Capítulo 12: El Acto Final de la Condesa La Casa Blanca no era un lugar; era un santuario del poder. Y el East Room, donde se celebraba la cena benéfica de los Sterling, era su altar. A diferencia del frío mármol del pent-house, este lugar estaba envuelto en un lujo histórico, cálido y opresivo a la vez. Cada mirada, cada sonrisa de los políticos, CEOs y diplomáticos, era una puñalada silenciosa. Yo estaba allí, en el centro de ese escenario, vestida con un diseño exclusivo de seda color esmeralda que Maximillian había elegido con la precisión de un domador que viste a su leona antes de presentarla. El diamante que Max había puesto en mi mano como señal de nuestra "alianza" brillaba bajo los candelabros, una burla brillante a mi cautiverio. Había ensayado mi papel: la prometida obediente

