07

1264 Palabras
—A veces pienso que tal vez la he visto y la recuerdo pero luego pienso en ese brazalete que ella tenía, quizás ahora sí lo lleve en su muñeca. Y si eso es así, entonces podré reconocerla si la miro alguna vez en la calle —llegó a la conclusión y su amigo se le quedó mirando, la verdad es que nunca lo había visto pensando tanto en un asunto, menos en uno que involucraba a una chica. —Hablas de una desconocida como si realmente fuera muy importante en tu vida, no lo comprendo aunque es posible que tú intriga sea por el hecho de que en ese momento se encontraba en un aprieto y te gustaría saber cómo está actualmente —expresó y el susodicho asintió con la cabeza, suspiró hondo. Su amigo tenía razón. —Sí, y físicamente ha de haber cambiado, es ya una mujer, supongo. Ella le mencionó ese día a Flor que no podía usar el brazalete porque su mamá no sabía que un desconocido se lo había dado y si le hablaba sobre ese accesorio a su madre se lo iba probablemente a quitar, pero creo que con el tiempo las cosas siempre se saben, al final puede que su madre quizás se enteró de que tenía eso y se lo dejó usar, siendo ya adulta no habría impedimento para que llevara el brazalete. —Vale, déjame decirte que has capturado mi atención con eso de la pulsera. Quizá has soñado con ella porque te la vas a encontrar. —¿Crees que es por eso? porque yo también. Él suspiró. —Supongo, nunca te había visto tan sumergido en un asunto cómo ese, eh —le expresó. —Yo nunca había hablado con nadie más sobre esto qué pasó con la joven, de hecho solo te lo estoy contando porque soñé con ella y su rostro no se va de mi mente. —A veces pasan cosas que ni siquiera se pueden explicar. Y, esto es algo que no tiene explicación alguna. ¿Ya has terminado de firmar los papeles? mira que hay que hacerle entrega al departamento —cambió de asunto y el aludido asintió. —Eso está listo, mañana tengo que pasar por la joyería para buscar el colgante de mi madre que ya está restaurada —le avisó —. Te lo digo para que en mi ausencia te encargues de cualquier cosa que se necesite, no me voy a tardar demasiado, eso intentaré... pero ya sabes cómo es la señora Flor. —Lo sé muy bien, cuando me dices que te ibas a tardar, te creo más, porque al final vuelves temprano. Ya sabes —le expresó con una sonrisa en el rostro y él sonrió también. —Me conoces muy bien, a trabajar. ... Al otro día, antes de buscar a Mario a casa de Rosa, la muchacha había decidido pasar un momento por esa joyería a la que fue años atrás, de camino a ese sitio, volvió a presentarse en su cabeza el rostro de ese hombre. Y también sintió cierta nostalgia, como si ella dentro de su mente atesoraba se momento de mentira un poco importante porque ella jamás sufrió diario que su muchacho hizo por ella. Probablemente la señora Flor ni siquiera la recordaba ya que había cambiado muchísimo físicamente. —Hola, ¿me podría ayudar con algo? —Hola, linda. Bienvenida, tu cara me parece algo familiar. O te podría estar confundiendo con otra persona, pero realmente parece que te he visto en otro lado o ya mi mente está un poco confundida —expresó sacudiendo la cabeza y ella sonrió. —Realmente no está confundida y le parezco familiar porque no es la primera vez que vengo a esta joyería, de hecho con lo que le voy a mostrar estoy segura de que podrá acordarse de mí. Ya lo verá —pronunció antes de sacar el brazalete y dejarlo frente a ella —. ¿Ahora me recuerda? —Dios mío, cuánto tiempo ha pasado. Por supuesto que ahora te recuerdo eres la jovencita que vino a vender el brazalete. Así que finalmente lo vas a vender. Yo creí que te había convencido de quedartelo, eh —apuntó y ella sonrió. —No quería hacer esto, pero realmente necesito el dinero, esa vez nunca lo vendí porque el joven que estaba aquí me ayudó, pero... —Vale, Maximiliano es un muchacho de buen corazón, todo un hombre ya. —¿Maximiliano? Así es su nombre, no lo recordaba, solo un poco su rostro, pero ya de haber cambiado un poco también —añadió. —Sí, más guapo que antes, eh —señaló divertida. Y ella se sonrojó un poco —. Hagamos algo, voy a exhibir el brazalete, azul hacer esto pero realmente la pieza está intacta y es muy hermosa. Te daré por el diez mil dólares, ¿te parece? Estoy dándote un poco más de lo costaría. —Sí, claro, es mucho dinero. Se lo agradezco, de verdad. Me duele un poco tener que hacer esto pero hay alguien en casa que me espera y depende de mí totalmente. —¿Hablas de tu mami? —No, hace varios años mi madre murió, desafortunadamente, me refiero a mi hermano Mario, ahora solo somos nosotros dos, pero es mejor que esté conmigo. Después de todo soy lo único que me queda. —Vale, te daré entonces el dinero en efectivo, espera un momento. —De acuerdo. A la mañana siguiente, ya el hombre estaba revisando el periódico, de llevó la desagradable sorpresa de ver un artículo sobre su visita a la clínica. Y las alarmas se encendieron, definitivamente no era una buena idea hacerlo. Maldijo furioso y soltó improperios mientras tiraba el papel con la mentira en primera plana sobre él. Félix ya sabía lo que estaba pasando y recogió el periódico quedando prendado a la primera página que hablaba sobre su amigo Maximiliano. —Te descuidas apenas un segundo y ya pasa esto. Solo respira hondo, porque es lo que quieren ellos, sabotear las vidas de los demás, sabes que nada de eso es cierto. Es lo importante después de todo, eh —señaló y él inspiró profundamente. Mucha, se necesitaba de mucha paciencia para no actuar con impulso ante una circunstancia así. La joven ya se encontraba de camino a su casa, cuando comenzó a pensar otra vez en el pasado y en todo lo que había vivido con su madre, la verdad es que mientras ella estuvo presente en su vida, la felicidad también, incluso cuando las cosas se ponen difíciles y todo parecía no tener una solución, pero su mamá era una persona fantástica y siempre le sacaba sonrisas. Habían demasiadas cosas en las que ya tenía que pensar pero su corazón podría estar un poco contento de que la tenía a ella. Años atrás. Valentina por fin había llegado del colegio después de haber estudiado más de lo acostumbrado, porque lamentablemente al llegar tarde a la primera clase, el profesor le pidió que saliera del salón y no podía presentar la prueba que todos estaban haciendo, pero al final del día se lo permitió, ahora se sentía un poco mal y sabía que tenía que darle una explicación a su mamá,.decirle por qué había llegado tarde ese día a casa, un asunto que sea salió de sus manos aunque pudo evitar si no se hubiera detenido esta mañana a comprar algo en la cafetería. Razón por la que luego llegó tarde a la secundaria. Así era como todo pasó.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR