin más, de igual, ella no saludo, así que no estoy obligada a decir nada.
─ ¿Tiene algo mejor que hacer? Lo digo porque la veo muy desocupadita ─ está maldita vieja en verdad me odia, cada palabra que sale de su asquerosa boca es llena de ira y burla. ¡Pero qué quiera humillarme de esta manera! Está muy equivocada si cree que se lo voy a permitir.
─ Vea doctorcita, creo que usted esta confundida, acá no estoy para lavarle el carro a nadie, menos a usted. ─ contesto en forma arrogante.
─ No le estoy preguntado si está o no para eso, solo véase ─ ¡¡desgraciada!! Pienso al ver cómo me barre con la mirada. ─ es una inferior por lo tanto le pido, ¡no! Le exijo que me lave el carro ¡¡Ya!! ─ su grito no me exalta, pero su orden me da una excelente idea, una risa aflora en mi rostro y con un levantamiento de hombro le contesto ─ ok, usted lo pidió.
No dude un minuto en aventarle el agua sucia que tenía en el balde a su bello carro rojo y a ella por supuesto.
─ ¡Oops! Creo que se mojó un poco, al igual que el interior del carro mi doctora, ahora quiere que se lo sequé ─ digo enseñándole el trapero que tengo en las manos.
Ver su cara en el momento que el agua la golpea, es una escena que no cambio por nada.
Ahora la pobre está retirando los rastros de agua de su cara, es una lástima que su bello peinado se echó a perder. Pero ya está bueno de tanto abuso de autoridad, traté de no caer ante sus constantes insultos y actos de burla.
Es como si cada momento se hubiese reflejado para que hoy tomará la decisión de enfrentarla. Aún recuerdo el día que paso, golpeó el balde regando toda el agua en el pasillo que yo acababa de limpiar, Otro día se tropezó sin culpa alguna y dejó caer sobre mí espalda, una pato coprológico lleno de orines, sin olvidar el día que me dejó encerrada en uno de los consultorios, todo porque no me vio ¡ciega de mierda! Soporté cada cosa por el miedo de ser despedida, pero Shyllen siempre dice que no agache la cabeza ante nadie, que, si debemos dormir en la calle, así será, que no olvide que cuento con ella si decido quitarme el problema de esta vieja malnacida, así que hoy tome por fin esa decisión.
─ ¡¡Maldita!! Te arrepentirás ─ tras su fúrica amenaza, observo como guarda el radio de comunicación, no sé en qué momento lo tomo, solo sé que estoy en problemas.
Decir que estaría en problemas es poco, lo digo por el panorama que tengo frente a mí. La poca loba de mierda, llamó a toda la parranda de inútiles del área de urgencias, mal contadas son quince, si las divido podré con la mitad y el resto… algo se nos ocurrirá ─ son las palabras de apoyo de mi loba.
Veo a las muy infelices como se trasforman en lo que tratan de acorralarme, de un movimiento ágil me ubico en la v que se forma al final de la pared, esto me permitirá que no todas me puedan golpear al tiempo.
─ ¡Vamos! ¿Qué pasó con tus agallas? No digas qué tienes miedo. ─ su postura desafiante, no es más que una farsa, pues sin su grupito no es nadie.
─ Acá la única que tiene miedo eres tú ¿Qué paso? ¿no pudiste sola? Es por eso que acudiste a tus súbditas ─ la infeliz tiene una risa ladeada. Pero mi mente se frustra y solo puedo pensar, ¡OMG! ¿No tengo ropa? Quedaré en cueros ─ estamos a punto de que nos golpeen el trasero ¿y tú preocupación es la ropa? ─ Azul tienes razón, pero igual me preocupo. ─ es la respuesta que le doy a mi loba. Pese a la situación, no debo dejar el sentido del humor, pero mis cavilaciones son abruptamente interrumpidas.
─ Ahora te enseñaré a respetar a tus superiores ─ las infelices de sus amiguitas le abren paso. El radio le suena y ella da una risa malévola en lo que contesta ─ perfecto.
Mi suerte no puede ser peor, hoy está el jefe de seguridad que le calienta la cama, por lo tanto, el bloqueará el paso a todo aquel que quiera bajar.
─ Recuerdas que un día encontramos golpeada a una chica en el cuarto de aseo ─ le comento a mi loba ─ ¡vaya que la tipa es gavillara! Pero saldremos de está, no sé cómo, pero lo haremos. ─ por lo menos trataremos. ─ agrego con un poco de fe, y atenta a sus palabras
─ Ahora tu y yo ajustaremos cuentas. ─ como usted diga, pero esto no es un tu y yo ─ señalo a su tropa. ─ pero tranquila, ajustemos cuentas.
Recuerdo que aún tengo el trapero, así que con él me defenderé antes de mi trasformación, sé que de humana tengo poca ventaja, pero debo analizar a mi enemigo, ¡bueno! Mis enemigas, en este caso.
─ Se buena lobita y prometemos que los golpes serán menos ─ los gruñidos resuenan en todo el parqueadero, pero sé que nadie escuchará, así que no espero que alguien venga a socorrerme.
Veo como dos lobas cafés se aproximan, solo puedo ver sus colmillos y el pelaje erizado. Pateo fuerte la base del trapero, logró separar la base del palo, lo giro y las llamo con una mano.
─ ¿Lista? ─ Si ─ le contesto a mi loba, cambio el color de mi cabello y de mis ojos, ahora son azul cobalto. Solo dejaré que nuestros cuerpos se acoplen para mayor precisión y fuerza en los golpes, luego haré la trasformación completa.
Ambas lobas atacan, una se lanza para morder mi brazo derecho y la otra mi pierna izquierda. Si logran su objetivo, me desequilibran y estaré perdida. Así que giro levemente mi cuerpo, ubico una pierna delante de la otra para que permita el movimiento total de mi cadera. Mis manos sostienen el palo más debajo de la mitad y justo cuando se lanzan sobre mi cuerpo, bateo cual, si fueran una pelota que pasa cerca de mi pantorrilla logrando que la punta golpee el hocico de una. De manera simultánea me agacho levemente para poder golpear a la otra en la caja torácica con el extremo del palo.
Sus aullidos de dolor no se hacen esperar, y yo no puedo dejar que se levanten, tomo a una de la base de su cabeza y la arrojo contra la pared, veo como la otra trata de huir, pero logró tomar sus patas traseras y giro con ella logrando golpear y dispersar a 2 de las 4 que se acercaban.
Ahora son mis puños y patadas las que logran sacar del ruedo a dos más. De reojo veo el palo, pero ya no podré usarlo, así que todo seguir con los golpes.
La emoción del encuentro hace que salga de la esquina y ahora este en medio de un círculo de lobas enfurecidas. Pero la medicucha solo observa con bastante felicidad ─ ¿Crees que es hora, Azul? ─ si ─ con el consentimiento de mi loba hago mi trasformación.
Siento como los huesos de mi cuerpo se quiebran dando paso a mi bella Azul. Ella es una loba blanca con n***o azulado, de ahí su nombre, es simplemente majestuosa, digna de admirar...
Un sonoro gruñido sale desde lo más profundo de mi pecho, en mi mente celebro el hecho de ver como algunas se intimidan. Pero no es tiempo de adulaciones, es hora de pelear.
Me enfrasco en una pelea con tres lobas. La mordida que recibo en una de mis patas traseras, logra que mis dientes se claven en la base del hombro de mi atacante. Le doy una mordida tipo tijera, que consiste en el cruce de mis caninos para lograr la fractura del hueso. ─ una menos, pienso al ver como su pelaje se moja por la sangre.
No hay tiempo de festejar, la punzada que recibo en el lomo me lo recuerda, sacudo mi cuerpo para tomar entre mis dientes el muslo de la puta loba que ahora tengo en la espalda, cae a los pies de la cobarde que lidera este grupo de sarnosas.
No sé cuánto más pueda resistir, he golpeado, lastimado y mordido a todas las que he podido, pero no es suficiente. Las menos heridas se incorporan de nuevo, y aún quedan 5 por arremeter, contando a la médica. He tratado de defenderme, pero las heridas que me han causado, están surtiendo efecto.
Un descuido logra que salga volando y sea estampada contra la pared. ─ no creo poder más, lo siento ─ la voz apagada de mi loba, me indica que nuestras fuerzas han llegado a su límite. La maldita gano.
Siento como unos caninos se incrustan en mis costillas. Nuevamente estoy chocando contra la pared. Trato de levantarme para defenderme, pero mis piernas tiemblan y no resisten el peso de mi cuerpo y caigo de panza.
─ ¡Sujétenla! ─ escucho esa orden como un lejano susurro.
Su orden no se hace esperar, solo puedo sentir la piel de mis 4 patas siendo rasgada por los colmillos de 4 lobas con ínfulas de grandeza, cada una de las infelices sujetan una de mis patas y halan con bastante fuerza, mi cuerpo se despega del suelo y solo siento que mis músculos se van a desprender.
Se sienten vencedoras, pero no fue una pelea justa. Mi cuerpo es girado, mi cabeza golpea contra el suelo y ahora tengo mi bella panza a su disposición ¡la fácil! Pienso cuando adivino su intensión. ─ La maldita nos sacara las tripas ─ así es Azul ─ con esa respuesta dejo todo al destino, mi cuerpo no resiste un golpe más...
─ ¡Vaya! ¡Vaya! Pero si qué resultaste ser toda una fierecilla, pero como a toda fiera le llega su final ─ el lugar se impregna de una calma que, ella rompe con voz maliciosa ─ querida este será el tuyo.
Una imagen borrosa de su trasformación, es la que puedo ver tras la sangre que resbala por mi frente peluda.
Se acerca lentamente mostrando sus colmillos y lamiendo su hocico. Se ubica sobre mi cuerpo, me olfatea, coloca su pata en mi hocico facilitándole el espacio de mi cuello, abre su mandíbula y yo solo cierro los ojos esperando que esto termine. No suplicaré, no me despediré de los que amo, siempre dije que la muerte es un pasaporte a otro mundo, así que en el más allá los he de esperar.
Un fuerte golpe hace que mis ojos se abran, la loba de la doctora sale volando conta su propio vehículo.
Cada loba que tenía a mi alrededor está siendo sometida por un lobo blanco almendra, un lobo que en este momento no mide las consecuencias de sus actos y está acabando con todo a su paso.
Un escalofrió recorre mi cuerpo al ver como toma en su hocico a una de las lobas y quiebra su cuello. Se dirige a paso lento hacia mi enemiga que, está desconcertada por lo que acaba de suceder.
Sus gruñidos demuestran la ira que la invade, su respiración es acompañada por un gruñir sádico. Arremete contra las lobas que tratan de proteger a mi cobarde enemiga que esta sobre el capo del carro semi destruido por el impacto antes causado.
Su pelaje es manchado con la sangre de sus oponentes, solo puedo observar que, al caer sus cuerpos, vuelven a ser humanas, unas humanas que están inconscientes ante los fuertes golpes a los que están siendo sometidas.
Me levanto con la poca fuerza que logro juntar, sacudo mi cabeza para retirar la sangre de mi rostro. Mi visión se aclara un poco y reconozco a Nalya, Nalya es la loba de Shyllen. No puede ser mayor mi sorpresa al ver como mi hermana está luchando por mí. Mi bella hermana está acá, está conmigo…
Shyllen es una mujer correcta, odia los problemas y las peleas, pero si alguien se atreve a meterse conmigo, su cordura se pierde y en este momento sí que la perdió.
En un descuido de Nalya, la bruja salta para atacarla a traición, ¡era de suponerse! Solo las cobardes lo hacen. Pero no se lo permitiré, con mi hermana a mi lado, siento que retomo mis fuerzas y es momento de que ella y yo ajustemos cuentas.
Es hora que sepa porque nos llamaban las mosqueteras...