Salir del lugar en el que libre una batalla con mi propio padre, fue algo desalentador, no soy el tipo de mujer que desea la muerte de nadie, pero escuchar de su propia boca todas las atrocidades que hizo y la forma en que disfrutaba maltratando a los cachorros, violando y matando a tantos inocentes, me llevo a cegar mi conciencia y actuar sin razón. Tomo del brazo a Kaliza, tanto ella como yo estamos realmente golpeadas y con heridas severas, heridas que no duelen igual a como duele la realidad, una que demuestra que nada es como uno sueña y que el príncipe que yo desee que fuera mi padre, no es más que un monstruo que habitaba bajo mi cama, ese monstruo al que todo niño teme, uno que por poco destroza mi alma. Todos en el lugar están igual o peor que nosotras. Nuestros compañeros nos

