Día de la pelea
Estamos en media de una guerra que, ha dejado varios de nuestros amigos y familiares sin vida. Hay muchos que se han sacrificado por lograr un cambio, un cambio que generó enfrentamientos entre las manadas y todos los seres sobrenaturales que habitan este mundo.
Acá nadie quiere perder, todos tiene un objetivo para ganar esta lucha y un bando a cuál seguir.
Para nosotros es la oportunidad de poner fin a tanta injusticia. Mis padres son seres maravillosos, respetuosos y justos, pero para el gran imperio creado por las manadas de Alemania, Rusia y Francia, no son más que obstáculos en sus planes y negocios turbios.
Doy una mirada y todos están inmersos en esta lucha que no quiere parar. De la nada veo como una luz se dirige hacia mi madre, sin dudar me interpongo siendo yo el que recibo el impacto.
Siento como mi cuerpo se desvanece. Mi último recuerdo es el grito de mi madre y los brazos de mi padre sosteniendo mi cuerpo antes de tocar el suelo.
Aprecio mi cuerpo en los brazos de mi padre y como las lágrimas de mi madre caen cual cascadas por mi frente. Mis gritos son silenciosos y mi presencia es nula ante ellos.
─ ¡Padre! ¡Madre! ─ los llamo, pero no me escuchan. Trato de tomar el hombro de mi padre, pero mi mano atraviesa su cuerpo.
─ ¿Qué me pasa? ─ es el interrogante que me invade al ver como mi cuerpo inicia a desaparecer cual partículas en el aire.
─ Tristán, Tristán ¿Dónde estás? ─ pregunto con desespero, pero mi lobo no contesta.
Me siento extraño, liviano, vacío…
De repente todo se vuelve oscuro y tranquilo. Una brisa cálida abraza mi cuerpo, despojándome de mi parte animal.
Veo a mi lobo caminar alejándose de mí y moviendo la cola.
Entre la oscuridad una figura blanca se abre paso. Es una mujer realmente hermosa, su cabellera blanca brilla cual diamante, su sonrisa me recuerda a mi madre, me mira con tanta dulzura, se inclina y soba la cabeza de Tristán.
─ Hola, cariño ─ por un momento olvido donde estoy, ella me hace sentir como en casa.
─ ¿Quién eres? ─ Soy ─ su respuesta es interrumpida.
Ambos miramos como el suelo se cubre de niebla y una sombra negra se materializa dejando ante mí, la figura de un hombre, un hombre con los rasgos de mi madre.
─ ¡Vaya! Chico, hasta que te dignas a venir a visitarnos ─ el saludo alegre y fraternal del señor, me hacen saber son parte de mi familia.
─ ¿Abuelos? ─ pregunto con duda.
─ Los mismos ─ contestan para luego ser cobijado por sus brazos.
Nunca los conocí, sabia de la historia y todo lo que mi madre sufrió al ver como su padre abandonaba este mundo, un mundo en el que él fue su compañía, su protector, su mundo.
Sé que su madre la visitaba todas las noches, pasaban hablando de todo, hasta del día que ella debía volver junto a ellos, nunca supe cuando sería ese día, menos que sería yo quien vendría primero.
Siempre pensé que mi abuela, era una mujer injusta y fría ¿Cómo alguien podría abandonar a su hija? ¿Cómo pudo ser capaz de enviarla a la librar una guerra que no le correspondía? ¿por qué mi madre no se sentía triste? ¿Por qué siempre habla con tanto cariño hacia ella? Son tantas preguntas que en ese momento me frustraron, pero al estar ante estos seres mi opinión cambio.
No necesito estar una vida con ellos, para sentir ese amor que irradian y me transmiten ¿Quizá esa fua la razón que mi madre tenía? Siempre se sintió protegida, amada y feliz.
─ ¿Pensé que, la Diosa de la Muerte era diferente? ─ mi tono apenado, deja percibir la sorpresa al descubrir que ella no es la calavera con capa negra y hoz en mano que, describen en cuentos, es simplemente un ángel.
─ Como ves muchacho, tu abuela es toda una… ¡Hermosura! ─ dice mi abuelo aferrándose a su cintura y besando su cuello, ella le da una palmada tierna en sus manos.
─ No todo lo que se habla de mi es verdad ─ se inclina, se apoya en el pecho de su esposo y continua. ─ muchas personas me ven como alguien justo, para otras soy injusta, pero necesaria. Podría decir que soy el equilibrio que el mundo necesita.
─ La muerte es el proceso final de la existencia, por así decirlo. Pero no todo el que viene a este lugar tiende a desparecer. ─ ¿No entiendo? ─ pregunto ante la aclaración de mi abuelo.
─ Cariño, todos tenemos un propósito en esta vida, así como en la que nos precede. La razón por la que estas acá con nosotros, es simple ─ suspira, sonríe y me aclara
─ Aún no es tu tiempo, tienes un destino que cumplir. Con nosotros estas protegido, muchos desean que la profecía no se cumpla ─ ¿¡profecía!? ─ cuestiono.
─ Es algo que a su tiempo comprenderás, por el momento debes saber que estás seguro en este lugar. ─ Abuela ¿Cuándo podré volver?
─ Eso depende de tu compañera. ─ Pero ¿cómo ella me encontrará si estoy acá?
─ No solo estás acá, una parte de ti esta allá, quizá la más impórtate. ─ ¡Perfecto! ─ mi sarcasmo es evidente, ante el comentario de mi abuela, pero creo que todo esto es un mal sueño, aunque recuerde todo perfectamente.
─ En la tierra estás en estado de coma o sueño inducido. ─ ¡Soy una especie de vegetal! ─ la burla con la que me expresó, saca de mi abuelo una sonrisa algo ruidosa.
─ No exactamente. Debes encontrar ese anhelo tan grande que te lleve a querer dejar este lugar. ─ ¿Estoy en el limbo? ─ Limbo, túnel de almas, espacio astral, mundo de los muertos, tu llámalo como quieres. ─ la explicación de mi abuelo me deja saber que no estoy muerto, pero tampoco vivo.
─ ¿Qué tiene que ver mi compañera en todo esto? ─. Es tu alma gemela, la mitad de tu vida, ella es la única que logra que tus ganas de vivir sean más fuertes que las de habitar este lugar. ─ ¡Ahh! Ya entiendo. ─ expreso cansado de esta situación.
Cada pregunta que hice, tuvo respuesta. Sé que ganamos, mi madre perdió el control al creer que yo había muerto, su ira y la de mi padre, sacaron lo peor de ellos, sus aliados jamás pensaron que la Luna de Lunas guardará tanto poder, así como mi padre.
Solo perecieron los que debían, según me aclaro mi abuela, la unificación del alma con el firmamento se logra si el tiempo de vida se cumple, de lo contario su paso por el mundo de las almas es temporal.
(…)
Llevo poco tiempo en este lugar, pero es maravilloso. No sé si mi compañera quiera o no buscarme, no siento la necesidad de irme, no me hace falta nada, cada día que pasa los recuerdos son pocos.
Pienso en mis padres, pero al estar con una parte de ellos, su ausencia es menor.
Sé que tengo un amigo, él es como mi hermano, pero con los días su rostro va perdiendo claridad.
Antes sentía pinchazos en mis brazos, pero esa sensación cada vez se hace más leve y pasajera, cosa que me alegra, no soy amante a sentir picaduras y gracias al tiempo que transcurre tan deprisa, las incomodidades a las que someten mi cuerpo son soportables.
Por lo que me explicaron mis abuelos, acá los años son meses, los meses semanas y las semanas, minutos. El tiempo es tan efímero como mis ganas de volver.
─ ¡Hijo! ¿Me podrías acompañar? ─ claro ─ no pregunto a donde, solo deseo recorrer un poco más el lugar y que mejor compañía que la de mi abuelo.
Es sorpréndete ver como mi abuelo con el movimiento de sus manos, hace que todo el lugar cambie, ya no es verde y soleado, ahora es oscuro y frio
─ ¡Genial! ─ grito cuando dos arcos se forman al final del camposanto, la luz me atrae de una forma inexplicable, doy un paso hacia esa luz, pero una sombra me retiene.
─ No es tiempo, debes ser más fuerte. ─ denoto angustia en las palabras de mi abuelo, pero la atracción que siento es inigualable. Veo como de la nada emerge la silueta de mi lobo.
No pensé en que, pudiésemos estar separados, esa debe ser la razón por la que me siento liviano. Él se ubica a mi lado e inicia a caminar.
─ Tristán ¿Qué pasa? ─ pregunto al ver como se detiene cada dos pasos, aúlla hacia el firmamento. Transmite una tristeza que en otro momento me preocuparía, pero tengo tanta paz, que ni el dolor de mi lobo detiene mis pasos.
Mi abuelo trata de retenerme, sombras toman mis pies, pero estoy tan decidido en llegar a ese arco de luz, que ni su poder logra que me detenga. Solo un aroma tan delicado, tan exquisito logra frenar mis pasos.
Su presencia me altera, me inquieta. Quiero detenme, quiero ir hacia ella, es hermosa, es mi alma, mi luz, la luz que deseo alcanzar.
Escucho su llamado. Su voz es con la que deseo despertar de este sueño. Mi lobo se detiene y aúlla con dolor, al tercer aullido todo mi mundo nuevamente es verde y soleado, pero algo cambio, algo me falta.
La paz de este lugar para mí no tiene sentido, quiero verla, quiero escucharla, quiero tomarla.
─ ¡Abuela! ¡Abuela! ─ ingreso al jardín, le propino un abrazo fuerte ─ Quiero volver, la encontré ─ Me alegra cariño, ya era hora ─ Tan aburridos están conmigo ─ ella ríe por mi comentario en lo que niega.
─ No es eso, solo que cada día que pasas con nosotros, tu mundo, tu verdadero mundo desaparece. ─ me toma el rostro y besa mi frete ─ es hora de que regreses dice.
Pasan algunas horas. Veo que mi abuelo ingresa y dice que ya todo está listo. Mi abuela me da un abrazo, me pide que no olvide que ella me ama y estará siempre a mi lado… así no la pueda ver.
No me puede acompañar, solo iré con mi abuelo al mismo lugar, ese en el que la vi, en el que espero que este…
Tiempo actual…
─ ¿Dónde estoy? ─ pregunto admirando unos ojos verdes agua marina que me embriagan.
Siento mis labios resecos y como un abusivo descontrolado, la tomo ubicándola en mi regazo y la beso. Sus labios son todo lo que necesitaba para calmar mi sed.
Todo mi mundo se pierde en ellos. Un carraspeo hace que abandone sus labios de manera lenta y resignada.
─ También estamos felices de verte ─ dirijo la mirada a mis padres ─ Lo siento ─ digo. Observo como la vergüenza se nota en el rostro de la bella luz que tengo en mis brazos.
Me levanto, sin dejar que mi alma se retire ni un milímetro de mí. Observo a mi amigo y a otras personas desmayadas en el lugar, solo mis padres, mi abuelo y mi luz, están conscientes.
─ ¿Qué es todo esto? ─ El regreso a tu vida ─ contesta alegre mi abuelo.
Reacciono, abrazo fuerte a mi madre, ella rompe en llanto y besa mi rostro algo desesperada.
─ ¡Muchacho! ─ dice mi padre, separando de manera tierna a mi madre, me abraza y sus ojos se cristalizan. Sé que me extrañaron y eso hace que me sienta una basura, una basura que los olvido por instantes de tiempo, una basura egoísta que no quería volver.
─ Los amo ─ digo tomando la mano de mi madre ─ No más que nosotros ─ agrega y besa mi mano.
Siento mi cuerpo aún liviano, sé que Tristán no está conmigo.
─ Abuelo ¿Dónde está Tristán? ─ pregunto abrazando a mi compañera, creo que aún está en shock por lo atrevido de mi beso, su mirada no deja de reparar en mi rostro. Pero es… tan hermosa, estoy más que encantado de ser su compañero y me pierdo nuevamente en sus ojos, pero mi abuelo interrumpe la imagen perfecta que tengo frente a mí.
─ Él aún no puede regresar ─ ¿Cómo? ─ Tranquilo amor, todo tiene una explicación ─ sustenta mi madre ante el comentario de mi abuelo, dejo el tema por el momento.
─ ¿Por qué ellos están inconscientes? ¿y quiénes son los demás? Solo conozco al idiota de Alay ─ no me extraña que viniera, es más que un amigo, es mi hermano.
─ La chica junto a él, es su compañera y hermana de vida de Shyllen ─ Shyllen, que hermoso nombre tienes mi luz ─ digo acariciando su rostro e ignorando lo demás, ella me regala una risa tierna y por fin habla.
─ Él es mi hermano, se llama Varick ─ se aleja y toma la mano del chico ─ ¡Tranquilo! Es solo su hermano ─ mi padre posa su mano en mi hombro, creo que mi rostro reflejo el disgusto ante el acto de ella hacia su hermano.
Me indica los nombres de todos, la relación de amistad y hermandad que comparten. La veo tan feliz al hablar de cada uno, no podría ser más afortunado de tenerla a mi lado.
─ Ven mi luz ─ le ofrezco mi mamo, la toma y me mira con extrañeza ─ Mi nombre es Shyllen, no luz. ─ Para mi eres mi luz, mi alma, mi todo. Por su gesto sé que mis palabras la complacen y es el permiso que necesitaba para poder probar de nuevo sus labios.
─ Creo que es hora de despertar a estas personitas, así mi bello nieto no se olvida que, no está solo en este lugar ─ la burla de todos, hacen que mi compañera corte el beso. ─ Perdón ─ agrega, están bella sonrojada, tendré que ocasionar más momentos como estos, pienso al verla tan hermosa, tan dulce, tan mía.
Mi abuelo con un movimiento hace que la sombra que cubría sus bocas desaparezca, en ese mismo instante que todos abren sus ojos.
Alay despierta más pendejo de lo que es, se levante, me mira, sonríe, me abraza fuerte y dice que es un placer volver a ver mi cara de imbécil. Aun me pregunto cómo puede ser mi amigo.
Los demás están igual de perturbados, la chica abraza a mi luz, llora y la revisa, creo que pensó que estaría herida. El tal Antoine le regala una sonrisa algo tierna, nada del otro mundo, gracias a la Diosa Luna no veo malicia en su gesto, de lo contario ya sería hombre muerto.
─ ¡Pequeña! Ven acá ─ dice Varick, sé que es su hermano, pero no me gusta que la tome en brazos, ella solo puede estar en los míos.
─ Suficiente ─ digo separándola de su regazo.
─ ¿Cómo qué suficiente? Es mi hermana, sin mal no recuerdo. ─ Me alegra, felicidades, tienes una hermana hermosísima ─ la tomo por la cintura y la beso. Solo escucho como bufa de coraje y eso me agrada.
─ ¡Ahh! Por cierto, es mi compañera, así que no seas tan empalagoso con ella. ─ añado sin despegar del todo mis labios. La carcajada de Antoine y Kaliza resuenan en el lugar, por suerte tengo buena memoria.
─ ¿De qué se ríen? Ridículos ─ De nada, solo de ver tu cara de cólico menstrual─ definitivamente me agrada la hermana de mi compañera.
─ Señor príncipe ─ dice con desdén, lo observo, me intriga lo que dirá ─ Solo le quiero aclarar que, me importa que usted sea su compañero, ella es y seguirá siendo mi pequeña, si la lastima el hechizo que una vez lo dejo en coma, será como una patada en su real trasero, comparado con lo que le haré si tan solo, en su rostro hay una señal de tristeza, ¡me entendió! ─ por la fuerza de sus puños y el tono de su voz, sé que no está mintiendo, pero que ni crea que me intimidará.
─ No pretendo que su bello rostro se opaque por nada del mundo, mi luz brillará siempre a mi lado. ─ una idea cruza mi mente, decido ponerle un poco de picante a la situación. ─ Claro que... sí deseas ─ hago una pausa ─ Podrás estar presente cuando la haga gemir de felicidad en mis brazos, así estarás seguro de que haré bien mi trabajo─ le regalo un guiño coqueto a mi luz, ella ríe y niega golpeando mi pecho. Siento que amo a esta mujer…
─ Te voy a matar ─ veo como se acerca, pero mi abuelo se interpone algo risueño por la situación.
─ Chicos ¡calma! Acá nadie va a matar a nadie. ─ agrega divertida mi madre, ella sabe de mi buen sentido del humor y este chico lamentará el haberme retado.
─ ¡Y el espectro? ─ la pregunta perturbada de la hermana de mi luz, nos hace posar lo mirada en mi abuelo. Mis padres, mi compañera y yo, reímos ante la mirada confusa de todos.
─ Soy yo…