Diego estaba sentado en la terraza de su casa, con la mirada perdida en el horizonte, mirando hacia el paisaje favorito de Sofía, desde ahí podía ver a lo lejos el volcán Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, a ella le encantaba la leyenda tlaxcalteca, él cerró los ojos y recordó la voz de su amada contándole la historia de estos enamorados: —¿¡Cómo que no te sabes la leyenda!? ¡Eso no es posible! Es una leyenda popular del pueblo de México, es inconcebible que te digas mexicano y que no la sepas —Exclamó Sofía, el día que Diego confesó que no la conocía — Te voy a contar — dijo Sofía —Algún día, se las contarás nuestros hijos: [Había una vez, una princesa tlaxcalteca llamada Iztaccíhuatl que quedó flechada por un apuesto guerrero de su pueblo, Popocatépetl, y a éste le pasó lo mismo. Eran tie
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