Kaliza
Escucho atenta cada una de las palabras, pero mi cuerpo no responde, siento que cada partícula se quedó sin fluido sanguíneo. En toda mi vida solo he tenido una hermana ¡una excelente hermana! Recuerdo que cada vez que me invadía la tristeza, ella lo sabía y solo golpeaba su cama en señal de apoyo. Fueron muchas las noches que me acuno en sus brazos, siendo ella mi más grande sostén…
Siento que, si me levanto caeré cual bola de helado derretido al piso, no puedo con tantas emociones. No sé qué pensar ¿si es una trampa? ¿si ellos los enviaron? ¡Diosa Luna, dame sabiduría! No me quiero equivocar….
Veo de reojo a mi hermano y es muy atractivo, tiene un sentido del humor muy parecido al mío. Quiero correr y abrazarlo, decir que estoy viva, que soy lo que busca, pero detengo mis conmociones, no puedo cometer un error, no debo confiar, ellos son el enemigo.
¡Todo están injusto! Esos seres que me dieron la vida no tienen corazón. No era la forma de enterarme que tengo un hermano ¡bueno! Pretender que esos desagraciados me contarán sería ilógico. ¿Pero si estamos confundidas? Sí ellos no son nuestros hermanos y solo mal interpretamos la situación, creo que lo mejor es preguntar.
Respiro profundo y con el poco valor que me queda los llamo.
─ Chicos ¿cómo es el nombre completo de sus hermanas? ─ por poco Shyllen se queda sin las esferas de sus ojos, ante mi sorpresiva pregunta.
─ Según el registro que encontramos, mi hermana fue nombrada como Azul Abad ─ ¡Mierda!¡mierda! es mi pensar, pero lo reafirmo al escuchar el nombre real de mi hermana, salir de los labios de Varick.
─ Mi hermana fue llamada Nalya Meyer ─ veo a Shyllen y ella está igual o más anonadada que yo. Ninguna esperaba esto, aunque lo sospecháramos…
Logramos actuar normal y salir bien libradas del maravilloso desayuno.
Quedamos de vernos y compartir por lo menos el tiempo que ellos estarán en la ciudad. Pero con la determinación de no revelar nuestro secreto, no hasta estar seguras de sus verdaderas intenciones.
Al llegar a casa, tomo de la mano a Shyllen, la dirijo a su cuarto y sin darle tregua, retiro su collar, de manera automática su verdadera apariencia queda al descubierto.
─ ¡Eres igualita a Varick! ─ digo llevando mis manos a la boca por el asombro. Ella despliega una sonrisa y me pide que retire el mío. El reflejo del espejo me muestra mi realidad, soy la versión femenina de Antoine.
─ Dame eso, recuerda la recomendación de Milena ─ hago un gesto de malestar ante las palabras de Shyllen. Con un gesto de amargura coloco el collar en mi cuello.
─ No olvides que no podemos pasar más de un minuto sin él, de lo contrario nos encontrarán. ─ con esas palabras mi hermana se retira y desde la concina dice que a mí me toca el resto de la casa. Zapateo fuerte, ¡es que odio arreglar la casa! ─ solo quería hacer pereza, digo con voz de consentida.
─ Hacer pataleta no te servirá, así que muévete ─ está bien esposa, contesto con resignación.
Desde que ella empezó con sus cuidados, decidí llamarla esposa y ella me llama igual. Es muy cómico ver la cara de la recepcionista de la clínica cuando Shyllen me llama, ella siempre dice que es mi esposa y la chica se sonroja cuando le pregunto qué quién me llama, sé que es mi hermana. Solo lo pregunto para ver como tartamudea diciendo su- su es-esposa señorita Kaliza. En verdad que eso me divierte…
Mi trabajo en la clínica es una pesadilla, el área de urgencias es sofocante, acá todos se quejan, todo huele a orín de chivo muerto ¡no sé cómo huele! Pero supongo que esa sería la descripción más acertada. Pero lo que más odio es a la bruja de la coordinadora médica, es una mujer detestable en todo el sentido de la palabra ¡claro! Es bonita como todo ser sobrenatural, pero su actitud es un asco.
Hablando de la diosa de la amargura… ¡Recuerda Kaliza, no la puedes matar! Me mentalizo y suspiro.
─ Usted niña ¿es que no tiene nada que hacer? ¿piensa estar con esa escoba todo el día? ¿o es su medio de transporte? Recuerde que hay parqueadero para los vehículos, más para los empleados ─ hago puños mis manos y respondo muy divertida
─ ¡Tranquila doctorcita! Prometo tratar con delicadeza su vehículo ¿Dónde se lo parqueo? Es que pensé que yo podría volar en estas cosas, pero creo que se le facilita más a usted ─ la muy infeliz se acerca con la intensión de abofetearme, pero una mano se lo impide.
─ ¿Qué creé qué está haciendo? ─ solo puedo observar la estructura trasera de lo que es un cuerpo masculino perfecto, ¿¡espero que su rostro sea digno de semejante lumbrera!? Pienso en lo que paso saliva ante tal escultura.
─ Joven Belzhur ─ escucho saludar algo intimidada a la tipa, ya que la perfecta espalda frente a mí, no me permite ver el rostro de la bruja.
Su voz es de autoridad, se gira y siento que estoy en el infierno, pues solo los demonios logran tal perfección.
─ Señorita ¿se encuentra bien? ─ No ─ digo entre boba e idiota, estoy en la nebulosa, ¡Diosa Luna, escúpeme donde está el molde de este hombre! Así me diseño unos cuantos. Pienso perdida en su mirada, pero su voz me devuelve a la realidad.
─ Llame a otro médico, necesito que la revisen ─ no, no, estoy bien ─ contesto rápidamente, total la bruja no hizo nada.
─ Eso me alegra, mi nombre es Alay Belzhur futuro Alfa de la manada Renacer ─ ruedo los ojos, tuerzo mi boca y contesto. ─ ¡Otro futuro Alfa! Estoy en la era futurista o qué. Él me regala una sonrisa ladeada que ilumina aún más las facciones de su perfecto rostro.
─ Discúlpela mi Alfa, ella no tiene educación, no sabe respetar a sus superiores. ─ veo como le hace una reverencia al dios de los demonios ¡Pero que ni crea que yo haré lo mismo! Solo ver la mirada de burla que la muy infeliz meda, hace que mi sangre hierva.
Por más que trato de soportarla no puedo ¡juro que lo intento! Pero ella me lo pone difícil, así que pongo mi actitud de porquería en acción y contesto con sarcasmo.
─ Joven, futuro de los futuros múltiples Alfas que hay en la ciudad ─ digo sin importancia ─ Hágale caso a la señora esa. Como ella dice, no tengo educación, pero si para tener educación se requiere ser un ser tan mezquino como ¡eese! ─ esa última palabra la alargo en lo que pongo cara de asco y la señalo achinando mis ojos ─ ¡no, gracias! Prefiero ser bruta toda la vida.
─ ¡¡Por respeto al Alfa no te pongo en tu lugar!! ─ suelto una carcajada ante su amenaza y sin dudar pregunto ¿su educación si le permite pelear? Porque, mi no educación si me lo permite ─ estoy en pose de jarra y le regalo un giño, pero el demonio con cara de ángel interviene.
─ ¡Cálmate! Mejor cálmense ─ lo que mi demonio celestial pida, pienso y muerdo mis labios para afirmar con mi cabeza.
─ Príncipe ─ veo a un chico llamarlo desde el umbral del pasillo, un chico nada mal. ¡compórtate! Me reprende mi loba, está bien, digo a regañadientes, en lo que el príncipe Alfa se retira y la bruja pasa a mi lado.
─ Esto no se ha terminado ─ esto no ha terminado, repito las palabras haciendo muecas e imitando su andar, pero un carraspeo me hace levantar la mirada y solo quiero que la tierra me coma. Veo a mitad del pasillo al demonio angelical con una ceja arqueada y los brazos cruzados ─ fue un placer y permiso, me despido con un gesto militar, él solo ríe y yo siento que hoy será mi último día en esta clínica.
(…)
Llego a casa y corro a contarle a mi hermana que hoy sin ser tocada, sentí las llamas del inferno recorrer mi piel.
─ ¿Cómo es eso? pervertida ─ me tiro en el mueble de la sala y le contesto la pregunta cargada de malicia que mi hermana me hizo.
─ ¡Verás! Hoy como casi todos los días, discutí con la doctorcita de pacotilla ─ me hace una expresión de “tan raro” o “cuéntame algo que no sepa” ─ deja de hacer esa cara, ¡en fin! El caso es que hoy fue a la clínica el mejor amigo del futuro Alfa de los Alfas ─ hago un stop ante la nueva pregunta de Shyllen.
─ ¿El futuro Alfa de los Alfas, está en la clínica? ─ Sí ─ contesto casual, pero decido contar lo poco que sé ─ Él lleva en la clínica alrededor de un año, está en coma, nadie puede ir al octavo piso, eso está prohibido, allá solo va el personal que su madre o sea la Luna de Lunas, permite.
El rostro de mi hermana me hace pensar que la historia le interesa ¡a quién no! Es del futuro gobernador de todos los seres sobrenaturales del que hablamos. Él a mí ni me interesa, su historia sí, pero nunca lo he visto. El que me interesa es el demonio que vi hoy en persona y ese sí que me inquieta y también a mi loba. ¡Papasito! Escucho el grito de mi loba ante mi pensamiento. Dibujo una sonrisa por su comentario.
─ ¿Y? no piensas terminar tu historia ─ Uhs sí que eres insistente ─ Como decía, según los chimes de pasillo, él se puso como muralla para proteger a su madre de no sé qué hechicero en la batalla de nunca jamás y bla-bla-bla ─ ella rueda los ojos por la desesperación ante mi información desinteresada.
─ ¿¡Qué!? Yo solo me fije en su amigo, lo demás son solo historias de miles que hay. Prometo que apenas tenga información te contaré con lujo de detalles ─ ¡prometido! ─ prometido, digo levantando mi mano derecha en señal de promesa.
─ ¡Ahora cuéntame de tu demonio angelical! ─ doy una palmada al sillón para que ella se acomode.
─ Es el hombre más perfecto que hasta el momento he visto. En esa clínica no hay mucho que ver ─ ¡pero ya suspiramos y todo! ─ No molestes, sabes que estoy rodeada de viejas petulantes y lobos casi momificados ─ la risa de mi hermana es algo exagerada, pero me uno a ella.
─ Aunque destaco al nuevo médico internista, es una lástima que el tipo es un lobo con alma de perro ─ ¿por qué lo dices? ─ me acomodo y le robo una de las papas que está comiendo mi hermana, pero la muy tacaña escondió el paquete, y en un acto muy maduro le saco la lengua. ─ Lo han pillado con mucho toqueteo con las enfermeras y las médicas de la noche. El chisme de esta semana es que él muy calenturiento estaba teniendo sexo en una de las salas de cirugía ¿¡lo puedes creer!? ─ ¡pero que joyita! ─ total, no le gusta perder tiempo.
─ Pero ¿el demonio? ¿No paso nada más? ─ sí ─ contesto y procedo a contar como intervino en mi fatídica pelea verbal con la bruja. La culminación de mi relato es interrumpida por el sonido del teléfono.
─ Son los chicos. Preguntan que si mañana podemos ir cenar. ─ Diles que sí, pero que esta vez nosotras pagamos ─ ok, dice mi hermana, luego la escucho decir que nos vemos a las 8 en la recepción y cuelga.
─ ¿Qué piensas de ellos? ─ que debemos conocerlos mejor, antes de pensar en delatarnos ─ contesta Shyllen muy segura de sus palabras ─ Por mi parte, creo que es lo mejor, aun no tenemos certeza de los sentimientos de esos chicos.
─ Para ser sincera ─ hago una pausa, suspiro y continuo ─ desde que hablé con Antoine, siento que algo en mi nació, es un sentimiento cálido, él me transmite seguridad, confianza y fraternidad ─ lo mismo siento con Varick, es un cachorro jugando a ser un hombre, quiero aprovechar el tiempo con él para despejar mis dudas y temores, solo así decidiré o no contarle la verdad ¿te parece? ─ si, te apoyo en eso, por el momento disfrutáremos de la compañía de ese par de locos. Es así como finaliza nuestra charla con un amague de sonrisa.