Thomas observó a Xavier en silencio por un instante, como si intentara descifrarlo pieza por pieza. Su expresión se endureció, su mandíbula se tensó ligeramente antes de que hablara con su voz grave y controlada. —¿Por qué nosotros? —preguntó con seriedad—. ¿Por qué apareciste aquí, en mi casa? Xavier apartó la mirada, su expresión tornándose hosca. No quería responder a esa pregunta, no quería admitir lo que apenas él mismo entendía. Thomas notó su reticencia y dejó escapar un bufido exasperado. —No puedes fingir que no tienes poderes, chico —insistió—. Si te teletransportaste hasta aquí, es obvio que los tienes. Xavier apretó los labios y sintió un calor incómodo subirle al rostro. No quería hablar de ello, no con Thomas. No con alguien que lo miraba como si tratara de diseccionarlo.

