El viaje en el auto es más ameno ya que, ninguno habla, Gabriel se centra en su celular y recibe llamadas del exterior, Sertan igual y Aslan… él realmente es de pocas palabras y dudo que use una de esas palabras para sacarme conversación durante el trayecto. No puedo creer que me obligaran a colocarme la tanga o no me iban a dejar salir de la habitación. Ellos se creen muy maduros, pero últimamente, ha sido la excepción, además de la extraña manera de actuar de ambos. Dejo salir un suspiro, cruzándome de brazos, esperando que esta noche termine medianamente bien. Bajo del auto con ayuda del personal y les doy una sonrisa en agradecimiento. Soy escoltada por los hombres de la familia, puedo sentir sus ojos clavados en mi nuca, en cada paso que doy. En la entrada nos recibe una de la

