08

1015 Palabras
Valentina seguía de camino a casa, poco le faltaba para llegar a la casa de Rosa, pasando a buscar a su hermano Mario que de seguro ya estaría preguntandose por ella, porque como tuvo que ir a la joyería, se estaba tardando más en regresar y había prometido que no lo pasaría buscando tan tarde, y de esa manera poder va a estar más tiempo juntos durante ese día, de todas maneras tampoco había demorado demasiado, lo importante era que tenía ahora suficiente dinero para pagar las deudas y solucionar algunos embrollos económicos, no era la solución para toda su vida pero por el momento podría darse un respiro ya que eso le ayudaría demasiado, justamente le había caído como anillo al dedo, realmente necesitaba mucho el dinero para poder estar más aliviada. Aunque... Deshacerse del brazalete le fue un poco difícil, en el fondo, ella no quería vender esa pulsera, incluso cuando se la había dado un desconocido, una persona a la que ella no le tenía cariño o admiración alguna, sin embargo la persona que se lo dio ese día parecía más cercana a ella de lo que hasta ahora había pensado, pero no tenía la respuesta ella no estaba segura de lo que realmente significaba ese desconocido en su vida, tal vez las cosas habrían sido distintas si su mamá estuviera viva y si en su momento dado le hubiera dicho sobre el brazalete, pero nunca le contó sobre el accesorio ahora tendría que quedarse con esa incertidumbre de no saber exactamente qué significaba en su vida o por qué ese hombre se lo había dado, realmente era algo que no sabía a ciencia cierta, pero ya el brazalete no era suyo lo había perdido por completo y no podía hacer nada para recuperarlo, incluso si había obtenido algo de dinero por él, ahora mismo tenía que ponerse cómo en su lugar para poder recuperarlo. Por fin después de caminar un poco más, había llegado a la casa de Rosa y después te buscará su hermano se fue directo a su hogar. Por otra parte, Maximiliano todavía seguía en su despacho mientras terminaba de hacer unos pendientes y también trataba de volver a recuperar la calma ya que había recibido demasiadas noticias sobre él y su visita a esa clínica. No podía creer lo que estaba leyendo eran tantas mentiras, inventos con tal de tener lectores. Uno de los artículos decía. «Se levantan las sospechas sobre la posible infertilidad del empresario Maximiliano Di Stephano, al ser captado ingresando a una clínica de fertilidad, por algún proceso de inseminación artificial, todo esto es a la conclusión que se llegue a luego de que haya sido visto el día de ayer, acompañado... Dejó de leer, estaban tocando la puerta. Otra vez. Otra vez Mariana, era ella. —Mariana, pasa, por favor —le dejó saber y la chica se adentró. Se dió cuenta de que su jefe estaba un poco afectado, lo más probable era que algo malo había pasado con la compañía y por eso tenía esa cara pero no estaba del todo segura tampoco era demasiado atrevida como para preguntarle al respecto. Al fin al cabo ella tenía que hacer su trabajo nada más allí no meterse en los asuntos que no le concernían. —Jefe, a llegado Luca Ferrari, al parecer quiere verlo y hablar un rato con usted, solo si es posible. Ha mencionado que no tiene ningún problema en retirarse hacia el hotel y ponerse en contacto con usted cuando tenga tiempo. —añadió. Luca, un amigo de su padre, Italiano también, había llegado y él pensó que llegaría después. No podía ignorarlo ahora. Incluso si tenía demasiado trabajo y no quería sino estar solo en su despacho, de todos modos lo iba a atender. —No, no hay problema. Dile que venga, estoy disponible un rato, avísale. ¿Hay algo más? Ella asintió. Él suspiró. De manera que la secretaria se retiró de la oficina para avisarle al italiano que podía pasar al despacho de su jefe, aunque solo fuera por algún tiempo ya que Maximiliano parecía estar más ocupado y no era para menos, esa semana había sido muy apretada en cuanto al trabajo y lo que no sabía obviamente la secretaría que a todo ese trabajo había que sumarle los escándalos que estaban surgiendo a su alrededor y que por ende lo afectaba un poco. En poco tiempo había entrado el italiano. Había ya pasado un tiempo desde que no lo veía. Así que era agradable volver a verlo. Se puso en pie y se le acercó para tender la mano, aunque el recién llegado terminó por darle un abrazo y un beso en cada mejilla, un saludo normal en Italia. —Max, cuánto tiempo ha pasado, espero que todo marche en orden con la compañía. La verdad es que al entrar me sorprendí bastante, hay muchos cambios aquí. Me gusta este despacho, más que antes. —Gracias, sí, hace poco hicieron la remodelación. Me alegra que estés aquí. —Todo bien, ¿y tu padre? —Está mejor, hace poco estaba enferma Pero ya casi está completamente bien. ¿Quieres hablar de algún tema en particular? —Sí, estoy interesado en trabajar junto a ti otra vez en algo muy importante que estoy haciendo, primero quiero que veas si te funciona y tomas tu decisión. —De acuerdo. Me parece perfecto, de seguro habrás traído alguna carpeta con lo que quieres que vea. —Exacto, traje lo necesario para ello. Sinceramente me vino a la cabeza tu nombre cuando estaba planeando todo esto, a verdad es que todo lo que hemos hecho juntos ha salido muy bien, no me cabe la menor duda de que pasará lo mismo con esto. La última vez que vine... Y por allí se fue la conversación entre los hombres. Hablado de sus negocios, de lo que estaba por venir. Fue un milagro que Maximiliano pudiera prestarle atención, a pesar de estar preocupado por ese asunto de la prensa. Aunque casi por un momento, perdía el hilo de la conversación.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR