Michael se acercó con paso firme, pero en su mirada había una vulnerabilidad que no podía ocultar. Se detuvo frente a ella, quien lo observaba con una mezcla de curiosidad y precaución a la vez. —¿Puedo sentarme? —preguntó, su voz grave resonando a pesar de que estaban en el parque. Ella asintió, aunque no sin cierta reticencia. Michael se acomodó en una punta del banco su postura tensa pero decidida. Kate, que había estado observando desde una corta distancia, intercambió una mirada con Alma. Esta asintió ligeramente, dándole el permiso no verbal que necesitaba. Con un gesto suave, Kate tomó a su cachorro en brazos y se despidió. —Voy a dar un paseo con él —anunció, alejándose de allí y dejando a los dos a solas. El silencio que quedó entre ellos fue pesado, lleno de palabras no pronu

