CAPÍTULO 3.

2093 Palabras
DICIEMBRE. Hal. Solté un suspiro mientras observaba a Roben y Oliver hablando frente a mí y era más que obvio que mi cara decía más de lo que en realidad mi mente estaba procesando. Aún no entendía cuál era la finalidad de esta reunión o más bien discusión ya que por como Oliver se exhaltaba al hablar todo me informaba que era una discusión. ─¿Qué se supone que vamos a preguntarle a él Roben? ─soltó Oliver. ─Ha estado un mes sin salir de este agujero, los reporteros piensan que esta de viaje o que se yo. ─Ten un poco de companion con el Oliver ─habló Roben. ─Perder a su novia no ha sido fácil. ─Que llegué el campeonato y no se presente en Las Vegas tampoco será fácil ─soltó Oliver. Dirigí mi mirada a la encimera de la cocina en donde reposaba una botella de vodka y según mi subconsciente me levanté fui hasta ella y tomé un largo suspiro trago, pero lo cierto era que ni siquiera mis piernas obedecían a lo que mi cerebro estaba pensando. ─Hal... ─la voz de Roben se hizo presente a mi lado. ─Sé que lo que estás pasando no es nada bueno, pero necesitas hablar con la prensa y dejar en claro lo que realmente quieres para ti y tu futuro. Giré un poco mi rostro de modo que esta vez pude observar sus ojos cafés y su cabello oscuro a mi lado. ─¿Qué se supone que tengo que decir? ─pregunté. ─Por fin ha hablado ─exclamó Oliver caminando hasta a mí. ─Hal, tienes que decir que en dos meses estarás en Las Vegas, tenemos que conseguir el avión que te llevará y... ─No quiero ir ─contesté. ─No quiero salir de aquí, no quiero hacer nada. ─Hey, hey... ─Oliver me tomó de una de mis manos logrando así que mis ojos dieran a los suyos. ─Ella esta bien y... Solté una risa amarga que más bien sonó como si estuviera tratando de no romper a llorar. ─¿Crees que esta bien? ─pregunté antes de soltarme de un manotazo y levantarme del sofá. ─Ella se encuentra en una jodida cama de hospital con ciento de artefactos que la mantienen con vida. ─Tú mismo lo has dicho ella se mantiene en una cama de hospital ─replicó. ─No en un cementerio Hal. ─Da lo mismo, no abre sus ojos, no respira por si sola, ella... ─solté un suspiro y pasé ambas manos por mi cabeza tratando de tranquilizarme. ─Ella está muerta en vida. ─No digas eso Hal ─esta vez habló Roben acercándose a mí, pero di un paso atrás antes de apoyar mi espalda en una de las paredes de mi departamento. ─Lleva un mes, un maldito mes sin abrir sus ojos ─solté. ─¿Díganme como tengo que sentirme cuando tuvo el jodido accidente frente a mí? Ambos se miraron entre ellos, pero ninguno decidió hablar y era más que obvio que tenía razón. Siempre la tenía y la culpa me estaba carcomiendo todas las noches al no tener noticias de ella. ─Creo que será mejor que lo dejemos a solas y en cuanto se encuentre mejor hablemos con él Oliver ─soltó Roben. ─¿Cuánto tiempo tenemos que esperarte Hal? ─preguntó Oliver. ─En dos meses empieza el campeonato, tú sueño y ahora vas a renunciar así como así. Mi respiración empezó a tornarse más rápida, apreté mis puños para no cometer una locura y terminar por romperle la cara a Oliver gracias a sus palabras, pero él continuó una y otra vez así que solté un golpe en la pared junto con un grito de frustración para dejar pasar la ira. ─¿Ibas a golpearme? ─la voz de Oliver se hizo más fuerte. Ambos nos observamos y él empezó a caminar hasta a mí para tomarme del cuello de mi sudadera de modo que estrelló mi cuerpo contra la pared y Roben tuvo que meterse. ─Tranquilo, déjalo Oliver ─soltó Roben. ─¡Pégame! ─grité frente a él. ─¡Vamos pégame! Oliver me soltó y Roben lo alejó de mí de modo que sin tener idea de las cosas que estaba haciendo golpeé mi rostro y luego caminé hasta la encimera de la cocina para tomar la botella de vodka y estrellarla contra la pared. ─¡Larguénse! ─grité. ─¡Déjenme solo! Ambos empezaron a caminar hacia la puerta principal y salieron de esta. Caminé de un lado a otro en la habitación y luego me dejé caer en el suelo, llevé mis rodillas a mi pecho y pegué mi espalda a la pared y en ese momento sentí como las lágrimas rodaban por mis mejillas. Hoy se cumplía un mes desde el accidente de Simone, un mes en donde lo único que los doctores nos dejaron en claro fue que su cerebro estaba perdido y que gracias a eso entró en estado de coma. Un mes en donde me partía el corazón observar su cuerpo tras una ventanilla con aparatos, su piel pálida y golpeada y sin poder ver esa sonrisa junto a esos ojos verdes sobre mí. Todos nos encontrábamos pensando lo peor y eso era que en cualquier momento ella dejará de lado las máquinas a su alrededor y se despidiera de nosotros y aunque me costaba pensar en eso cada día se hacia presente ese miedo constante en donde recibiera aquella llamada informándome de que la había perdido para siempre. Llevé mis manos a mi cabello y las mantuve en esa posición mientras las lágrimas continuaban. No quería perderla, teníamos demasiado por vivir juntos, ella y yo tuvimos un pequeño tiempo en donde las cosas no eran como creíamos y gracias a eso empezamos a conocernos mejor, hablar sobre el otro, descubrir que en realidad nos gustaba, pero esas cosas estaban quedando en el pasado porque ya estaba empezando a olvidarlas y no quería hacerlo. El sonido de mi teléfono se hizo presente e inmediatamente me levanté del suelo para ir hasta él pensando que sería Pía o incluso la madre de Simone, pero se trataba de Ashley así que no tuve de otra que contestar ya que mis amigos también la estaban pasando mal al verme mal a mí. ─¿Bueno? ─contesté. ─Hal... hemos decidido comprar un boleto de avión hasta Reino Unido ─pude escuchar la voz de Sebas al fondo al igual que la de Aarón, pero solo me concentre en escuchar a Ashley. ─No queremos que estés solo y... Roben nos ha llamado para decirnos que no estas nada bien. ─Él no sabe nada ─solté. ─¿Y qué se supone que van a hacer aquí? ¿A hacer de niñera? Escuché la voz de Sebas hacerse más presente y luego ya estaba en el teléfono. ─No seas imbécil Hal, estamos preocupados por ti, sabemos que esto es algo que nadie esperaba, pero no tienes que lanzarte al risco solo por algo como eso ─soltó. ─Tú tienes una vida, tienes familia, amigos y... ─Ella es mi familia ─declaré. ─Ella se convirtió en mi familia al tocar a mi puerta y no pienso dejarla sola. ─Hal, ella no está sola. Tomé asiento en el sofá y coloqué el altavoz del teléfono para escuchar a Sebas mientras hablaba de más de cuatro cosas, pero todo era más que difícil ya que al escuchar las cosas que decía mis lágrimas no dejaban de aparecer. ─Para mañana a la noche estaremos ahí para ti Hal ─continuó Sebas. ─Cuídate hermano y cometas una locura. Colgué la llamada y estrellé el teléfono contra la pared y al procesar lo que acababa de hacer no tuve de otra más que correr hasta el teléfono que se encontraba en el suelo hecho pedazos. ─¡Mierda! ─grité. Inmediatamente tomé las llaves de mi auto junto a mi billetera y salí del departamento para ir hasta una tienda cercana y comprar un nuevo teléfono ya que sin él no podía comunicarme con Pía para saber los mejorías de Simone. En cuanto estuve en los estacionamientos algunas personas se mantuvieron observándome y no era para menos ya que era una figura pública, pero estaba algo perdido y alejado de la sociedad. Me dediqué en conducir lo más rápido que podía en las calles de Reino Unido hasta llegar a una tienda electrónica que estaba por cerrar. Corrí hasta la puerta y el hombre que estaba colocando el cartel de cerrado se mantuvo observándome unos minutos. La nieve caía sobre mí cabello y el frío se estaba haciendo presente ya que no llevaba un abrigo conmigo y gracias a que estábamos en época de navidad el clíma era más frío. ─Hola, hola... ─me aclaré la garganta. ─Solo vengo por un teléfono nuevo. El hombre abrió la puerta y entré lo más rápido que pude antes de que cambiará de opinión. ─Soy el único que se encuentra en la tienda, ya te atiendo ─indicó el hombre y asentí. Caminé hasta la sección de los teléfonos y tomé un Iphone para regresar a la caja. Observé algunas de las decoraciones de navidad sobre la encimera y luego el hombre se colocó detrás de la caja para pasar mi teléfono por el cintillo de seguridad. ─Trecientos quince con ochenta y seis ─indicó. Llevé mis manos a mi bolsillo trasero y saqué mi billetera para tenderle mi tarjeta de crédito. Él hombre me tendió mi teléfono en una bolsita así que le di las gracias y me dediqué en caminar hasta la puerta, pero antes de abrirla su voz me hizo girarme hacia él. ─¿Eres Hal Dyer cierto? ─preguntó. ─Sí. ─¿Puedo tomarme una foto contigo? Me debatí unos minutos entre si hacerlo o no ya que ahora mismo no me encontraba del todo bien para estar en figura pública, pero dado a que el hombre me atendió aún cuando estaba por cerrar el local solo asentí acercándome a él. ─Mi esposa se va a morir ─dijo con una sonrisa. El hombre colocó su cámara frontal y tomó la fotografía mientras que yo solo me mantuve serio en la imagen. ─Muchas gracias hombre, suerte en Las Vegas ─indicó y asentí. En cuanto salí del local el viento golpeó mi rostro incluyendo algunos copos de nieve. Me dediqué en caminar hacia una cafetería cercana para comprar un café ya que tenía días sin tomar uno e incluso sin salir del departamento. Al entrar a la cafetería como lo supuse todas las miradas cayeron en mí desde unas chicas hasta unos chicos así que decidí volver a mi departamento para no volverme loco con más de veinte ojos sobre mí, pero en cuanto me di la vuelta para salir de la cafetería choqué con alguien ocasionando que sus bolsas del supermercado cayeran al suelo. ─Mierda, lo siento ─dije antes de agacharme y recoger algunas bolsas. La persona se encontraba con la capucha de una sudadera sobre su cabeza de modo que no pude observar su rostro hasta que ambos nos levantamos del suelo y al ver sus ojos cafés sobre los míos y ese familiar rostro pude sentir como empezó a hacerse una fuerte presión en mi pecho. ─¿Hal? ─la voz de la chica se hizo presente y entonces supe que era real, que ella estaba frente a mí. ─¿Jamie? ─Wow, no... no espera verte aquí luego de años ─agregó. Jamie era esa chica que me dejó en agonía, aquella ex novia que entró muy dentro de mí corazón y fue difícil sacarla ya que estuve años tratando de pasar página hasta que llegó Simone. ─Lo... lo mismo digo ─susurré. Ella me quitó la bolsa de las manos y me mostró una sonrisa antes de asentir. ─Un placer volver a verte ─dijo antes de pasar a mi lado y continuar con su camino junto a sus cuatro bolsas de compras. Pude apreciar como la nieve se pegaba a su capucha y como estaba tratando de no dejar caer las bolsas ya que estaban algo pesadas. ─Jamie ─la llamé ocasionando que volteará a mí. ─Tengo auto, puedo llevarte a tu casa. ─No, no te preocupes estoy bien ─respondió. ─No vivo lejos de aquí y... Empecé a caminar hasta ella, tomé dos de sus bolsas y me giré para señalarle mi auto estacionado a casi tres metros de nosotros. ─Está nevando, las bolsas son pesadas y son más de las nueve ─solté. ─El gran Hal Dyer, el chico que no se rinde jamás ─mostró con una sonrisa antes de empezar a caminar hasta a mi auto así que me dispuse en seguirla.
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