Capitulo III. El jardinero.

1442 Palabras
Hanna. Robert ha llegado a casa un poco temprano el día de hoy, me ha tomado por sorpresa, por suerte no he estado practicando hechicería. Realmente es algo que suelo hacer cuando el no está, no quiero olvidar todo lo que pase ardos años aprendiendo. —¿Cariño dónde has guardado la mantequilla de mano?— Preguntó Robert desde la cocina. —Esta en los gabinetes, atrás de los cereales— Contesté desde la sala dónde me encuentro sentada en uno de los muebles— Ten cuidado con los atúnes. —Auch— Gritó él «Bueno supongo que ya no importa». Estos días que han pasado he intentado encontrar algún hechizo para poder ocultarnos mejor, mi búsqueda no ha logrado tener éxito, hechizos así suelen estar en la biblioteca santa y volver a ese lugar no está en mis planes, así que tendré que buscar la manera de ingeniármelas. Robert volvió de la cocina con un emparedado listo para devorar. Se sentó a mi lado cubriéndome con su brazo. —Que día tan largo— Dijo dándole una mordida a su pan muestras miraba fijamente al televisor. Sonreí levemente al escuchar sus palabras, pues algo me decía que esto solo es el comienzo de una larga semana. El misterioso nunca a Sido lo mío, amo más las comedias románticas. De niña solía ver junto a mi madre, muchas comedias románticas. Un poco cruel si lo analizas ya que de todas formas no se nos permite vivir una vida plena y alegre por mucho tiempo. Es una de las cosas que me encanta de los humanos, ellos son tan sencillos, viven una vida muy complaciente, son dueños de su destino. —¿Ya has ido a darle la bienvenida a nuestros nuevos vecinos?— Preguntó Robert entretenido aún en la película de turno que han colocado en el canal ochenta y dos. «¿Tenemos nuevos vecinos?». —No cariño, ni siquiera estaba al tanto de que tenemos la suerte de tener nuevos vecinos— Contesté con asombro que podía dejar ver en la manera en que me expresé. —Tienes razón, los anteriores eran un poco problemáticos, supongo que ya son feliz en su utopía— Contestó para finalizar con una risa. Robert tenía un poco de razón en sus palabras, nuestros anteriores vecinos, los señores López, eran algo difíciles de tratar, varias veces pude ver desde mi ventana como botaban mis tan trabajados pie de limón. «Ni una pisca de magia, solo amor y esfuerzo». «¿Cómo debe ser?». «¿Quién ha dicho eso?». De la nada pude notar una segunda voz dentro de mí cabeza de la cual estoy totalmente segura no es mía. No tuve respuesta de esta y mis nervios empezaron a alarmarse pero hice todo lo posible para mantener la calma, no busco asustar a Robert con mis delirios. Robert reía por las escenas poco cómicas de la película, siempre ha tenido un pésimo sentido del humor. Me levanté para salir un momento al pateó trasero y poder tomar aire, dejar que mis males se fueran con las brisas fuertes que recorrían estos lares a estas horas. Conjure un hechizo a mi alrededor en busca de actividad fuera de lo normal, debía ser veloz y sigilosa. —Hola señorita Hanna— Dijo Bobby saludándome con una alegría esplendida que aunque lo intentará no podía hacer menos evidente. —Hola, Bobby— Respondí su saludó brindándole una sonrisa. Detrás de mi cerré el conjuró para impedir que se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. —¿Qué le ha parecido mi trabajo?— Preguntó queriendo ser elogiado por mi persona. Tal vez Margaret si tiene una pizca de razón y el señor Bob tiene en su corazón sentimientos desafortunadamente no concebido. —Debo felicitarlo, logra hacer un muy buen trabajo, tanto así que hace que estar aquí afuera sea un agrado exorbitante— Contesté con amabilidad. —Me alegró poder complacerla señorita Hanna— Respondió mirando el suelo como si fuera un niño pequeño que está pensando en la mejor forma de confesar su amor. Voltee para dejarle de ocasionar espasmos, seguro su corazón se acelera al sentir mi mirada sobre el. —¿Cómo está el señor Robert?— Preguntó detrás de mi. El señor Bob no suele preguntar por mi esposo, supongo que las razones son obvias. —Se encuentra en un estado maravilloso, ahorita está adentro, en la sala para ser más específica, comiendo como ama hacer y disgustándose con la televisión— Contesté empanizando con él— Agradezco que pregunté. No quise mirarlo, estoy segura que encontraría dolor en su mirada. La vida humana es maravillosa aquí arriba pero en ocasiones también suele ser muy dolorosa. —¿Crees que pueda hacerte más daño del que me haces?— Preguntó él señor Bob tomándome del cuello por detrás. No entendí lo que estaba sucediendo, esto no es algo que él suela hacer, su conducta es por completo extraña para mí. Me mantenía agarrado el cuello con sus ásperas manos, podía sentir su mirada de odio. —Vendré por ti pequeña puta— Susurró acercándose a mi oído. Robert entro en escena, viniendo a salvar a su damisela en auxilio. Golpeó tan fuertemente a Bob que lo lanzó unos cuantos metros de mi distancia, no me dio tiempo de sentir cuando apartó su mano de mi cuello. Robert me abrazó, tranquilizando con palabras de ayuda mis nervios. —Calma cariño, estoy aquí. Decía él mientras acariciaba mi cabello. Él señor Bob se levantó del suelo, con una mirada de impactado, parecía que tampoco entendía la situación. —¿Qué a ocurrido?— Preguntó sobando su mejilla. —Que usted se irá de mi casa y no volverá jamás, eso a sucedido— Afirmó Robert con molestia. Pude sentir sus ganas de soltarme y despedazar al pobre señor Bob pero algo me ponía de su lado y es que muy dentro de mí sabía que lo sucedido no es su culpa. No es el primero en ser controlado por un tercero, posiblemente está también es parte de esos momentos. Seguí abrazando a Robert para calmar su ansías. —Calma cariño, estoy bien— Dije. —No se que ha ocurrido señor Smith pero le imploro otra oportunidad— Decía el señor Bob puesto en rodillas suplicando por no ser despojado de su trabajo. —No lo volveré a repetir al menos que usted desee que yo mismo lo saqué de mi hogar a golpes— Dijo mi esposo eufórico. —Calma cariño, esa no es manera de hablarle a nuestro trabajador, seguro el señor Bob no estaba consciente de lo que hacia— Dije en su defensa. —No me pidas imposibles Hanna, no permitiré que esa bestia trabaje cerca de ti, mi amada— Contestó con un encanto notorio. Me sonroje al escucharlo como si volviese hacer una adolescente. El señor Bob con todas esperanzas esfumadas, se levantó para recoger sus cosas e irse. Me sentí culpable, sin duda quería hacer algo para evitar su exilio pero por desgracia no había manera coherente de explicar lo sucedido. —Discúlpeme por lastimarla señorita Hanna, sabe que yo soy incapaz de hacer tal acto por voluntad propia y aunque no puedo explicar lo que ocurrió hace raro, solo quiero decirle que si me voy es porque estoy de acuerdo con su esposo, si soy una amenaza para usted prefiero mantenerme al margen— Comentó con dolor en sus palabras. —No se preocupe señor Bob, le creo— Contesté viéndole piadosamente. —Y a usted señor Robert, también deseo discúlpame, no fue mi intención— Dijo con la cabeza agachada— Agradezco la oportunidad que me brindaron ambos al permitirme trabajar aquí con ustedes, son una gran familia y unas maravillosas personas— Dijo para concluir y salir por la puerta. No pude evitar llorar pues el dolor de una injusticia maltrataba sin piedad no corazón. Robert me abrazo una vez más dándome apoyo y fuerzas. —No te preocupes cariño, entiendo que confíes en él pero por el ahora será mejor que esté lejos de nosotros, tal vez en un mañana podamos verlo nuevamente a la cara— Dijo para consolarme. Robert se encontraba en lo cierto, el mañana es incierto pero por los momentos es mejor ir acomodando los cimientos dónde pondremos nuestra vida. Debo resolver mi misterio, descubrir quién perturba mi tranquilidad e intentar pasar el resto de mi vida con mi amado y su mal gusto a la comedia. Sonreí levemente pues me encontraba más tranquila porque estoy segura de que Bob podrá volver, en algún momento. «Es una promesa».      
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR